60 años del Alfa Romeo Spider Duetto: el coche al que le robaron el nombre y se lo quedó de todas formas

60 años del Alfa Romeo Spider Duetto: el coche al que le robaron el nombre y se lo quedó de todas formas

De un concurso público con 140.000 propuestas a una galleta de chocolate: la increíble historia del 'Duetto' y el último legado de Battista Pininfarina


Tiempo de lectura: 3 min.

El 10 de marzo de 1966, en el Salón de Ginebra, Alfa Romeo presentó un roadster que Battista Pininfarina no vería nunca en la calle. El maestro carrocero murió pocas semanas después de la presentación oficial, convirtiendo aquel Spider 1.600 en su último legado personal —y en uno de los diseños más reconocibles de la historia del automóvil—. Sesenta años después, el Osso di Seppia sigue siendo el punto de referencia cuando alguien quiere definir qué aspecto debería tener un descapotable italiano.

El nombre que no pudo ser

La historia del nombre merece contarse porque es perfecta. Alfa Romeo organizó un concurso público —”Spider 1.600: dale un nombre, se hará famoso”— al que llegaron más de 140.000 propuestas de toda Europa. El jurado, presidido por el poeta Leonardo Sinisgalli, eligió Duetto: dos en armonía, la idea del placer compartido entre conductor y máquina. El ganador, un tal Guidobaldo Trionfi, recibió su Spider blanco de manos del presidente de la compañía en junio de 1966.

La alegría duró poco. Una empresa italiana de confitería reclamó los derechos sobre el nombre —existía una galleta de chocolate que se llamaba igual— y los tribunales les dieron la razón. Para más inri, Volvo comercializaba un familiar llamado Duett. El nombre desapareció oficialmente a principios de 1967, cuando apenas se habían vendido unos cientos de unidades. Pero el daño ya estaba hecho: el público lo llamaba Duetto, lo seguiría llamando Duetto y lo llama Duetto todavía hoy. Algunas cosas no necesitan permiso legal para quedarse.

Alfa Romeo Spider Duetto (2)

La coda y el cine

Estructuralmente, el diseño del Duetto partía de la plataforma del Giulia con una batalla reducida a 2,25 metros. El motor era el cuatro cilindros bialbero de 1,6 litros y 109 CV, con bloque y culata de aluminio, heredado directamente de las actividades de competición de la marca. Alcanzaba una velocidad máxima de 185 kilómetros por hora con un peso inferior a los 1.000 kilogramos. El rasgo más característico era esa zaga redondeada en forma de elipse —el “hueso de sepia”— que la mitad de la prensa especializada encontró demasiado radical y la otra mitad, sencillamente perfecta.

La consagración definitiva llegó en 1967 de la mano de un director y un actor que convirtieron el coche en símbolo generacional. Mike Nichols eligió un Spider rojo para El Graduado, y Dustin Hoffman lo condujo por el puente Golden Gate al son de Simon & Garfunkel. Esa escena vale más que cualquier campaña de marketing: el Duetto dejó de ser un descapotable italiano para convertirse en la imagen física de la libertad joven de los años 60. Steve McQueen lo probó ese mismo año por invitación de Sports Illustrated y lo describió como un coche “muy fácil de conducir, y además muy bonito”. McQueen no era precisamente fácil de impresionar.

Veintiocho años y cuatro generaciones

El Spider sobrevivió a su propio diseño original. En 1969 la cola de osso di seppia fue sustituida por una zaga más convencional —la llamada coda tronca—, que muchos alfistas nunca terminaron de aceptar pero que alargó la vida comercial del modelo. A lo largo de cuatro generaciones y casi tres décadas de producción —de 1966 a 1993— se fabricaron más de 124.000 unidades, convirtiendo al Spider en el modelo Alfa Romeo de producción más larga de la historia. Los motores fueron creciendo: del 1.3 al 1.6, del 1.8 al 2.0, adaptándose a normativas y mercados sin perder nunca la columna vertebral del diseño original.

Hoy, un Duetto de primera generación con la cola en osso di seppia en buen estado no se encuentra por menos de 40.000 euros, y los ejemplares más cuidados superan holgadamente esa cifra. Sesenta años después del Salón de Ginebra, sigue siendo exactamente lo que Pininfarina quiso que fuera: un coche al que no hace falta mirarle la matrícula para saber que su belleza no tiene edad.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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