El Audi TT 1.8T Quattro es, por definirlo de forma rápida, la versión más básica del coupé alemán pero equipada con un sistema de tracción a las cuatro ruedas. Versión que, en teoría, buscaba mejorar la eficacia y la adherencia, pero que, si tenemos en cuenta lo que decía la prensa de la época, no lograba ni lo uno ni lo otro, y además, perdía prestaciones y capacidades dinámicas.
La presentación del Audi TT, a finales de los 90, metió a la firma alemana en un mundo donde nunca había estado. Con el TT, os cuatro aros que un día representaron a Auto Union, se ganaron el respeto del mundo del automóvil gracias a un diseño de marcada personalidad, proporciones equilibradas y carácter deportivo. No había nada en el catálogo de Audi tan logrado y la comunidad de amantes del automóvil, así como los profesionales de la prensa y del sector, se lo hicieron saber.
Pero, lo mejor de todo es que no era simple imagen, el Audi TT se sustentaba sobre la plataforma del Audi A3, la misma que daba soporte al Volkswagen Golf IV y al SEAT León. De esta forma, las capacidades dinámicas y la facilidad de conducción típica de la marca, estaban garantizadas, aunque pronto se hizo famoso porque, al contrario de lo que se esperaba, resultó ser un Audi con mucho genio si se exprimía el potencial de sus motores y no todo el mundo estaba capacitado para gestionarlo.
La gama del Audi TT se apoyaba principalmente en el fantástico propulsor 1.8 turbo con culata de 20 válvulas –cinco válvulas por cilindro–, que estuvo toda su vida comercial eclipsado por otro soberbio motor: el 1.9 TDI. La primera generación del coupé alemán nunca tuvo una opción diésel, pero sí tuvo varias con tracción total que, todo sea dicho, no siempre resultaron interesantes. Es el caso del Audi TT 1.8T Quattro, una opción que no era mejor que la variante de tracción delantera y solo si vivías en zonas de muy baja adherencia era realmente recomendable.
La versión más vendida del modelo alemán era la básica, con 180 CV y tracción delantera, que era mejor que la equipada con tracción total
El Audi TT 1.8T Quattro era, básicamente, la variante de 180 CV –la opción de acceso a la gama cuando arrancó la comercialización y hasta 2003, cuando apareció la opción de 150 CV–, con el sistema de tracción total tradicional de la marca. Era el mismo sistema de tracción total que usaba el Audi TT con 225 CV. También recibía unos ajustes específicos en la suspensión trasera, para adaptarse al sistema de tracción total. Una combinación que debería haber sido un éxito, pero que, en realidad, no lo fue.
Bajo el capó, un motor ya conocido en su versión de 180 CV a 5.500 revoluciones y 24 mkg entre 1.950 y 5.000 revoluciones, junto a un cambio manual de cinco relaciones y un sistema de tracción total que daba prioridad al eje delantero. Eso, siempre según la prensa de la época, provocaba que el Audi TT 1.8T Quattro fuera subvirador, tendencia que se acentuaba todavía más cuando se aceleraba en exceso –lógicamente–, pero que se volvía en sobreviraje su, por el motivo que fuera, se soltaba el pedal del acelerador. A eso había que sumar que los ajustes realizados a la suspensión provocaban una pérdida de aplomo en casi todas las situaciones, pero sobre todo en asfalto roto.
La presencia de la tracción total aumentaba el peso, como cabría esperar –el conjunto se iba hasta los 1.320 kilos– y eso influía negativamente en las prestaciones. Según datos oficiales, la velocidad máxima era de 226 kilómetros/hora, mientras que el 0 a 100 kilómetros/hora se completaba en 7,4 segundos. El consumo, por su parte, era de 8,9 litros de media. La revisa Autopista registró aceleraciones hasta los 400 metros desde parado en 16,16 segundos, y hasta los 1.000 metros en midas condiciones en 29,85 segundos. El consumo según la revista era elevado: 10,9 litros.
El resultado final era claro. El Audi TT 1.8T Quattro, cuyo precio era de 5.545.000 pesetas –en el año 1999–, era peor que su hermano de tracción delantera.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".