En tiempos de nuevo Ferrari Testarossa, el recuerdo de la saga que lo inició todo

En tiempos de nuevo Ferrari Testarossa, el recuerdo de la saga que lo inició todo

El nuevo 849 es el disparador perfecto para rememorar a los prototipos de competición donde se originó el nombre


Tiempo de lectura: 3 min.

Cuando el nombre regresa, los hipercoches callan y las berlinettas toman la palabra. Si la reaparición que trasciende es la que corre por cuenta de algún estudio de diseño extraoficial, como fue el caso del restomod blanco de Officine Fioravanti, ¿qué decir cuando a esas diez letras inoxidables las volvemos a leer porque así lo desea la propia casa de Maranello? El nuevo Ferrari Testarossa, el Ferrari 849 Testarossa, abre una retrospectiva inevitable.

No, no retrospectiva, sino un salto al pasado sin escala, porque, en definitiva, aquí y ahora no es la idea pasar por el ícono de los años ochenta, al que toca mencionar solo por la nominación y el origen de la nominación. Y el origen descansa, hasta que se lo invoca por vez incierta, en la década del cincuenta. La excusa perfecta para ir más allá del dato de color, más allá del ¿sabías qué…? fugaz, porque los tifosi conocerán la historia, pero no todo el mundo se viste de rojo. Vestirse de rojo, he ahí la cuestión.

El coche es el Ferrari 250 Testa Rossa, pero el antecesor inmediato a la par de su importancia, así también como un derivado para complementar la saga. Hoy, un prototipo heritage, que no necesita presentación en los reductos de su vida actual. Concursos de Elegancia, subastas por millones… Sus zonas de confort producto de la historia escrita por sus años de competición, resumidos en títulos mundiales y victorias en Le Mans entre finales de dicha década y los albores de los sesenta.

Un V12 mejorado en relación con el del Ferrari 250 GT, para alcanzar los 300 caballos de potencia, y con una cilindrada 3.0 motivada por el fabricante italiano para responder a las, en aquel entonces, nuevas normativas de la FIA para el campeonato de resistencia, que impusieron un máximo de tres litros de desplazamiento. En el Testa Rossa, solo la tapa de los balancines se aplicaron en rojo, pero la insignia ya estaba establecida y el destino escrito.

Testarossa: la saga génesis de un nombre icónico

Fue el Ferrari 500 TR, sucesor del 500 Mondial –el que inició el camino de la marca modenesa en los motores de cuatro cilindros y el que en su nombre rendía homenaje a los dos títulos consecutivos de Fórmula 1 de comienzos de los cincuenta–, el que, con casi idéntica figura, mismos dos litros y unos diez caballos extra, dio la nota estética donde menos se supone que le corresponde a un coche.

La configuración de un motor deriva en conversaciones y análisis sobre desempeño y poder de fuego, más cuando hablamos de prototipos nacidos para las carreras como estos spider de dos asientos. Sin embargo, en esta saga, y desde el 500 TR para ser exacto, hablar del cuatro cilindros es hablar primero sobre lo que se ve y luego sobre lo que se experimenta. Claro, la existencia del Testarossa 1984 –y ahora la creación del nuevo Ferrari Testarossa– aporta al sentido, a la trascendencia de un detalle que, en otro contexto, no merecería mucho más que una simple apreciación.

El 500 TR fue el resultado de una serie de optimizaciones mecánicas, pero ante todo fue el prototipo fundacional para esas dos siglas que constituyen su apartado más identitario, porque en él Ferrari instaló, diferenciándolo del Mondial, las culatas del motor pintadas de rojo. Un camino de ida para marcar época, porque acto seguido llegaría el 500 TRC, que alteraba la nomenclatura por tratarse de una versión destinada a cumplir con el anexo C del Código Deportivo Internacional, y que agrandó la cabina y amplió el parabrisas por todo el ancho.

COMPARTE
Sobre mí

Mauro Blanco

Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.

COMENTARIOS

avatar
2000
  Suscribir  
Notificar de


NUESTRO EQUIPO

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

Redaccion

Jesus Alonso

Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

Javier Gutierrez

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.