El Alfa Romeo Giulia TI fue, sin lugar a dudas, uno de los primeros sedanes con aspiraciones deportivas del mundo. O más que aspiraciones, auténticas prestaciones de coche deportivo, pues el Giulia TI era tan veloz como un Porsche 356 Super 90, y eso, en la década de los sesenta, eran más que palabras. También fue un coche con el que Alfa Romeo apostó por innovar en algunos apartados, como el de la aerodinámica.
Hace ya muchos años, cada tipo de coche tenía una función muy concreta, no como ahora, que cualquier coche puede hacer cualquier cosa. Antes, un cupé era un deportivo y no buscaba otra cosa que las prestaciones y, según la marca, también el lujo. Así, un sedán era un automóvil con talante familiar y, como en el cupé, añadía características según la marca, tales como lujo y representación. Había excepciones, claro; coches como el Maserati Quattroporte mezclaban la deportividad con las necesidades de un coche familiar y el lujo de un coche de representación.
Popularizando las altas prestaciones
Por lo general, eran coches caros, alejados del común de los mortales, hasta que un día, Alfa Romeo decidió que ya era hora de popularizar el concepto de sedán de altas prestaciones a comienzos de los años sesenta y puso en circulación el Giulia, un sedán con prestaciones suficientes para plantar cara a unos cuantos deportivos de su época. De hecho, Alfa se adelantó a Maserati un año, pues lanzó al mercado el Alfa Romeo Giulia en 1962, mientras que su compatriota hizo lo propio con el Quattroporte en 1963.
En 1962, Alfa Romeo lanzó un coche que no solo sustituía al exitoso Giulietta, sino que definía un segmento que hoy damos por sentado: la berlina deportiva compacta. Desde su versión de acceso, el Giulia TI -Turismo Internazionale- esa deportividad estaba muy presente. Pero no solo apostaba por la potencia; mientras que otras marcas hacían coches que parecían cajas de zapatos con ruedas, el Giulia TI presumía de un coeficiente aerodinámico de 0,34, una cifra que incluso hoy, décadas después, pondría en aprietos a más de un modelo moderno diseñado con túneles de viento de última generación.
Como buen Alfa, el Giulia presumía de diseño que, para colmo, se salía de los cánones y contaba con un trabajo en túnel de viento para mejorar su eficiencia aerodinámica
Cuatro cilindros Twin Cam: El corazón del “Biscione”
Lo que hacía especial a esta berlina de cuatro puertas no era solo su diseño de “coda tronca”, sino lo que escondía bajo el capó delantero. El motor de 1.570 centímetros cúbicos era un prodigio técnico para la época: bloque y culata de aluminio, doble árbol de levas en cabeza y una entrega de potencia de 92 CV a 6.000 revoluciones -106 CV SAE a 6.200 revoluciones- y 14,8 mkg a 4.000 revoluciones. Para un coche que apenas pesaba 1.000 kilos, estas cifras eran sinónimo de diversión pura.
En la prueba original de la época de Auto Motor und Sport, los probadores se quedaban asombrados por su capacidad para subir de vueltas. El Giulia TI fue capaz de alcanzar una velocidad máxima de 175 km/h, una barbaridad para una berlina familiar de principios de los sesenta. Además, podía completar los 400 metros desde parado en 18,9 segundos, se ponía a 140 km/h en 30,5 segundos y el 80 a 120 km/h, en quinta, lo podía completar en 16,9 segundos.
Pero lo que realmente enamoraba era su caja de cambios manual de cinco velocidades -algo casi exótico entonces- con la palanca situada en la columna de dirección en las primeras unidades, aunque pronto pasaría al túnel central en 1964 para alegría de todos, pues la marca había recibido críticas por la colocación del cambio original.
Comportamiento: equilibrio entre familia y circuito
A diferencia de sus rivales contemporáneos, el Alfa Romeo no se descomponía cuando llegaban las curvas. Gracias a una suspensión delantera de doble horquilla y un eje trasero muy bien guiado, el Giulia TI ofrecía un aplomo envidiable. Eso sí, los frenos de tambor de las primeras series eran el punto donde el conductor tenía que demostrar su pericia, aunque pronto llegarían los discos para domesticar tanto ímpetu.
Era un coche con una dualidad fascinante: podías llevar a los niños al colegio durante la semana y, el domingo, quitarte la corbata para disfrutar en una carretera de montaña escuchando el ronquido metálico de su motor Twin Cam. Un sonido que nacía directamente de la mecánica y los carburadores y que tantos fanáticos añoran a día de hoy.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS