Esta semana me planté en Castellón, invitado por Geely, para probar el Starray EM-i unas semanas después de aquella presentación en los platós de Netflix que ya os contamos en Espíritu Racer, y la verdad es que el coche me dejó con mejor sabor de boca del que esperaba, porque aunque me subí ya libre de prejuicios acerca de los coches chinos, el cacharrito funciona mejor que muchos en el segmento D.
El Starray EM-i no es un coche que te vaya a acelerar el pulso al verlo en un aparcamiento, y si lo hace, seguramente seas del tipo de personas que creen que coleccionar sellos es de lo más emocionante. No tiene líneas agresivas ni pretende parecer un deportivo camuflado de familiar. Las proporciones están equilibradas, el Cd aerodinámico de 0,288 delata las más de 2.000 simulaciones computacionales que Geely metió para pulir cada superficie, y los 264 LEDs del frontal proyectan un haz que supera los 180 metros de alcance. Todo muy correcto, muy medido, muy de ingenieros que saben lo que hacen.
Voy a arriesgarme con una etiqueta que igual suena rara: este es un coche para gente aburrida, pero lo digo en el mejor sentido posible, en el de quienes aprecian la rutina y la previsibilidad, porque por más que podamos gozar de un buen deportivo compacto los findes, de lunes a viernes lo que necesitamos es un coche fiable, cómodo, y cumplidor. El Starray EM-i va de eso, de cumplir, no de presumir.
Los datos de autonomía combinada rozan los 1.055 km según la homologación WLTP, el maletero traga 528 litros de lo que quieras sin abatir nada y la potencia combinada suma 262 CV entre el motor térmico y el eléctrico. Geely pide desde 33.490 euros, pero si se aprovechan las campañas promocionales y el Plan Auto+ el precio de entrada se queda en unos 26.000 o 27.000 euros, que es una cifra que es tentadora para lo que ofrece.
El motor tiene medio DNI español
El sistema híbrido enchufable del Starray EM-i combina un bloque de gasolina 1.5 de cuatro cilindros con 100 CV y un motor eléctrico síncrono de imanes permanentes que aporta 218 CV, y todo el conjunto va gestionado por una transmisión dedicada que reparte el trabajo con bastante inteligencia. El conjunto alcanza 262 CV de potencia combinada y 262 Nm de par máximo desde el lado eléctrico, así que la respuesta al acelerador es inmediata cuando circulas en modo EV y progresiva cuando el térmico entra en juego (y puedo dar fe). La aceleración de 0 a 100 se resuelve en 8 segundos con la batería pequeña y 8,2 con la grande, nada espectacular pero es más que suficiente para un coche que pesa 1.730 kg en su versión más ligera.
El detalle que a mí me parece más interesante es que el motor de combustión sale de Horse Powertrain, la joint venture entre Geely y Renault que tiene su sede en Madrid y produce motores en la planta de Valladolid. Vamos, que el corazón térmico de este SUV chino tiene raíces españolas, y es algo que Geely no se cansa de recordar porque le da legitimidad industrial europea. La eficiencia térmica del bloque alcanza el 46,5%, la cifra más alta en un motor de producción en serie según la marca, que es posible gracias a un sistema de combustión patentado que mejora la mezcla de aire y combustible para acelerar la tasa de combustión un 20%. Para que nos hagamos una idea: La eficiencia tradicional del motor de gasolina era del 30 %, y la del diésel, del 40 %.
Mi experiencia en Castellón fue breve, pero las impresiones de entrada son que la conducción es suave y el coche responde bien para su tamaño. Las transiciones entre motor eléctrico y térmico pasan desapercibidas la mayor parte del tiempo, algo que no siempre consiguen los PHEV del segmento, y la dirección eléctrica con asistencia variable transmite suficiente información sin resultar pesada en los tramos urbanos. El radio de giro de 5,2 metros ayuda bastante a maniobrar un coche de 4,74 metros en calles estrechas o cambios de sentido arriesgados, y la suspensión trasera independiente de cuatro brazos filtra las irregularidades con un aplomo propio de coches de segmentos más adinerados.
Geely ofrece dos opciones de batería: la 18,4 kWh para el acabado PRO y la 29,8 kWh para los PRO+ y MAX+. La autonomía eléctrica en ciclo combinado WLTP es de 83 km con la pequeña y 136 km con la grande, pero las cifras en ciclo urbano suben a 112 y 184 km respectivamente gracias a la regeneración. En mi experiencia, la autonomía es como el algodón de TENN y no engaña, porque rodé en modo eléctrico durante buena parte de la prueba y la autonomía bajaba a un ritmo aceptable según mi ojímetro. La carga rápida en corriente continua admite hasta 60 kW con la batería grande y permite pasar del 30% al 80% en 16 minutos, así que las paradas en viajes largos no dan palo.
Tecnología de la que no necesita manuales
El interior del Starray EM-i gira alrededor de una pantalla central masiva de 15,4 pulgadas con resolución 2.5K que controla multimedia, navegación, climatización y asistentes de conducción. La instrumentación digital de 10,2 pulgadas complementa el conjunto y la versión MAX+ añade un head-up display de 13,8 pulgadas que proyecta la información relevante en el parabrisas. Geely organiza toda la información bajo un concepto ergonómico que llama “Golden Triangle” (perdón por el anglicismo, pero es el nombre oficial) para mantener los datos importantes dentro del campo de visión del conductor sin necesidad de desviar la mirada.
Los comandos por voz fueron una de las sorpresas agradables de la prueba porque el sistema responde al comando “Hola Geely” y entiende lenguaje natural con una fluidez que compensa bastante la falta epidemia de falta de botones físicos que asola los coches modernos. Pude cambiar la temperatura, buscar destinos y ajustar modos de conducción sin tocar la pantalla, y la latencia era mínima. La conectividad incluye Apple CarPlay, Android Auto, 4G y wifi a bordo, además de actualizaciones remotas OTA que mantienen el sistema actualizado sin pasar por el taller.
El equipo de sonido Flyme Sound de la versión MAX+ merece su párrafo aparte porque la calidad me sorprendió de verdad. Son 16 altavoces y 1.000 vatios de potencia que llenan el habitáculo con una definición y una amplitud que no esperaba encontrar en un coche de menos de 38.000 euros. No voy a decir que compite con un Harman Kardon o un Bowers & Wilkins de gama alta porque no estoy seguro, pero sí puedo decir que le enchufé una de Motley Crüe a todo lo que daba y la nitidez era espectacular.
Los materiales del interior transmiten una sensación de calidad muy lograda y alejada del sambenito aquel que arrastraban los coches chinos hace un par de años, con superficies suaves al tacto y un volante de cuero calefactado que resulta agradable. Los asientos, que está diseñados según la ergonomía de una silla tradicional china (Geely habla de la silla “Taishi”), reducen la presión lumbar y la tensión en hombros según la marca. La versión MAX+ añade asientos delanteros ventilados con función masaje, memoria de posición, y en el caso del acompañante… ¡reposapies! Que es algo que en la competencia europea suele ser un extra de pago considerable.
Espacio para familias de todo tipo
La distancia entre ejes de 2.755 mm se traduce en un habitáculo con unas cotas generosas, sobre todo en las plazas traseras. La altura libre trasera de 1,2 metros permite que los que iban para jugadores de la ACB viajen sin agachar la cabeza, el suelo es completamente plano (algo que muchos SUV del segmento no pueden presumir) y la anchura a la altura de los hombros alcanza los 1.449 mm. Geely afirma que la tasa de espacio útil es del 84,3%, que es una cifra que haría del Starray EM-i una referencia dentro de su categoría.
El maletero de 528 litros es generoso para el segmento y crece hasta los 2.065 litros abatiendo los asientos traseros, con un portón de 1.122 mm de anchura y un umbral de carga a 761 mm del suelo. La versión MAX+ incluye apertura y cierre eléctrico del portón. Además, los ingenieros han repartido más de 30 soluciones de almacenamiento por todo el habitáculo (compartimentos, bandejas, huecos bajo el suelo del maletero con 100 litros adicionales) porque la gente que compra este tipo de coche necesita sitio para todo lo que lleva encima a diario.
La seguridad es otra razón de peso para echarle un vistazo, porque el Starray EM-i se ha ganado 5 estrellas EuroNCAP y viene de serie con seis airbags, frenado automático de emergencia, control de crucero adaptativo, mitigación de colisión frontal y trasera, detección de ángulo muerto y cámara panorámica 360 grados, entre otros. La arquitectura GEA sobre la que se construye el coche integra la batería directamente en el chasis mediante la tecnología Cell to Body (CTB), lo que aporta rigidez estructural y mejora la disipación térmica. La distancia de seguridad entre el depósito de combustible y la batería es de 140 mm, más del doble de lo habitual en el segmento según Geely, y es algo crucial cuando hablamos de un PHEV que combina ambos sistemas de almacenamiento energético. Lotus, que pertenece al mismo grupo, colaboró en la puesta a punto del chasis desde el centro de ensayos de Geely en Frankfurt.
La funcionalidad V2L y V2V con una potencia máxima de 6,6 kW permite usar el coche como fuente de energía para dispositivos externos u otros vehículos, algo que resulta tremendamente útil en acampadas, cortes de suministro o situaciones en las que necesitas enchufar algo y no tienes una toma cerca. El Starray EM-i viene de serie con esta función en todas las versiones.
Un precio para callar a los descreídos
La gama se estructura en tres acabados con nombre de smartphone: PRO (33.490 euros), PRO+ (35.990 euros) y MAX+ (37.990 euros). El PRO lleva la batería de 18,4 kWh y los otros dos montan la de 29,8 kWh, pero si quieres una chuleta, apunta: en Geely, “plus” siempre se refiere a la batería gorda. El precio de lanzamiento del PRO baja hasta 26.215 euros con impuestos incluidos y mediante las campañas promocionales y el Plan Auto+, que es una cantidad que sitúa a este SUV híbrido enchufable de 4,74 metros en territorio de la menguante clase media. Geely acompaña la oferta con una garantía de 8 años o 200.000 km tanto para el vehículo como para la batería, tres años de asistencia en carretera 24/7 y dos años de conectividad 4G con 2 GB mensuales sin coste adicional.
La competencia directa incluye al BYD Seal U DM-i, al Toyota RAV4 Plug-In Hybrid, al Kia Sportage PHEV y al Hyundai Tucson PHEV, y todos ellos cuestan más en sus configuraciones equivalentes y ninguno ofrece una autonomía combinada que supere los 1.000 km de forma tan holgada. El MG HS enchufable juega en un rango de precio similar, pero se queda corto en autonomía eléctrica y equipamiento de serie. Puede que Geely llegue tarde al mercado español, pero la propuesta del Starray EM-i compensa esa falta de rodaje comercial con una relación calidad-precio que se carcajea de muchos.
El equipamiento de serie desde la versión PRO ya resulta completo al incluir faros y pilotos LED, volante calefactado, asientos delanteros calefactados con ajuste eléctrico, climatizador automático con bomba de calor, pantalla de 15,4 pulgadas, Apple CarPlay, Android Auto, cámara 360 grados y el paquete completo de ADAS. Subir a la MAX+ añade el techo panorámico, el portón eléctrico, la iluminación ambiental de 256 colores, los asientos ventilados con masaje, el head-up display, el equipo Flyme Sound y las llantas de 19 pulgadas. La diferencia entre la versión de entrada y la tope de gama son apenas 4.500 euros en realidad, así que la tentación de irse arriba es considerable.
Geely no no promete emociones con el Starray EM-i, de hecho, te vende un coche familiar, para el día a día. Ese coche anodino que te acompaña en lo bueno y en lo malo, el coche de papá, y esa honestidad en el planteamiento es su mayor virtud para su público. Es un SUV familiar bien hecho, eficiente, espacioso y equipado hasta las cejas que llega al mercado con un precio “complicado” para la competencia. La red de concesionarios aún está en construcción (Geely apunta a 100 puntos de venta en 2027) y es la única reserva razonable de un producto que en sí no da motivos para la desconfianza. La gente “aburrida”, la que valora un coche que funcione, tiene un candidato nuevo y muy convincente.

















Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS