De superioridades estéticas suele hablarse en ese universo que a menudo repele llamado redes sociales. Un mundo de subjetividades al que expresiones como la mencionada responden. Ahora bien, existen excepciones como la que toca invocar en estas líneas. La superioridad estética del Toyota Prius contemporáneo. ¿Quién se atrevería a objetar, sobre todo cuando la diferencia con las generaciones previas es abismal en todo aspecto? Y en el aspecto en concreto focalicemos, porque es el punto de partida de este consagrado japonés, más allá de las tecnologías avanzadas.
El Prius viene de trascender por la inesperada y controversial aparición de una versión no física a cielo abierto. Una abominación que, como dijimos semanas atrás, “mezcla lo mejor y lo peor del diseño digital”. El impacto sobrepasa y la propuesta es difícil de digerir, porque hay contrastes que son coherentes, porque pueden coexistir dos versiones de un mismo vehículo que hablan idiomas antagónicos si ambos diseños, cada uno con su estilo, convencen al mismo nivel sin dar lugar a detractores.
Nada de esto ocurre en el render del Speedster, que parece haber inyectado el espíritu Cybertruck –¿acaso el pick-up de Tesla tiene espíritu?– en el coche equivocado. Porque la quinta generación fue rompedora en el mejor de los sentidos, le dio al cinco puertas japonés la frescura definitiva después de las tímidas evoluciones que habían significado la tercera y la cuarta generación, y lo colocó en otra dimensión a fuerza de clase, personalidad y una deportividad que hasta el Prius 2022 no se había percibido.
En una dimensión distinta de a la que pertenecían los Prius predecesores, acaso más identificados como coches para profesionales que para conductores particulares. Algo al respecto explicó uno de los responsables cuando obtuvo el premio World Car Design del 2024, año en el que también fue reconocido como Coche del Año. “Volvimos a la mesa de dibujo para reimaginar al Prius, considerando si crear un producto básico, convertirlo más en un taxi o crear algo que capturara corazones. En última instancia, elegimos crear algo que la gente pudiera amar no sólo por sus beneficios racionales, sino también por su experiencia emocional”, confesó en ese entonces Yasushi Ueda, ingeniero jefe del Toyota Prius.
De emociones se valen los conceptos de diseño y el Prius actual jamás había gozado del carácter de su silueta, sus molduras, del buen gusto de sus elementos exteriores y de sus proporciones. Recuerdo que en la división norteamericana del fabricante japonés definieron a este Prius como “atlético” y estoy de acuerdo. Puntuales redimensiones aportaron a que así sea: una de ellas, clave, el techo rebajado unas dos pulgadas para que el coche obtuviera una altura final de 1,42 metros. Claro, la aerodinámica fue objeto prioritario para un Toyota electrificado que necesitaba optimizaciones no solo en lo visual, sino también en la eficiencia.
Si de elementos hablamos, mención final para el techo opaco de cristal, las ópticas –uno de sus rasgos más característicos– y la forma general del morro, notables sellos del Prius de esta década. Acertados estuvieron los colegas de Motortrend cuando compararon a este conjunto con la idiosincrasia italiana. Una “nariz estilo Ferrari”, deslizó el medio americano alguna vez, estableciendo un paralelismo de estilos con el Purosangue. Precisamente a sus faros delanteros el Toyota Prius confía un considerable porcentaje de su fuerza estética.


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.