Hay coches que hacen historia a golpe de goma quemada, y el McLaren MP4/6 de Ayrton Senna es de esos porque no es un coche cualquiera, sino el mismo con el que Ayrton Senna ganó por fin el Gran Premio de su país en 1991 después de años fracasando. Fue una victoria épica bajo la lluvia que terminó con el cuerpo agotado y con la caja de cambios reventada, como en una buena película.
HaIman tenido que pasar 34 añazos para que este trozo de historia con ruedas salga a subasta. Sí, RM Sotheby’s la ha incluido en su evento “Forever, Senna”, y espera colocarla por una cifra entre 12 y 15 millones de dólares. Calderilla si sabes que es el coche que Senna llevó más allá de los límites humanos, el Fórmula 1 más puro de la era analógica.
El día que Senna ganó con una sola marcha
Interlagos amaneció empapado el 24 de marzo de 1991. Senna salía desde la pole con la mirada de medio país sobre su casco amarillo, y durante la mayor parte de la carrera, el McLaren MP4/6 fue un reloj suizo: preciso, rápido, imbatible. Todo iba bien hasta que el coche empezó a perder fuelle cuando solamente quedaban ya diez vueltas. Primero la cuarta marcha, luego la quinta. En la penúltima vuelta sólo quedaba una: la sexta.
Cualquier otro habría abandonado, pero Senna no conocía esa palabra. No le faltaba un diccionario, es que le sobraban agallas. Ayrton aguantó esas últimas vueltas cambiando de ritmo con el embrague, dosificando la inercia y rezando para que el motor Honda no dijera basta, y cuando cruzó la meta, su ventaja sobre Riccardo Patrese era de tres segundos. El público enloqueció, y Senna estaba tan hecho polvo que tuvieron que sacarlo del coche en volandas. El tío había ganado el Gran Premio de Brasil con una sola marcha.
Aquella imagen del héroe hecho puré e incapaz de levantar el trofeo con sus propias manos se convirtió en símbolo de la esencia de la Fórmula 1, y si me preguntas a mí, para mí esa esencia es la capacidad de llevar cuerpo y máquina al límite, y es lo que debería ser la Fórmula 1.
Desde entonces, el coche fue intocable. Volvió al cuartel general de McLaren y se guardó como un icono sagrado. Nadie volvió a correr con él. Nadie lo tocó más de lo necesario. Era la prueba material de un momento irrepetible.
El McLaren MP4/6: el último gran Fórmula 1 analógico
Neil Oatley fue la cabeza pensante tras el diseño del MP4/6 en el que el chasis de fibra de carbono, la aerodinámica aún sencilla y el motor Honda V12 de 3,5 litros convertían a este monoplaza en una máquina que exigía manos, reflejos y sangre fría. Ni había levas ni control de tracción, ni otros lujos. Se cambiaba con palanca, y si te pasabas de vueltas, el coche te lo hacía pagar en forma de viaje contra el muro.
El V12 entregaba unos 725 CV en sus primeros compases, pero para el final de la temporada los ingenieros japoneses lo habían llevado ya hasta los 780. Senna decía que aquel motor “cantaba como un tenor”, y no exageraba.
McLaren y Honda formaron en aquellos años una de las alianzas más letales de la historia. Siete victorias y un nuevo título mundial en 1991 confirmaron que aquel coche era una obra maestra. Su equilibrio era tan perfecto que los pilotos decían que el MP4/6 “hablaba” y te avisaba antes de traicionarte. Senna entendía ese idioma mejor que nadie y lo llevaba siempre al límite.
Hoy, ese equilibrio y esa brutalidad lo convierten en algo imposible de replicar porque los coches actuales, a reventar de ayudas electrónicas, son otro tema. Este McLaren era puro músculo mecánico, una bestia que sólo un genio de los pedales podía domar.
De los boxes al altar: la historia después del mito
McLaren decidió jubilar el chasis después del triunfo de Interlagos y lo guardó en su sede de Woking, donde pasó casi tres décadas sin tocar asfalto hasta el 2020, cuando el actual propietario lo adquirió directamente de McLaren, junto a su certificado de autenticidad, garantizando que cada tornillo era original.
Los especialistas británicos de Lanzante Limited (los mismos que mantienen los F1 GTR de McLaren) fueron los que revisaron el coche de arriba abajo, así que imagina el nivel de mimo que ha recibido este trozo de historia.
Por si hay dudas, el coche conserva todo su aspecto original, que incluye la librea Marlboro roja y blanca, las pegatinas marchitas, e incluso el cockpit minúsculo con el asiento moldeado al cuerpo de Senna y que es tan estrecho que uno se pregunta cómo demonios podía mover los brazos allí dentro. Pero claro, es que Senna era el tipo de persona que hacía parecer fácil lo imposible.
Para mí no hay dudas de que el coche emite una energía propia que te hace pensar que si lo arrancas se te aparecerá el espíritu de Senna con una botella de champán.
El precio de una leyenda
RM Sotheby’s lo subastará del 8 al 11 de diciembre con una estimación entre 12 y 15 millones de dólares. Es, sin rodeos, una cifra exagerada, pero no se trata de un trozo de fibra y metal, sino de un pedazo de historia que cambió la percepción del automovilismo para siempre.
Por ese dinero, podrías comprarte un Bugatti Chiron, un P1 y un yate para remolcarlos, sí, pero ninguno te pondría los pelos de punta como este McLaren, porque detrás de cada remache, de cada curva, está la huella de un tipo que corría como si el diablo lo persiguiese en cada vuelta.
Este MP4/6 es la encarnación del espíritu de Senna. Bestial, rápido, imperfecto y glorioso, y si algún multimillonario lo compra para dejarlo criando polvo en una vitrina, que sepa que no ha comprado un coche. Ha comprado una responsabilidad.
Este McLaren pertenece a todos los que amamos el ruido, la velocidad y el coraje.
Un trozo de eternidad con ruedas
Al final, 15 millones son lo de menos cuando lo que está en juego es poder acercarse (aunque sea un poco) al aura de Senna. Al hombre que ganó con una sola marcha, que desafiaba a la lluvia como si le hablara, y que convirtió cada circuito en un templo.
El MP4/6 es más que una máquina. Es el último canto de la Fórmula 1 que olía a gasolina y a humanidad. La última vez que la victoria dependía de los músculos del piloto, no de las asistencias al piloro, y saber que sigue por ahí y que todavía puede arrancar y oler a aceite caliente, es casi poético.
Así que sí, sólo 15 millones de euros te separan de tener el coche de Ayrton Senna. Pero hay algo que ni todo el dinero del mundo puede comprar: el alma que lo condujo. Esa, amigo mío, se fue con él aquel 1 de mayo de 1994.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS