El chasis 10550 es el primer Aston Martin que llevó el frontal con faros simples y la parrilla integrada que definió al AM V8 durante casi dos décadas, y salió a subasta en Aguttes el pasado 16 de marzo pintado en Bahama Yellow, el mismo amarillo que lucía el DBS de Roger Moore en “Los Persuasores”. Es un coche que conecta la era de David Brown con lo que vino después, y que lo hace con un V8 de 5,3 litros de aluminio alimentado por cuatro carburadores Weber escondidos en la uve del motor bajo un filtro de aire enorme. Un muscle car británico de pura cepa, de los que ya no se fabrican y que probablemente no se volverán a fabricar mientras el mundo se empeñe en que lo bonito son los electrodomésticos con ruedas… a no ser que hablemos de este restomod del Aston Martin DBS de Ringbrothers.
La historia del AM V8 empieza con un cambio de dueño y una crisis de identidad cuando David Brown vendió Aston Martin Lagonda en febrero de 1972 a Company Developments, un grupo de inversión bancaria, y con él se fue el prefijo “DB” que había bautizado a los modelos más icónicos de la marca desde el DB2 de 1950. Los nuevos propietarios necesitaban diferenciarse del legado de Brown sin romper con él, así que encargaron a William Towns (el diseñador del DBS) un rediseño del morro que le diera al coche una personalidad propia pero que mantuviera la conexión visual con la familia de los DB, y el resultado fue el prototipo que acaba de pasar por subasta.
De seis cilindros a ocho, por necesidad
Aston Martin llevaba desde 1958 exprimiendo el seis cilindros en línea diseñado por Tadek Marek, que había dado lo mejor de sí en el DBS con cuatro litros y más de 280 CV. Pero el DBS era un coche más grande y más pesado que los DB anteriores que estaba pensado para competir en el terreno del gran turismo de lujo, y el seis cilindros no daba más de sí sin comprometer la fiabilidad. Aston se planteó saltar directamente al V12, pero la opción era demasiado cara y compleja para una empresa que nunca fue precisamente rica, así que Marek diseñó un V8 de 5,3 litros enteramente en aluminio que entregaba entre 280 y 300 CV según la versión y el estado de afinación de los carburadores.
El primer coche en estrenarlo fue el DBS V8 en 1969, que es probablemente el Aston más conocido por el gran público gracias a la serie “Los Persuasores”, donde Roger Moore lo conducía como Lord Brett Sinclair con una mezcla de elegancia y descaro que definió la imagen de la marca para toda una generación. El DBS V8 llevaba un morro con doble faro a cada lado que le daba un aspecto agresivo y moderno para la época, pero que también lo alejaba visualmente de los DB clásicos que habían construido la reputación de Aston Martin.
El V8 de Marek resultó ser un motor extraordinario y uno de los más longevos de la industria británica. El bloque de aluminio lo hacía ligero para su cilindrada, el par llegaba bajo y con fuerza, y la arquitectura permitía un mantenimiento relativamente sencillo para un motor de altas prestaciones. Aston Martin lo mantuvo en producción con distintas evoluciones hasta bien entrada la década de los 90, lo que dice mucho de lo acertado del diseño original. Las primeras versiones usaban inyección mecánica Bosch, pero el sistema resultó demasiado pesado, demasiado complejo y demasiado difícil de homologar bajo las normas de emisiones americanas, así que Aston acabó volviendo a los cuatro carburadores Weber 42 DCNF que se convirtieron en el estándar del AM V8 a partir de agosto de 1973. El chasis 10550 ya lleva esa configuración, como delatan la toma de aire sobredimensionada y el abultamiento del capó.
Cuando Company Developments compró Aston Martin en 1972, la gama se reorganizó en dos modelos: un seis cilindros llamado Vantage (un nombre algo confuso, porque Vantage había sido hasta entonces una denominación de potencia, no de modelo) y el nuevo Aston Martin V8, que mantendría ese nombre hasta 1990. Dieciocho años con la misma denominación es una barbaridad para cualquier fabricante, y dice mucho de lo acertado que fue el planteamiento original del coche.
El frontal más radical en muchos años
William Towns tenía un problema y una oportunidad, porque el DBS V8 era un coche bonito pero su cara de doble faro no encajaba con la identidad que los nuevos propietarios querían para la marca, así que diseñó una nueva cara con faros simples de cuarzo halógeno y una parrilla integrada que recuperaba el espíritu de los DB clásicos sin copiarlos. El cambio era sutil pero transformador: el coche pasaba de parecer un competidor del Jensen Interceptor a parecer un Aston Martin de pura cepa, con esa elegancia contenida que la marca siempre ha manejado mejor que nadie. Muchos lo recordaréis por la película “Alta tensión” del James Bond de Timothy Dalton o por Johnny English.
El chasis 10550 fue el primer coche en llevar ese nuevo diseño, y Aston lo usó como banco de pruebas durante tres años antes de venderlo. Se matriculó en junio de 1972 y la fábrica lo mantuvo hasta abril de 1975, lo que da una idea del valor que le daban como herramienta de desarrollo. Los ingenieros de Newport Pagnell probaron con este coche las modificaciones aerodinámicas, el nuevo depósito de combustible (que añadía 48 litros al maletero al cambiar la posición de la rueda de repuesto de vertical a horizontal) y los ajustes de interior que incluían un volante de cuero nuevo y una consola central rediseñada.
El coche pasó después por las manos de un tal Mr. Walsh, luego por la familia Foster (que lo tuvo hasta los años 90), llegó a Portugal en 2008 y se restauró completamente en 2017. El propietario actual lo compró poco después de la restauración y lo matriculó en Francia. Ahora es un coche con volante a la izquierda (convertido en algún momento de su vida), cambio manual ZF de cinco velocidades y un estado que la casa de subastas describía como casi impecable.
El Bahama Yellow le sienta espectacularmente bien. Es un color que habría sido una locura en cualquier otro coche británico de los 70, pero en un Aston Martin con esas proporciones (capó largo, cabina retrasada, trasera musculosa) funciona porque el coche tiene la presencia suficiente para sostenerlo. La conexión con el DBS de Roger Moore no es casual porque ese amarillo es parte del ADN visual de Aston Martin en los 70, y que el coche que redefinió la cara de la marca lo lleve puesto cierra un círculo narrativo precioso.
Un Aston para conducirse, no para guardarse escondido de las miradas
El AM V8 nunca fue un coche de coleccionista en el sentido estricto, porque Aston Martin fabricó varias miles de unidades entre 1972 y 1990, con variantes que iban desde el V8 estándar hasta el Vantage de más de 400 CV, pasando por el Volante descapotable y las ediciones especiales de Zagato. No es un coche raro en términos absolutos, pero este ejemplar sí lo es por ser el primero en llevar el diseño que definió al modelo durante dos décadas y porque la fábrica lo conservó como coche de desarrollo durante sus primeros tres años de vida.
El V8 de aluminio con cuatro Weber es un motor que pide carretera larga y ritmo alto. El cambio manual ZF añade una conexión mecánica con el coche que las versiones con automático Chrysler TorqueFlite no pueden replicar, y la restauración de 2017 debería tener el motor y la transmisión en un estado que permita disfrutar del coche sin preocupaciones mecánicas inmediatas. Aston Martin siempre ha hecho coches para cruzar continentes a paso de gran turismo, y el AM V8 es el ejemplo más puro de esa filosofía antes de que la electrónica y la aerodinámica activa complicaran las cosas.
El precio de remate era difícil de predecir porque no hay muchos precedentes directos. Los AM V8 de serie en buen estado se mueven entre los 80.000 y los 150.000 euros dependiendo del año, la configuración y el estado, pero una unidad de preproducción con esta historia y este nivel de restauración jugaba en otra liga. El valor no está solo en el coche sino en lo que representa, que es el momento exacto en que Aston Martin dejó de ser la marca de David Brown y empezó a construir su propia identidad postventa, y la cara con la que lo hizo nació en este chasis concreto.
La subasta se celebró el 16 de marzo en Aguttes. Si quien se lo haya llevado lo guarda en un garaje climatizado sin sacarlo nunca, será una pena, porque este coche se diseñó para rodar y tiene todo lo necesario para seguir haciéndolo. Un V8 atmosférico de aluminio, cambio manual, volante a la izquierda para Europa continental, un amarillo que se ve desde el siguiente pueblo y la historia de haber sido el primero en llevar la cara que definió a Aston Martin durante casi veinte años. No hay muchos coches en el mundo que puedan contar algo así, y este lo cuenta en Bahama Yellow digno de una edición de aniversario.

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Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.