El sector del restomod vive un momento curioso porque mientras unos meten pantallas táctiles a un 911 clásico, otros le pegan motores eléctricos a un E-Type, y entonces aparece un italiano con gafas de diseñador que te suelta: “Esto no es un restomod, es un Neolog”. Vale, Andrea, lo que tú digas, pero resulta que detrás de ese palabro inventado hay una idea que vale la pena: coger un Porsche 911 (964) Cabriolet y quitarle todo lo que sobra hasta dejarlo en 990 kilos de mecánica pura. Ni pantallas, ni asistencias, ni excesos digitales, solo resta, ligereza y un flat six atmosférico que ruge como si el año 2025 le importase tres pimientos.
Eterea es el nombre de la marca, fundada por el diseñador Andrea Di Buduo, y el Iperleggera es su carta de presentación. Lo han destapado en Milano Autoclassica 2025, y la propuesta es tan clara como provocadora: olvídate de reinventar la rueda, porque el futuro del deportivo analógico no pasa por añadir cosas sino por quitarlas. Nada de modernizar el alma del coche, sino de desnudarla hasta el hueso y dejarla respirar.
La filosofía es simple, y es que si pesa menos, va mejor, frena mejor y te hace sentir más, así que el resultado es un cabriolet de 990 kilos con 300 caballos atmosféricos, una relación potencia-peso de 3,2 kilos por caballo y un espíritu que bebe directamente del 911 RSR Turbo de 1974.
Eterea no quiere llamarlo restomod porque, según ellos, un restomod moderniza, mientras que este proyecto purifica. Le han puesto nombre propio (Neolog, que suena a startup tecnológica pero vale) y lo venden como una transformación estética y mecánica que respeta el alma analógica del coche original. Eso sí, respetarla no significa dejarla tal cual: significa pelarla hasta que solo quede lo esencial, y aquí es donde la cosa se pone interesante.
Neolog, o cómo inventarte un término para no decir restomod
Andrea Di Buduo puede haber creado un palabro marketiniano, pero la idea detrás tiene su lógica porque mientras un restomod típico coge un clásico y le mete tecnología moderna (frenos Brembo, suspensiones adaptativas, pantallas digitales, control de tracción y hasta Bluetooth si te descuidas), el Neolog de Eterea va en la dirección contraria: no suma, resta. No moderniza, simplifica. No pone capas, las quita. El objetivo no es hacer un 964 más rápido o más cómodo, sino más puro, más ligero, más directo, más analógico en un mundo digital que ya aburre.
La base es un Porsche 911 (964) Cabriolet, que Eterea considera el punto dulce de la era refrigerada por aire. No es el más mítico (ese honor lo tiene el 993), ni el más bruto (ahí están los primeros 911 de los setenta), pero sí es el equilibrio perfecto entre pureza mecánica y algo de confort. Además, el 964 ya es ligero de serie si lo comparas con los 911 modernos que andan por los 1.500 kilos, así que partir de esa base viene bien. El proceso desde ahí es brutal: aluminio y fibra de carbono reemplazan componentes pesados, se eliminan piezas innecesarias y se repiensan los sistemas hasta conseguir un peso de 990 kilos, menos de una tonelada en un coche que conserva motor atmosférico, tracción trasera y nada de electrónica moderna.
El resultado es un cabriolet que pesa lo mismo que un Lotus Elise y tiene la presencia de un 911 clásico, pero con una actitud deportiva que bebe directamente del motorsport. Eterea se inspira en el 911 RSR Turbo de 1974, un monstruo de carreras que no andaba con tonterías, y traslada ese espíritu a un lenguaje estético contemporáneo sin perder ni un gramo de tactilidad. Cada línea, cada hueco, cada material está pensado para restar masa sin restar carácter, porque esto es ingeniería de resta aplicada con bisturí italiano.
La filosofía de sustracción va más allá de lo puramente mecánico porque también afecta a la experiencia de conducción: sin pantallas que te distraigan, sin sensores que te avisen de todo, sin asistencias que te protejan de ti mismo. El Iperleggera te obliga a conducir de verdad, a sentir cada cambio de peso, cada apoyo de la dirección, cada milímetro de recorrido del pedal del freno, y eso es algo que los 911 modernos, con toda su tecnología, han perdido por el camino.
990 kilos de mecánica pura y dura
Dices que un coche pesa 990 kilos en 2025 y la reacción es de incredulidad porque mientras los utilitarios modernos rondan los 1.200 kilos, los deportivos accesibles andan por los 1.400 y los supercars se van a los 1.600-1.800 sin despeinarse. Conseguir bajar de la tonelada en un cabriolet basado en un 964 es casi un acto de rebeldía.
No es magia, claro, porque detrás hay aluminio, fibra de carbono y muchas horas de taller quitando todo lo prescindible, pero el número importa porque ese peso pluma cambia la física del coche. La relación potencia-peso se queda en 3,2 kilos por caballo con 990 kilos y 300 caballos atmosféricos, y aunque no es una cifra de hypercar eléctrico de 2.000 CV, tampoco hace falta porque esa proporción te da aceleraciones contundentes, frenadas cortísimas y una agilidad en curva que los 911 modernos, con sus 1.500 kilos y sus ayudas electrónicas, solo pueden soñar. Aquí no hay control de tracción que te salve, ni ESP que corrija tus errores, ni suspensión adaptativa que te perdone. Es el coche, la carretera y tú, y si la cagas, es tu problema.
El uso de materiales ligeros no es nuevo en el mundo del restomod (perdón, del Neolog), pero Eterea lo lleva al extremo sin caer en la trampa de parecer un prototipo de competición porque mientras el aluminio reemplaza componentes de acero donde conviene, la fibra de carbono se usa en paneles y piezas estructurales sin exagerar, y el resultado visual sigue siendo el de un 911 cabriolet reconocible. No parece un coche de carreras disfrazado de clásico, sino un clásico que ha adelgazado hasta encontrar su mejor versión, y esa es la diferencia entre un Neolog bien hecho y un restomod descafeinado.
Motor atmosférico en 2025, sí, has leído bien
Eterea se planta con un flat six atmosférico refrigerado por aire como si el año fuese 1989, en plena era de downsizing, hibridación y motores turbo por todas partes, y no es nostalgia barata sino una declaración de intenciones porque el motor de la versión base entrega 300 caballos sin turbo, sin compresor, sin ayudas eléctricas, solo cilindros, pistones, válvulas y aire, así que la respuesta es inmediata, la sonoridad es brutal y la experiencia es la de un motor que respira contigo en cada aceleración. Nada de lag, nada de esperas, nada de curvas de par planas y aburridas, porque aquí el motor te pide vueltas, te exige que lo estires y te premia con una banda de potencia progresiva que sube hasta el corte.
Las opciones de motorización abarcan desde los 3,6 litros hasta los 3,8 litros, con una versión especial de 4,3 litros prevista para 2026 que promete más de 400 caballos. Esa cifra ya empieza a sonar seria: 400 CV atmosféricos en un coche de menos de una tonelada es terreno de supercar de los noventa, pero con tecnología y materiales de hoy. La relación potencia-peso bajaría a unos 2,5 kilos por caballo, una bestialidad que convertiría al Iperleggera en un misil de carretera con alma de GT3 clásico, y todo sin perder el carácter atmosférico, sin recurrir a turbos ni a electrificación. Esto es mecánica sin trampa ni cartón llevada al límite.
La refrigeración por aire es otro detalle que no pasa desapercibido. Los 911 modernos llevan refrigeración líquida desde el 996, y aunque funciona mejor en términos de eficiencia térmica, pierde parte del encanto sonoro y mecánico de los antiguos flat six, mientras que el Iperleggera conserva ese rugido metálico, ese sonido de ventilador girando detrás de tu cabeza y esa sensación de motor vivo que respira y se calienta con cada kilómetro. Es menos eficiente, más ruidoso y menos civilizado, exactamente lo que busca alguien que paga por un coche así.
La preparación de los motores corre a cargo de especialistas que conocen estos flat six mejor que su propia casa, porque llevan décadas trabajando con ellos en competición y en restauraciones de alto nivel. Nada de experimentos ni ocurrencias, sino trabajo artesanal basado en conocimiento real: culatas pulidas a mano, válvulas aligeradas, árboles de levas específicos, sistemas de admisión rediseñados, y todo calibrado hasta el último detalle para conseguir esos 300 caballos sin comprometer la fiabilidad ni el carácter del motor original.
Italia, bajo volumen y a medida
Eterea no es una marca de producción en serie, ni pretende serlo, porque cada Iperleggera se construye a mano a través de una red de especialistas italianos que trabajan en bajo volumen, sin cadenas de montaje, sin plazos ajustados, sin piezas en serie. Aquí el cliente elige, el taller ejecuta y el resultado es único, así que puedes personalizar desde el color de la carrocería hasta los materiales del interior, pasando por detalles mecánicos y estéticos que convierten cada unidad en una pieza irrepetible. Estamos hablando del lujo de la exclusividad real, no del de una edición limitada de 500 unidades.
El enfoque artesanal tiene sus ventajas y sus pegas porque mientras por un lado permite un nivel de personalización y calidad que las grandes marcas no pueden ofrecer, por otro los tiempos de entrega se alargan, los costes suben y el margen de error se reduce a cero porque cada fallo se paga caro. Eterea asume ese riesgo porque su modelo de negocio no es vender cientos de coches al año, sino construir unas pocas decenas de unidades para clientes que valoran la exclusividad y la artesanía por encima de la inmediatez, igual que hacen Singer, GTO Engineering o Alfaholics en el segmento de los restomods de alta gama.
La inspiración del 911 RSR Turbo de 1974 no es casual porque ese coche era un bestia de competición, un 911 inflado con un motor turbo que dominó Le Mans y que representaba la actitud más pura del motorsport de aquella época: menos peso, más potencia, cero concesiones. Eterea traslada ese espíritu a un diseño contemporáneo sin caer en la trampa de hacer una réplica, porque no buscan copiar el RSR, sino capturar su esencia y adaptarla a un lenguaje estético actual que funcione en carretera, y el resultado es un coche que mira al pasado sin quedarse atrapado en él.
Eterea propone lo contrario de lo que hace el resto del sector: no modernizar sino purificar, no añadir sino quitar, no electrificar sino mantener la mecánica pura de un motor atmosférico refrigerado por aire, porque el Iperleggera es para quien valora el peso pluma por encima de las ayudas electrónicas, la respuesta inmediata por encima de la comodidad y el rugido de un flat six por encima del silencio de un eléctrico. El resto ya tiene el mercado de los SUV híbridos enchufables y que les vaya bonito.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.