Hace años probé el veganismo. No salió bien y al tiempo devoraba chuletones como un animal. Lo mismo les ha pasado a los de Dodge y Ram con el Hemi V8, y ahora traen la Ram Hemi Street Truck es un soplo de aire sucio, caliente y glorioso. Un recordatorio de que los americanos todavía saben fabricar coches con alma, aunque la EPA les mire con el ceño fruncido y a Greta se le hinche la vena.
Esta no es una pick-up cualquiera. Es una Ram 1500 Big Horn pasada por las manos de Mopar y Fox Factory, que son dos nombres que juntos prometen ruido y gasolina sin complejos. Han bajado la suspensión, le han puesto un compresor Whipple y han dejado el motor en 650 caballos sólo por el placer de hacerlo. Nada de eficiencia ni de híbridos: es potencia de la vieja escuela acompañada de un rugido que parece pedir perdón a nadie más que a los fans de Hemi a los que traicionaron hará un par de años.
Ahora que todo SUV quiere parecer un deportivo mítico (ejem, Ford) y todo eléctrico se autoproclama el “muscle car del futuro”, la Hemi Street Truck va a contracorriente. Es una pick-up de más de dos toneladas diseñada para correr por asfalto. O al menos para intentarlo, porque hay que decirlo: una mole así, por muy bien que la vistas con llantas de 22 pulgadas y suspensiones Ridetech, nunca será ágil. Esta Ram es como un gordo con deportivas. Puede parecer rápido, puede incluso sorprender en el primer sprint, pero terminará sin resuello más pronto que tarde. No hay spoiler ni compresor que oculte el peso.
Aun así, la Street Truck tiene algo que engancha. Es absurda, excesiva y totalmente innecesaria, pero transmite esa sensación de libertad que solo los coches que ignoran las normas consiguen provocar.
650 caballos para asfaltar prejuicios
Debajo del capó late a lo cafre el corazón de toda esta locura: el 5.7 Hemi V8, acompañado por un compresor Whipple twin-screw que eleva la potencia hasta los 650 caballos. Es una barbaridad que tiene ese carácter que ni los turbos ni los motores eléctricos han logrado imitar. Empuja con rabia desde el ralentí, y cada acelerón suena como la extinción de uno o dos ecosistemas.
La potencia se envía al eje trasero o a las cuatro ruedas, según el capricho del cliente, mediante un cambio automático que probablemente se lleve más palos de los puristas que el propio consumo. Pero da igual, porque el tema va de pisar el acelerador y sentir cómo el asfalto se arruga bajo el par motor.
La suspensión firmada por Ridetech baja el conjunto tres centímetros delante y cinco y medio detrás para lograr un centro de gravedad más razonable (dentro de lo posible). Lleva brazos de suspensión tubulares, coilovers y barras de tracción, lo que le da un toque de seriedad dinámica que no esperas en algo con forma de frigorífico industrial musculado. Y sí, sigue siendo capaz de remolcar más de 5 toneladas o cargar casi dos en la caja, aunque sería casi una blasfemia usarla para transportar sacos de cemento.
Lo que sorprende es lo bien que Mopar ha afinado el equilibrio entre brutalidad y control. No pretende ser un coche de circuito, pero tampoco un cacharro torpe. Tiene más mérito del que parece.
El músculo americano, sin barro
Las pick-ups más deseadas de Estados Unidos durante años han sido las off-road: La F-150 Raptor, la Silverado ZR2, la Ram TRX… todas con suspensiones de largo recorrido, protecciones de bajos y la idea romántica de cruzar el desierto volando sobre las dunas, aunque el 99% de sus dueños nunca han pisado arena y las usan para ir a trabajar o a comprar donuts.
Ahí es donde esta Street Truck encaja. Es la respuesta sarcástica de Mopar a toda esa moda del off-road lifestyle. Su lema (un “dedo corazón sobrealimentado para los bros del barro”) no es casualidad, porque representa una corriente de petrolheads que se habían quedado huérfanos desde los tiempos de las Lightning, las SRT-10 y aquellas pick-ups de asfalto de los noventa que parecían muscle cars con caja.
El enfoque es radicalmente distinto: nada de fango, ni snorkels, ni suspensiones que parezcan de buggy. Esto es asfalto puro, con tracción y neumáticos que buscan agarre, no tracción sobre piedras. En América tiene su lógica. Allí el exceso se celebra. No se justifica, se disfruta.
Claro que todo tiene un precio. En este caso, el de 89.995 dólares, que fácilmente se van a 95.000 si añades cuero o tracción total. Pero no se compra una Ram así por racionalidad, sino por emoción. Es un capricho que huele a gasolina sin plomo y suena a válvulas mecánicas.
Estilo de bulldozer con alma de muscle car
Más allá del rendimiento, hay que reconocer que Mopar ha clavado el diseño. La Street Truck tiene una presencia que impone sin necesidad de recurrir a artificios. Las franjas doradas, la parrilla sin florituras, el perfil bajo y el capó abombado le dan ese aire de coche de carreras para camioneros. Además, pese a su tamaño, se ve proporcionada, agresiva pero no ridícula. Con todo lleno de SUV anónimos y más sosos que la teletienda, esto es una bofetada de personalidad.
El interior mantiene el estilo Ram habitual: materiales robustos, buenos ajustes y un toque de lujo sin estridencias. Hay costuras específicas, logos de Mopar Direct Connection y una sensación general de coche serio. Puedes elegir entre negro, gris, blanco o azul, y aunque los colores son discretos, la forma en que reflejan la luz sobre ese chasis bajo y ancho la hace parecer una especie de muscle car con matrícula de camión.
Eso sí, suerte aparcándola en España. Mide casi 6 metros de largo y más de 2 metros de ancho, y no cabe ni en la mayoría de plazas de garaje. Aquí haría falta un permiso especial para girar en una glorieta. Pero si algún loco decide importarla, que nos lo diga y nos deje hacerle un vídeo.
Lo dicho: es bueno volver a oír un Hemi V8 en plena era de la corrección energética. Aunque sepamos que sus días están contados, suena a revancha. A “todavía no habéis ganado”. La Ram Hemi Street Truck no quiere salvar el planeta. Quiere quemar neumático y recordar a todos que la conducción también puede ser instintiva, ruidosa y políticamente incorrecta.


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Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.