El Grand National Roadster Show no es solo roadsters antiguos, aunque el nombre pueda despistar a quienes no conocen la historia del evento. Mientras que el galardón America’s Most Beautiful Roadster se reserva estrictamente para roadsters americanos de 1937 o anteriores, desde 1974 existe otro premio gordo para el resto de vehículos: el Al Slonaker Memorial Award. Se trata de un galardón abierto a vehículos más modernos, tanto nacionales como extranjeros, donde la competición suele reunir muscle cars con doble turbo, Chevrolet Tri-Five impecables y cupés inspirados en el mundo del land-speed racing.
Este 2026, el premio más prestigioso para vehículos que no son roadsters se lo llevó Dennis Troggio con un Volkswagen Karmann Ghia de 1955 que dejó al jurado y al público con la mandíbula en el suelo. El coche fue construido junto a Buddy Hale en Type One Restorations, en Tempe, Arizona, y el proyecto arrancó formalmente en 2022 para terminarse justo a tiempo de debutar en el show californiano. Hale ya había construido antes un Ford Falcon del 63 para Troggio, y el resultado de aquella primera colaboración fue tan espectacular que ambos decidieron repetir aventura, esta vez con un modelo que tenía un significado personal mucho más profundo para el propietario.
El Karmann Ghia destaca por un nivel de detalle obsesivo que va desde la carrocería completamente customizada hasta una tornillería mecanizada específicamente para el proyecto, pasando por un motor de 2.387 centímetros cúbicos que entrega más de 300 CV. No es, desde luego, un Ghia de paseo dominical ni se le parece remotamente; es una máquina de precisión donde cada componente ha sido repensado.
Un proyecto con las manos en la masa
Type One Restorations se especializa fundamentalmente en Volkswagen Beetle y Porsche refrigerados por aire, así que un Karmann Ghia entraba perfectamente en su terreno de juego habitual. Troggio tenía experiencia previa con este modelo porque de adolescente compartió uno con su hermano, y esa conexión personal ayudó a inspirar el proyecto desde el principio. La nostalgia funcionó como el punto de partida ideal, pero la ejecución final fue todo menos nostálgica, buscando más bien la perfección técnica contemporánea.
Esta vez, Troggio no quería limitarse a pagar la factura y esperar los resultados sentado en su oficina. Después de ver cómo Hale había ejecutado el Falcon, quiso involucrarse activamente en el proceso de construcción. Le dejó claro al constructor que solo seguiría adelante si podía participar mano a mano en el trabajo de taller. Hale aceptó la condición sin problemas, y ambos terminaron pasando cientos de horas trabajando juntos en el coche, compartiendo conocimientos y resolviendo desafíos que iban surgiendo sobre la marcha. Cada uno aportó lo suyo: Troggio traía su visión de propietario y sus ideas sobre la estética final, mientras que Hale resolvía los desafíos técnicos con soluciones que elevaban el concepto original. De hecho, muchos de los detalles estéticos más sutiles del Karmann Ghia salieron directamente de la cabeza de Hale, según reconoce el propio Troggio con total naturalidad. Esa colaboración fluida entre propietario y constructor es precisamente lo que hace que algunos proyectos alcancen la excelencia mientras otros se quedan a medio camino.
La carrocería recibió modificaciones sustanciales que incluyen un capó customizado, una tapa del maletero rediseñada, guardabarros ensanchados y paneles de puertas completamente nuevos fabricados desde cero. Los faros van situados más bajos que en los modelos de los años 60 porque este es un Ghia temprano, pero Hale los resculpió sutilmente para mejorar sus líneas y que encajaran mejor con el nuevo volumen del coche. Las líneas de la carrocería también se afilaron mientras los guardabarros crecían para acomodar llantas y neumáticos mucho más anchos que los originales de fábrica.
El resultado es un coche que mantiene la esencia del Karmann Ghia original, pero con proporciones más agresivas y detalles refinados hasta el último milímetro. Nada parece fuera de sitio; cada modificación tiene sentido dentro del concepto general del proyecto, evitando efectismos gratuitos o añadidos innecesarios que pudieran romper la armonía. Es el tipo de trabajo donde cada decisión cuenta y donde la suma de pequeños cambios crea un impacto visual tremendo cuando se observa el vehículo en conjunto.
Detalles que marcan la diferencia
La obsesión por los detalles en este Karmann Ghia va mucho más allá de lo habitual en construcciones de concurso. Cada superficie del coche está alisada, pintada, pulida o mecanizada según corresponda, y todo se mantiene unido con herrajes custom fabricados específicamente para el proyecto por especialistas. Los tornillos hexagonales tienen cabezas con forma de roseta, y la cara de cada fijación muestra una espiral que imita de forma sutil el ventilador del motor flat-four refrigerado por aire.
Ese nivel de atención al detalle podría parecer excesivo para cualquiera que no haya pisado un concurso de este calibre, pero aquí es donde se marca la diferencia real entre un coche bien construido y un ganador indiscutible. El jurado valora que cada tornillo cuente una historia coherente con el resto del vehículo, que no haya soluciones de compromiso ni atajos tomados por mera conveniencia. Esa coherencia es precisamente lo que distingue este Karmann Ghia de otros builds espectaculares que también compitieron este año por el Slonaker.
La pintura merece un párrafo aparte por su acabado impecable y su profundidad visual. Aunque no se especifica nominalmente quién ejecutó el último paso del trabajo de pintura, el resultado habla por sí mismo con un brillo de espejo que no esconde ningún defecto porque, sencillamente, no los hay. Los paneles están alineados con precisión milimétrica, las transiciones entre superficies son suaves y el conjunto transmite esa sensación de calidad que solo se consigue invirtiendo horas interminables de preparación manual antes siquiera de aplicar la primera capa de color.
El interior también recibió el mismo tratamiento meticuloso que el exterior, con tapizados customizados y detalles que mantienen la coherencia visual del proyecto global. No es un habitáculo recargado ni tampoco minimalista hasta el extremo, sino un equilibrio sensato entre funcionalidad y estética que hace que apetezca sentarse dentro y disfrutar del resultado final del trabajo invertido. Los materiales elegidos y la forma en que se han rematado las costuras hablan del mismo nivel de exigencia que vemos en el compartimento motor o en los bajos del coche.
Potencia donde no la esperas
El motor merece mención extendida, porque ese flat-four de 2.387 centímetros cúbicos entrega más de 300 CV a través de un diferencial de deslizamiento limitado. Es una cifra brutal para un Volkswagen refrigerado por aire, y conseguirla requiere un trabajo serio en preparación interna, admisión, escape y gestión electrónica. La configuración incluye además una inyección de óxido nitroso de 50 CV adicionales por si la situación lo requiere, aunque probablemente sea más un guiño a la cultura hot rod que una necesidad real de empuje.
Los motores flat-four de Volkswagen tienen fama de ser fiables, pero no especialmente potentes en su configuración original de fábrica. Sacar 300 CV de un bloque refrigerado por aire de menos de 2.4 litros implica trabajar prácticamente cada componente interno, desde pistones y bielas hasta culatas y el árbol de levas. La refrigeración se vuelve un punto crítico a estos niveles de potencia, porque el diseño original contaba con que el motor no generara tanto calor ni sometiera los componentes a tantas exigencias mecánicas y térmicas.
La combinación de potencia, peso contenido y tracción trasera convierte al coche en algo mucho más serio que un simple proyecto de concurso estático. Es un vehículo completamente funcional que puede moverse con autoridad cuando hace falta, aunque probablemente Troggio no lo lleve al límite muy a menudo dado el ingente trabajo invertido en cada detalle. Pero saber que puede hacerlo añade credibilidad al conjunto y evita que parezca solo un objeto de exposición sin alma mecánica ni capacidad de rodar.
El escape y la admisión están diseñados para maximizar el rendimiento sin sacrificar la estética, porque en un coche de este nivel cada componente visible cuenta. El compartimento motor luce tan limpio y detallado como el resto del vehículo, con componentes pulidos, cables ordenados de forma milimétrica y una presentación que invita a abrir el capó y quedarse mirando los detalles durante un buen rato, descubriendo soluciones técnicas en cada rincón.
El Slonaker y su legado
El Al Slonaker Memorial Award lleva el nombre de un constructor legendario que ganó el America’s Most Beautiful Roadster en 1959 con un roadster Model T y que contribuyó enormemente a la cultura custom californiana. El premio se creó en 1974 para reconocer la excelencia en vehículos que no encajaban en las categorías tradicionales de la muestra, y desde entonces ha premiado una variedad tremenda de construcciones que van desde lo clásico a lo más vanguardista.
La competición acepta muscle cars americanos, deportivos europeos, customs radicales y básicamente cualquier vehículo posterior a 1937 que demuestre una ejecución excepcional. Esta apertura hace que el campo de candidatos sea especialmente diverso cada año, con enfoques completamente diferentes compitiendo entre sí. Un muscle car con doble turbo puede enfrentarse a un sedán europeo lowrider o a un deportivo japonés customizado, y todos tienen opciones legítimas de ganar si el nivel es el adecuado.
La competición de este año incluía rivales realmente potentes entre los que se encontraban muscle cars con doble turbocompresor capaces de cifras de potencia estratosféricas, Chevrolet Tri-Five restaurados con precisión quirúrgica y cupés con estética land-speed racing que mezclaban funcionalidad aerodinámica con detalles visuales impactantes.
Todos ellos eran candidatos legítimos al premio, con equipos de construcción experimentados y presupuestos sustanciales detrás de cada proyecto. Pero el Karmann Ghia logró destacar por encima del resto gracias a esa combinación de detalles obsesivos, coherencia visual y una ejecución impecable en cada aspecto, demostrando que un coche europeo de cuatro cilindros puede imponerse a los grandes bloques americanos en su propio terreno.
Un ambiente eléctrico
El ambiente alrededor del Karmann Ghia durante los tres días del Grand National Roadster Show fue tremendo desde el primer momento. La gente se arremolinaba para ver los detalles, hacer fotos desde todos los puntos posibles y comentar cada aspecto del coche con quien tuviera al lado. Esa reacción del público no siempre coincide con el veredicto del jurado, porque a veces el espectador casual valora cosas diferentes, pero en este caso ambos estuvieron completamente alineados desde el principio.
Los asistentes al evento pasaban minutos enteros examinando la tornillería custom, los paneles de carrocería modificados, el motor preparado visible bajo el capó y cada detalle del interior. Algunos volvían varias veces durante los tres días para ver cosas que se les habían escapado en la primera visita, porque el coche tiene tantos detalles bien ejecutados que es prácticamente imposible captarlos todos de una sola pasada rápida.
Bob Florine de ARP, patrocinador del Al Slonaker Memorial Award y fabricante de los espectaculares trofeos de aluminio que se entregan a los ganadores, posó junto a Hale y Troggio tras el anuncio del veredicto final. La foto resume bien el espíritu del premio: reconocer construcciones excepcionales independientemente de su origen o época, y celebrar el trabajo en equipo entre propietarios y constructores que comparten una visión y un compromiso inquebrantable con la excelencia.
Dennis Troggio se llevó el Al Slonaker Memorial Award 2026 con un Volkswagen Karmann Ghia que demuestra que los detalles obsesivos, la participación activa del propietario y la visión clara de un constructor experto pueden crear algo realmente especial. Type One Restorations añade otro triunfo importante a su palmarés, consolidando su reputación más allá de los Beetle. El Ghia se ganó su sitio entre los ganadores históricos con todo merecimiento, y ahora le toca disfrutar de la atención que genera un galardón de este calibre en el mundo del motor internacional.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS