Ferrari 365 GTB/4 NART Spider: ¿No había curvas en el Daytona?

Ferrari 365 GTB/4 NART Spider: ¿No había curvas en el Daytona?

Ferrari jamás podría haber lanzado de su fábrica una versión como esta, que pronto será subastada


Tiempo de lectura: 4 min.

La pregunta rápida que me nace producto de esta creación es: ¿Para qué redundar ante lo conocido? El arte de Giovanni Michelotti se basó en romper con los cánones originales del modelo. Por un lado, la propia casa de Maranello ya había lanzado una versión GTS4 –y sí, también destinada casi en su totalidad al mercado norteamericano– derivada de la versión coupé. Por otro, los tiempos ya habían cambiado y las tendencias de diseño hablaban otro idioma. De estos apuntes parte la esencia del Ferrari 365 GTB/4 NART Spider.

Las siglas lo dicen todo y esbozan algún retrato de Luigi Chinetti en sus tiempos de piloto-fundador de la North American Racing Team, e inevitablemente invocan su imagen como importador de Ferrari para el mercado norteamericano. Lo cierto es que si no las incluyera y me refiriera al coche como Ferrari 365 GTB/4 Spider, pues bastaría para certificar su condición extraoficial. Un 365 con cuatro árboles de levas y a cielo abierto que rubrica en su firma que no salió de la casa matriz con su identidad definitiva, sino que llegó a tal instancia conversión mediante sobre el biplaza cerrado. Al comienzo, este ejemplar fue un Daytona tipo berlinetta.

¿No había curvas en el Daytona? Queda claro que no hablo del ovalado International Speedway, sino de las líneas que hoy siguen enamorando. Los elegantes tratamientos que habían marcado a los años sesenta habían dejado de ser moda. Promediando los setenta, los nuevos lineamientos estaban establecidos: Marcello Gandini y Giorgetto Giugiaro, dos eminencias que redefinieron la época. Las cuñas en los morros, las molduras afiladas… una impronta contrapuesta. El NART Spider no iba a ser la excepción.

Dejar atrás la herencia del “Daytona” original

Enviado por Chinetti en 1976 tras sus primeros años en modo GTB/4, de nuevo en Europa el deportivo volvió a nacer. El resultado fue un Spider sin permiso para las ondulaciones. Las intenciones del diseñador a cargo materializadas de punta a punta: el corto y la caída vertical del maletero, toda la línea de cintura, los bajos, la abrupta inclinación de la superficie destinada a los faros retráctiles, incluso su capota extraíble, tanto dura como de lona…

Michelotti había decidido negar el pasado de las formas naturales de la propuesta génesis de Pininfarina para devolver a los Estados Unidos algo único, a medida. De eso se trataba, ¿verdad?

Fueron cinco las unidades del Ferrari 365 GTB/4 NART Spider preparadas por Michelotti por pedido de Chinetti. No faltó un ejemplar de competición, pero este es un chasis especial. No motivado por las carreras, no motivado por caprichos de cocheras que buscan la excelencia. Un gesto de amor, quisiera definirlo así. Marion, por aquel entonces esposa del importador italiano, fue la destinataria de este Ferrari convertido. Hoy, su nombre sigue leyéndose justo sobre los tiradores de ambas puertas.

Un Ferrari que jamás podría haber nacido de Ferrari

Y fue tan especial este Ferrari que hoy presume de su certificación de la división Classiche de Maranello a los coches de Alto Interés. Los 600.000 a 750.000 dólares que piden por él a través de RM Sotheby’s se justifican por todo lo que representa. No es casual su historial signado por salones y concursos de elegancia y colecciones de propietarios privados que se encargaron de preservarlo.

Si este convertible nunca conoció el olvido fue, en gran medida, por ser un Ferrari auténtico que de Ferrari nunca podría haber nacido. Un Daytona sin complejos de herencia. No hay nada de casualidad en que Cavallino Palm Beach subaste al Ferrari 365 GTB/4 NART Spider justo el Día de los Enamorados, pero su acabado exterior azul oscuro y gris –como si este tono estuviera reservado para los clásicos diseñados a pedido– combinado con una tapicería en cuero naranja funciona como la prueba de que el Día de San Valentín no siempre se pinta de rojo.

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Mauro Blanco

Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.

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