El Volvo 262C es uno de esos coches que, sin ser aparentemente nada espectacular, levantan pasiones incluso en quemadillos. Quizá que el nombre de Bertone esté involucrado tiene algo de culpa, al igual que las prestaciones, pero es evidente que, a simple vista, el modelo sueco es especial. Y sí, lo era, incluso su historia es especial.
Si echamos la vista atrás, podemos apreciar una tendencia general en todas las marcas. Unas son claramente deportivas, otras buscan ser aspiracionales, otras ofrecen de todo un poco y hay quien es capaz de ofrecer algunos de los mejores coches polivalentes, y además, crear algunos de los mejores deportivos. Casi se podía decir lo que hace cada marca, o al menos antes sí se podía.
No obstante, en ocasiones, ya sea por cuestiones de marketing, porque lleva un nuevo director con ideas diferentes o vaya a usted a saber, se salen del camino y marcado con creaciones muy especiales. Creaciones como el Volvo 262C, la salida de tono más espectacular que tuvo la firma sueca en la década de los 70. Lo más curioso es que, en realidad, solo fue una subida de tono, pues está claro que se mira un Volvo desde el primer momento; es diferente, tiene personalidad e incluso tiene potencia visual, pero es un Volvo de pies a cabeza.
El origen del Volvo 262C tiene un origen, según revistas como Hagerty, bastante peculiar. En la década de los 70, Volvo aplicó un nuevo enfoque para la gestión de fábricas, la cual, se creía que mejoraba la calidad y la retención de personal. Para comprobarlo, Ford envió a un grupo de personas importantes, tales como Henry the Deuce con el objetivo de comprobarlo. Pero como los yankees son “muy suyos”, en lugar de alquilar un coche en Europa o incluso de usar un Volvo, se trajeron nada menos que varios Lincoln Mark IV para circular por Suecia.
Per Gyllehammar, CEO de Volvo por aquel entonces, no se tomó bien la forma de actuar de los estadounidenses y se puso furioso al ver el diseño de los Mark IV, así que puso a los diseñadores a trabajar y el resultado fue el Volvo 262C.
No se puede negar que es más que interesante y le añade más peso histórico al modelo sueco. Se puede decir que nació de un berrinche, ¿no? Se intentó replicar en Europa uno de los coches norteamericanos más espectaculares y, aunque se quedó lejos de las exageradas formas yankees, no se quedaba tan lejos en personalidad. De hecho, tienen mucho estilo custom, da la impresión de que tomaron un Volvo 264 y le hicieron un tradicional “top chop”. Se dice que fue diseñado por Bertone, pero en realidad, Bertone solo se encargó de la producción, el diseño es 100% Volvo.
Había dos opciones de motor a escoger, ambas de seis cilindros. Uno con 2.664 centímetros cúbicos y 127 CV a 5.750 revoluciones y 203 Nm a 2.750 revoluciones, y otro con 2.849 centímetros cúbicos y 145 CV a 5.700 revoluciones junto a 218 Nm casi al mismo régimen. No obstante, los datos del motor son mera curiosidad, pues según la fuente consultada, el motor tenía 140 CV o 150 CV… Y Volvo no ofrece datos concretos, solo cubicaje de los motores. De hecho, hay quien omite directamente la versión de 127 CV…


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS