En algunos años agregaremos, tal vez, a los nuevos intérpretes de Toyota a la lista de nombres que explican la eterna vigencia de los deportivos japoneses, porque allí están los valores que fundamentan. Nobleza mecánica y ligereza, dos que no son de su exclusividad, pero que la marca se ha apropiado históricamente como fortalezas atemporales. Los nipones ya tienen su jugada, lo que pretenden para sus sportcars de próxima generación. Conceptos de posturas que funcionan como hilo conductor para que, según la propulsión, cada cual asuma su estilo… su idioma.
Al híbrido, el Toyota GR GT, ya lo han empezado a tratar de Ferrari de Toyota y debo confesar que su figura impone presencia, que es la carta de presentación de su declaración de principios, en la que la elección del V8 biturbo no se puede soslayar y que expande su mensaje en su interior. Cuando las puertas de este superdeportivo se abren, al fabricante japonés no le interesa el mañana. Nacer, crecer, sentarse, acelerar y morir. La otra cara de la misma moneda es el concepto eléctrico de Lexus.
Al Lexus LFA Concept lo vimos en una primera instancia en reductos clave del segundo semestre –Monterey, Tokio– y como Lexus Sport Concept, pero desde ese entonces, debido a rasgos específicos exhibidos, jamás hizo falta el cambio de nombre para notar que su plan es recoger el legado del extinto cupé y llevarlo al que resultará su derivado de serie, hoy más cerca que ayer dadas las recientes certezas. Por ejemplo, sabemos que mide 4,69 metros de punta a punta y que su volante es de giro deportivo. Porque sí, es un coche de lujo, pero es la visión de Lexus de su próximo deportivo eléctrico.
La herencia de aquel LFA de gasolina está, entonces, a las claras; la zaga es una reinterpretación de rápida e inequívoca lectura. Como el GR GT, el Lexus LFA Concept se rige por ese lenguaje de amplio morro y definición aerodinámica, pero su concepto estético, aunque el coche no negocie los pilares del alto rendimiento –bajo centro de gravedad, aporte aerodinámico, ligero y altamente rígido chasis de aluminio–, no tiene intenciones de que lo asemejen con el inculto e indomesticado supercar de Toyota.
Sobre lo “inmersivo” del Lexus LFA Concept: vértigo, frialdad y futuro
Hay un término que se repite en el tratamiento comunicacional oficial. Lexus habla de experiencia inmersiva de conducción para referirse al prototipo, pero no apunta a los dones tangibles de las tecnologías avanzadas. La aerodinámica intrínseca y la posición de conducción son factores que el Lexus LFA Concept pone a dialogar con un tercero que, dicho sea de paso, advierte que aquí sí importa el mañana, que sí hay un futuro en juego.
Los asiáticos lo tienen claro: lo inmersivo no se expresa sin la influencia del diseño de su habitáculo. Si la cabina del GR GT transmite estridencia y un manejo a flor de piel, la de este LFA no se desentiende del andar deportivo que el coche propone, pero lo que en simultáneo corre es la introspección humana. Algo de frialdad para controlar el vértigo, como el piloto de una nave de ciencia ficción que no permite anticipar su próximo movimiento. Las emociones corren por dentro.
Es el futuro según Lexus por dicha experiencia, pero no menos por la filosofía que representa. En él se materializa el principio Shikinen Sengu que motiva a Toyota para garantizar su idiosincrasia a través del tiempo. El Lexus LFA Concept es más que un adelanto del deportivo eléctrico de lujo: es la síntesis de las técnicas, las tecnologías y las habilidades artesanales que los ingenieros experimentados allí han aplicado para que las generaciones discípulas las apropien.


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.