El Saab 900 Turbo Sensonic fue una versión cuya mayor característica era un cambio automático un tanto particular, pues mantenía el manejo manual mediante el típico selector “en H”, pero prescindía de pedal del embrague. Un sistema similar al que ofrecía Renault en el Twingo, pero combinado con una carrocería de tres puertas y un motor sobrealimentado de mayores prestaciones que en el modelo francés.
La transmisión automática, durante muchos años, estuvo ligada al vehículo de lujo y al confort. Era un cambio cómodo, que permitía prescindir de tener que cambiar de relación constantemente, pero también eliminaba todo atisbo de deportividad y de todo lo relacionado con el placer de conducir en carreteras con muchas curvas. Eso no quiere decir que los coches equipados con cambio automático no fueran coches veloces, pero no estaban enfocado a una conducción dinámica o deportiva.
Es cierto que esa barrera se superó hace mucho tiempo, pero hicieron falta algunos experimentos, como el cambio robotizado que, básicamente, es un cambio manual pero con embrague automático. No es una transmisión muy común, pero marcas como Renault o Toyota han ofrecido sistemas de este tipo en sus coches. Los franceses en el Twingo, mientras que los japoneses lo hicieron en el Aygo. No obstante, hay otra marca que llegó a ofrecer un cambio robotizado, aunque en su momento no se llamaba así: Saab.
Aunque era un cambio automático, se decía que era el tipo de transmisión automática que permitía disfrutar de la conducción deportiva
Los suecos ofrecieron el cambio Sensonic en el Saab 900 Turbo, una transmisión que tenía un motor eléctrico y un actuador hidráulico en lugar de pedal de embrague. También tenía un sensor en la palanca de cambios para informar al sistema cuando se iba a realizar utilizar el selector, así como todo un conjunto de sensores para controlar el régimen del motor, la posición del pedal del acelerador y del selector del cambio, así como de la temperatura del embrague.
Como cabe esperar, era un sistema de transmisión automática muy avanzado en su momento, aunque lo más interesante era que, en lugar de usarlo en un utilitario de potencia contenida como hizo Renault, Saab lo montó en el 900 Turbo, un coche que no era precisamente un urbano con 70 CV. En realidad escondía un motor de 1.985 centímetros cúbicos con dos árboles de levas en culata, turbo e intercooler, que rendía 185 CV a 5.500 revoluciones y 26,8 mkg a 2.100 revoluciones. Son datos que merecen un poco de respeto, pero podemos destacar que, la revista Autopista, en el número 1.859, publicó una cifra de potencia “en banco”, que rozaba los 215 CV, junto a un par de 33,40 mkg.
La mencionada revista decía que la adaptación al funcionamiento del cambio era muy rápido, aunque las maniobras de aparcamiento eran complicadas e incómodas al no poder gestionar el embrague. En carretera, con todo el poderío disponible, las prestaciones eran muy buenas y las diferencias con un Saab 900 Turbo equipado con un cambio convencional eran nulas. Las dos versiones eran idénticas en todo, salvo en la caja de cambios, obviamente. Incluso las cifras de prestaciones y consumos estaban muy parejas. Por ejemplo, el Saab 900 Turbo Sensonic hacía el 0 a 1.000 metros en 28,66 segundos, el 80 a 120 kilómetros/hora en quinta en 10,75 segundos –una quinta de 42,18 kilómetros/hora a 1.000 revoluciones– y gastaba de media 8,8 litros cada 100 kilómetros.
El Saab 900 Turbo Sensonic era tan especial como caro: 5.045.120 pesetas de 1995


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".