Si algo debemos agradecerle a Chrysler, es su determinación de no lanzarlo de arranque como carrocería cerrada. Pronto llegarían las sucesivas generaciones y el perfeccionamiento hacia una figura de culto, legendaria. El definitivo perfil cupé, el techo de doble burbuja, la doble franja de carrera… Pero, hasta mediados de los años noventa, no existía otro Dodge Viper que el que se conducía a cielo abierto. Un primer paso. ¿El segundo? Hacer de aquel superdeportivo americano una rareza en sí misma. El tiempo pasa, las modas cambian y, sin embargo, la primera versión del RT/10, la SR I, no se asimila. Esa es su gran virtud.
El Dodge Viper 1992 y el arte de cómo llegar a las concesionarias vestido de concept car. De transitar sus primeros años como concept car. ¿Qué modelo de serie se atrevería a jugársela por un diseño tan disruptivo? A decir verdad, el primer Viper fue más que disruptivo: fue un deportivo inverosímil. Un targa inverosímil –he aquí la oportuna aclaración: el SR I podía salir de fábrica con techo encima, pero siempre extraíble, ya sea de lona o rígido–, porque, más que deportivo americano, irrumpió como una nave de ciencia ficción a disposición del cliente.
En líneas generales, el SR II heredó el concepto de diseño, conservando el peculiar lenguaje targa y los cortes laterales que llevaba detrás de las ruedas delanteras para su función aerodinámica. Ahora bien, sus especificaciones se volvieron más convencionales. Las singularidades del primer Dodge Viper RT/10 iban más allá del diseño de carrocería. Los tubos de escapes a los costados, delante del eje trasero, probablemente su marca registrada. No se ven todos los días automóviles con esa característica y aquella primera iteración le ofrece distinción a quien lo busca en el microclima de las subastas y el mercado de los usados.
“Un ejemplar excepcional de un solo propietario con solo 200 millas desde nuevo, encargado originalmente por un empleado de Chrysler y conservado en Michigan toda su vida hasta la actualidad”, detalla The Barn, concesionario que opera en Miami, sobre un Viper 1995 ahora misma a la venta. Vaya carta de presentación para una de las últimas unidades de su especie.
No sorprende su historial si se tiene en cuenta que el Viper fue, de nacimiento, un predestinado, un deportivo llamado a ocupar los libros de antología. “Se adquirieron algunos para conservarlos como piezas de colección sin estrenar”, recuerda Supercar Nostalgia sobre el lanzamiento. De manera tal que no estamos ante un Viper de primera generación cualquiera. Sus 355 kilómetros acumulados y el hecho de haber permanecido inmaculado bajo el paraguas de un único dueño nos da como conclusión que no debe ser nada accesible el precio que se pretende, a recibir por consulta privada.
No, nada de Viper de granero, pues una cosa es hallar una reliquia olvidada y descuidada, y otra muy distinta es mantenerla en la intimidad para que, luego de 30 años, todavía luzca como nueva. Esa era su misión: que su acabado exterior Viper Bright Yellow, su V10 de ocho litros, sus llantas y neumáticos, su cubierta de lona protectora para el habitáculo, que todo hiciera de él una cápsula del tiempo, como si en 1995 estuviésemos. Para su próximo propietario, la pregunta que deberá tener presente como tarea hasta que su aún actual dueño de Michigan se la responda: ¿Cuáles han sido los momentos vividos detrás de ese celoso kilometraje?


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.