Feo es. De eso no hay duda, porque el Dacia Hipster Concept parece una mezcla entre una nevera portátil de esas de la playa y un electrodoméstico soviético. Aun así tiene más sentido que tres cuartas partes de los coches eléctricos que hoy se venden en Europa. Lo miro y me cuesta imaginar que alguien se enamore de él, pero también me cuesta pensar en una idea más necesaria.
A ver, entre tanto SUV de 2.000 kilos, pantallas táctiles que se quedan pilladas y precios que rozan el insulto, alguien tenía que acordarse de que la gente corriente sigue existiendo, y Dacia lo ha hecho, y lo ha hecho con descaro porque ha diseñado un coche eléctrico desde cero, barato, ligero, útil y sin adornos, como si el tiempo no hubiera pasado desde el Renault 4 original. Solo que esta vez el carburador se ha cambiado por un enchufe. Para mí es el verdadero heredero del cuatro latas. Te cuento.
Lo mejor del Hipster no es su diseño ni su tecnología (que son mínimos), sino su intención de asumir que la movilidad eléctrica no puede ser elitista, y que la mayoría de los europeos necesitamos algo que simplemente funcione, sin pretensiones ni delirios digitales. Europa no pasa su mejor momento económicamente, y los precios de los coches nuevos han subido un 77% en apenas una década. Dacia propone lo que debería ser obvio: un coche asequible, que no de pobre.
Tiene su coña lo de llamar “Hipster” a un coche que renuncia a todo lo superfluo y que se burla del absurdo en el que se ha convertido el mercado.
Volver a lo esencial para vender
Lo interesante del Hipster Concept es que no intenta reinventar nada porque se limita a rescatar al coche popular, el que pisó el acelerador de la automoción. No es un salón con ruedas, no es un símbolo de estatus, es un medio de transporte asequible, justito, racional y liberador.
Tiene tres metros de largo, cuatro plazas de verdad y un maletero que pasa de 70 a 500 litros dependiendo de cómo lo configures. Nada más y nada menos. Lo justo. Dacia ha entendido que el 94% de los conductores europeos recorre menos de 40 kilómetros diarios, y con eso en mente, el Hipster ofrece una autonomía suficiente para una semana con un par de recargas. ¿Te servirá para hacer viajes largos? No mucho, pero este coche no es para eso.
Más razones de peso: Dacia ha seguido con su obsesión por la ligereza, y el Hipster pesa un 20% menos que el Spring, que ya era uno de los coches eléctricos más ligeros del mercado. Menos kilos, menos energía para moverlo y menos materia prima empleada. Una lección de ingeniería sencilla y sensata ahora que están todos empeñados en hacer baterías cada vez más grandes para mover mastodontes con ruedas.
Mientras los demás buscan diferenciarse con software y pantallas, Dacia lo hace con tornillos y plásticos reciclados. Seguramente sea el coche más anticorporativo que existe ahora mismo, y por eso resulta tan interesante.
Fealdad funcional
Romain Gauvin, responsable del proyecto, dice que querían un coche que se pudiera dibujar con tres trazos. Creo que les ha bastado con dos. Es un bloque cuadrado apoyado en cuatro ruedas que parecen colocadas en las esquinas con escuadra y cartabón. Ninguna concesión a la estética, ni voladizos, ni líneas “de tensión”, ni esa obsesión moderna por los faros con cejas. Es puro volumen útil.
Tiene algo atractivo. El frontal es plano y horizontal, con unos faros sencillos, y transmite solidez. La zaga, con un portón partido que facilita el acceso al maletero, es pura lógica aplicada. Detrás de esa fealdad hay horas de ingeniería práctica, no de maquillaje digital. Es un coche que parece hecho por gente que piensa en cómo se usa un coche, no en usarlo para presumir.
Incluso los detalles más cutres tienen su explicación. Los tiradores de las puertas se han sustituido por correas, que son más ligeras y baratas. Las luces traseras están protegidas tras la ventanilla, así que no necesitan su propio cristal, y el color es plástico tintado en masa, resistente y fácil de producir.
Todo eso responde a una lógica de coste, peso y simplicidad, y aunque el resultado sea más feo que una nevera Balay del 82, no importa, porque es como esos zapatos que no combinan con nada, pero son cómodos de narices. Crocs los llaman.
Más espacio del que parece
El interior del Hipster Concept sigue la misma filosofía. Nada sobra. Nada brilla. Pero todo está donde debe. Permite montar a cuatro adultos con una comodidad razonable, lo cual ya es un milagro en un coche de tres metros. Las ventanillas son correderas (porque son más baratas y pesan menos), el parabrisas es casi vertical y el techo acristalado da una sensación de amplitud inesperada.
El salpicadero es digno del del 4 TL. No hay pantalla central, ni mandos con retroiluminación azul, ni una interfaz que necesite actualizarse cada martes. Lo que hay es una base preparada para el sistema YouClip®, una especie de estándar modular de Dacia que permite enganchar accesorios: portavasos, altavoz Bluetooth, lámpara o soporte para el móvil. El coche no tiene multimedia porque lo pones tú. Tu teléfono es la pantalla, la llave y el equipo de música.
Los asientos también son un homenaje a la sencillez. Estructura visible, tapizado de malla, y una banqueta delantera corrida al estilo de los coches de antes, sin pretensiones ergonómicas. No es lujo, pero tampoco incomodidad. Es, simplemente, una manera lógica de ahorrar peso y piezas. Lo mejor de todo es que cuando se abate la banqueta trasera, el espacio del maletero se transforma de 70 a 500 litros reales, que son suficientes para meter dos bicis o una mudanza pequeña.
Todo esto sin artificios ni frases de marketing. No hay “espíritu aventurero” ni “experiencia de usuario”. Hay coherencia industrial. Funciona, y ese es su incentivo.
El coche feo que Europa necesita
Dacia ha entendido antes que nadie que Europa está demasiado pobre para coches caros. No en el sentido de miseria, pero sí de prioridades. Llevamos años pagando por cosas que no necesitamos, convencidos de que la tecnología justificaría un precio que ha ido creciendo hasta dejar fuera del mercado a buena parte de la población. El Hipster Concept va justo en dirección contraria.
Este coche no promete emociones fuertes ni experiencias inmersivas. Se limita a que puedas ir a trabajar, cargar la compra, visitar a tus padres y aparcar sin miedo a rozar una llanta de 600 euros. No hay más.
En el fondo, el Dacia Hipster es el heredero espiritual del Renault 4 latas, que para mí fue uno de los coches que, mediante la sencillez y la ingeniería aplicadas con cabeza, lograron meter un coche en cada hogar. Ahora el motor es eléctrico, los plásticos son reciclados y la batería se enchufa en casa, pero la filosofía sigue siendo la misma.
Que sí, que es feo, pero es un feo que te dice la verdad a la cara y tiene su propio carisma. El Dacia Hipster Concept es el coche que nuestra Europa empobrecida necesita: no para presumir, sino para vivir.


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Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.