Chevrolet Corvette 1968 Sportwagon: el C3 se deja ver tras su osada conversión

Chevrolet Corvette 1968 Sportwagon: el C3 se deja ver tras su osada conversión

Más allá del "aura": Cuando un Stingray de 730 CV decide convertirse en un Shooting Brake de culto


Tiempo de lectura: 4 min.

Sabemos reconocer un Chevrolet Corvette C3 cuando lo vemos, incluso cuando intenta esconder su verdadero rostro con fachadas inusitadas. El Ferrari 250 GTO es el clásico de clásicos deportivos italianos. El Mercedes-Benz 300 SL Gullwing es el clásico de clásicos deportivos alemán. En tono americano, lo mismo le cabe a la tercera generación del ícono de General Motors.

Hay razones en común para esta distinción, comenzando por unos diseños expresivos fuera de la media; tan por encima de la media como para firmar en apodos los rasgos sobresalientes. El de Maranello fue un Monstruo a primera vista para el público de Monza y el de Stuttgart una gaviota en cuanto desplegó sus alas. El de Detroit nació como un tiburón, debido al concepto heredado del prototipo Mako Shark II. Tres referentes que también coincidieron en el contrapunto entre sus espíritus intrínsecos de competición y sus estilos tan temerarios como refinados.

Tan distinguible es el C3 que ni la más abominable conversión lo puede ocultar, ni siquiera el ejemplar mutado a breadvan, un Chevrolet Corvette 1968 Sportwagon que figuró a la venta años atrás por medio de Bring a Trailer. Nada nuevo en las leyendas del pasado. ¿Cómo podría disimularlo el modelo estadounidense si, por los motivos ya aclarados, las identificables líneas del GTO de Ferrari siempre estuvieron allí cuando dejó de ser berlinetta para adoptar esta misma carrocería?

Chevrolet Corvette 1968 Sportwagon: Mecánica que altera el aspecto

Su dieta, basada en combustible de competición, no debería llamar la atención en exceso; estos extraños wagons llevan los circuitos en sus genes desde los orígenes. Por otro lado, esta necesidad de usar gasolina de alto octanaje parte de la alta compresión de su motor “de caja” (crate engine) proveniente de Chevrolet Performance. Se trata de un bloque 572 (9.4 litros) diseñado para alcanzar los 730 caballos, una configuración ideal para duelos de aceleración que sí genera algo más que curiosidad.

Un shooting brake mecánicamente apto para desafiar a cualquiera en las drag races es algo que no se ve todos los días. Los motores de plataforma alta son conocidos en la marca estadounidense y este V8 big-block no es la excepción. Precisamente por el tamaño y la ocupación de este descomunal ocho cilindros es por lo que la silueta del coche se ha visto afectada estructuralmente.

El capó de inducción —donde el extremo junto al parabrisas queda abierto para forzar la entrada de aire al motor— cambia tanto la ecuación estética en este Corvette Stingray convertido como la propia carrocería breadvan. Y no es lo único a lo que se le metió mano en el sector delantero: sobre el fino parachoques cromado ya no se ven los faros retráctiles originales. Las luces, ahora fijas, se han desplazado a la parte baja, cerca de los intermitentes. A pesar de toda esta osada personalización, el ADN del C3 sigue ahí.

El aura incombustible del Corvette C3

Incluso en su formato a cielo abierto, prescindiendo del techo targa, el coche expresa buen gusto tanto como cuando la capota extraíble está en su lugar. Lo curioso de este caso es que este mismo ejemplar ya había sido subastado poco antes de su oferta en Bring a Trailer, dándose la circunstancia de que el precio alcanzado apenas cubría el coste del motor prestacional que late bajo el capó.

El Corvette C3 suele detener el tiempo a su paso, especialmente cuando te asalta por sorpresa. Este Chevrolet Corvette 1968 Sportwagon lo tiene todo para cumplir con ese mandato: más allá de las modificaciones radicales, las líneas maestras de la tercera generación se manifiestan con fuerza. Como muestra, la fotografía publicada por la casa de subastas —con el coche de costado, la pintura roja reluciente bajo el sol y el brillo del tubo de escape— desprende eso que hoy los jóvenes llaman “aura”. Un aura de potencia bruta y diseño atrevido que ni el tiempo ni la fibra de vidrio han logrado mitigar.

COMPARTE
Sobre mí

Mauro Blanco

Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.
Suscribir
Notificar de
guest

0 Comentarios
el más nuevo
el más antiguo el más votado


NUESTRO EQUIPO

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

Redaccion

Jesus Alonso

Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

Javier Gutierrez

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.