Martin Sander, el responsable de ventas de Volkswagen Turismos, ha dicho por fin en una entrevista con Autogazette que “Se ha terminado la etapa en la que un coche eléctrico tenía que diferenciarse visualmente de uno convencional”. Vamos, que la gama ID. fue un error de planteamiento como la Cocacola Cristal de los 80 y en Wolfsburg lo saben. Los futuros eléctricos de la marca recuperarán nombres como Polo, llevarán diseños que parezcan Volkswagen de verdad y entrarán en el mercado cerca de los 25.000 euros. Desde aquí lo llevamos diciendo desde que se supo que el sucesor del Polo sería eléctrico, porque el coche debería llamarse Polo y punto, no ID. con un número que nadie recuerda.
Sander habla también de fabricar el ID. Polo y el ID. Cross en España, de la importancia de que los nombres icónicos generen confianza y de una convivencia pragmática entre combustión, híbridos y eléctricos. Todo muy razonable, aunque llega varios años tarde.
El ID.3 tendría que haberse llamado Golf
Volkswagen decidió a finales de la década pasada que el salto al eléctrico necesitaba una estética nueva, nombres nuevos y una identidad completamente separada de la gama de combustión. El ID.3 iba a ser el nuevo Golf eléctrico, pero en lugar de llamarse Golf eléctrico se llamó ID.3, llevaba un diseño blando que no se parecía a ningún Volkswagen anterior y tenía un interior lleno de superficies táctiles que volvían loco a cualquiera que intentara subir la calefacción conduciendo. Total que la gente miraba el coche, no lo reconocía como un Volkswagen y se iba a por un Golf de combustión porque al menos sabía lo que compraba.
Sander reconoce ahora que un Volkswagen debe parecer un Volkswagen independientemente de lo que lleve debajo. Bien. Los números de 2025 le dan la razón además, porque las ventas de eléctricos de la marca crecieron un 49 % en Europa y un 61 % en Alemania cuando la gama empezó a cuajar. La demanda existe, pero necesita productos que la gente entienda sin esfuerzo.
El problema es el tiempo perdido porque Volkswagen presentó la plataforma MEB con una ventaja considerable sobre la competencia china, y la desperdició con puro marketing barato diseñando coches con nombres raros y estéticas de concepto mientras BYD y compañía preparaban modelos competentes por debajo de los 25.000 euros. El ID. Polo y el ID. Cross no desplegarán todo su potencial hasta 2027 según el propio Sander, así que la ventana se ha estrechado mucho.
Sander pide además flexibilidad regulatoria y rechaza la idea de impulsar el eléctrico vetando la combustión, algo que compartimos desde eR porque la transición funciona cuando el producto es bueno, no cuando obligan al cliente a punta de pistola y con palabras bonitas. El directivo identifica tres condiciones para que la electrificación despegue: modelos adecuados, precios accesibles e infraestructura de recarga fiable. Son obvias las tres, pero que alguien con su cargo las diga en público demuestra que Volkswagen ha dejado de creerse sus propios comunicados de prensa.
El Polo eléctrico debería llamarse Polo a secas
Sander insinúa que los nombres icónicos volverán, aunque no confirma que el ID. Polo vaya a llamarse simplemente Polo. Si lo hacen será la mejor decisión comercial que tome Volkswagen en años, porque la gente asocia el nombre Polo a un coche pequeño, práctico y asequible, que es exactamente lo que necesita ser un eléctrico de 25.000 euros. Ponerle ID. Polo es quedarse a medio camino entre la ruptura que ya no quieren y la normalidad que dicen buscar, pero se acepta siempre que ese ID. quede para denominar a la versión eléctrica.
La estrategia que plantea Volkswagen ahora es la correcta. Coches eléctricos con aspecto de coches normales, nombres que la gente conoce, precios que la gente puede pagar y convivencia entre tecnologías mientras la transición se asienta. Eso sí, esta estrategia habría funcionado mucho mejor en 2020, cuando Volkswagen tenía el campo casi para ella sola en el segmento eléctrico asequible. En 2026 el campo está lleno de competidores chinos que no han necesitado seis años para entender que un coche eléctrico barato tiene que parecer un coche normal y costar como un coche normal.
Volkswagen va por el buen camino, pero va tarde y con la competencia china pisándole los talones. El Polo eléctrico fabricado en España a 25.000 euros puede ser un éxito enorme si llega a tiempo, con el nombre correcto y con un diseño que la gente reconozca al verlo aparcado en la calle. Si llega tarde, con un nombre raro y con esa estética ID. de platillo volante, Volkswagen habrá repetido el mismo error una vez más, aunque esta vez ya sin la excusa de que no lo veía venir.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS