Mercedes-AMG Black Series vuelve, ¿pero con qué motor?

Mercedes-AMG Black Series vuelve, ¿pero con qué motor?

Lo ideal sería un híbrido, pero parece que AMG está pensando en otra cosa


Tiempo de lectura: 10 min.

Mercedes ha confirmado que habrá nuevos Black Series, y eso no es moco de pavo, porque la saga más salvaje jamás parida por AMG lleva desde 2021 sin hacer acto de presencia. Se despidió cuando el GT Black Series dejó el listón en 730 CV y un récord de Nürburgring de 6:43.616 que puso de rodillas a superdeportivos de motor central. Michael Scheibe, el CEO de AMG, ha dicho ahora a Car and Driver que la Black Series seguirá viva porque es una marca tan fuerte que es una obligación, y además ha añadido algo que suena a amenaza: “Tiene que ser radical”.

Radical. Esa palabra lo cambia todo, porque el mundo del automóvil de altas prestaciones ya no es el que era cuando el último Black Series salió de Affalterbach aunque solamente hayan pasado cinco años. Los eléctricos han dejado de ser experimentos y los híbridos enchufables ya mueven hipercoches como el Mercedes-AMG ONE, así que la pregunta no es si habrá un séptimo Black Series, sino qué corazón va a latir debajo de ese capó.

Seis generaciones de quitarse el sombrero

La saga arrancó en 2006 con un SLK 55 del que solo se fabricaron 120 unidades, y era un coche tan discreto que ni se vendió en Estados Unidos. El concepto era sencillo pero contundente y se trataba de coger un Mercedes de dos puertas, arrancarle todo lo superfluo, meterle una suspensión de competición y potenciar el motor hasta que los ingenieros de Affalterbach dijeran basta. El techo retráctil del SLK se fue a la basura y Fischer (sí, los de los esquís) fabricó uno fijo de fibra de carbono que ahorraba 80 kilos de un plumazo.

El CLK 63 de 2007 fue el que convirtió el Black Series en leyenda gracias al M156, el primer motor diseñado íntegramente por AMG, que entregaba 507 CV en un V8 atmosférico de 6,2 litros con un corte de inyección a 7.200 rpm, mientras que la carrocería se ensanchaba 75 milímetros por delante heredando la silueta del CLK de DTM. Jeremy Clarkson compró uno y dijo que la vida no estaba completa sin él, así que imagina el nivel.

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El SL 65 de 2009 llevó la locura al extremo con un V12 biturbo de 670 CV y 1.000 Nm de par (limitados electrónicamente, porque sin limitador el motor generaba unos 1.200 Nm que habrían reventado la transmisión), y el C 63 de 2012 democratizó la fórmula con unas 800 unidades y el precio de entrada más bajo de la familia, así que por primera vez un Black Series quedaba al alcance de algo más que coleccionistas de alto nivel.

El SLS AMG con sus puertas de ala de gaviota se ganó el título de joya de la corona gracias a sus 631 CV atmosféricos, sus apenas 350 unidades y una cotización actual que ronda los 627.000 euros de media, casi el triple de lo que costó en su día. El AMG GT cerró la saga en 2021 con el mayor salto tecnológico de todos, porque sumaba aerodinámica activa, cigüeñal plano (una primicia para un V8 de AMG), control de tracción de nueve etapas y más de 400 kilos de carga aerodinámica a 250 km/h, y Maro Engel lo llevó a ese 6:43 en Nürburgring con tramos húmedos y 7 grados de temperatura, así que el coche iba sobrado.

El candidato eléctrico que nadie esperaba… y a saber cuántos querían

Car and Driver apunta al Concept AMG GT como posible base del próximo Black Series, y más de uno se va a llevar un disgusto gordo porque ese prototipo es completamente eléctrico. AMG lleva años tanteando la electrificación sin dar el paso definitivo, pero un Black Series eléctrico encajaría con la dirección que las marcas de ultralujo están tomando y que consiste en coger nombres míticos, enchufarles una batería y dejarlos para el sector más convencido.

La tecnología ya está ahí, porque el Mercedes-AMG ONE demostró que la marca puede meter un motor de Fórmula 1 en un coche de calle, así que la capacidad de ingeniería no es el problema. Un Black Series eléctrico tendría ventajas brutales en circuito, como el par instantáneo desde parado, la vectorización de par entre ejes con una precisión imposible para un diferencial mecánico y la posibilidad de jugar con la regeneración como herramienta de frenado, aunque el problema gordo es el peso, porque los Black Series siempre han sido coches aligerados hasta la obsesión (el SLS pesaba 1.550 kilos gracias a su estructura de aluminio y sus paneles de carbono) y un paquete de baterías con autonomía suficiente para sesiones de circuito serias tira por tierra esa filosofía.

Black Series eR febrero 2026 (3) La salida más lógica sería que AMG apostase por una batería pequeña optimizada para rendimiento puro en lugar de autonomía, algo parecido a lo que hacen los prototipos de resistencia eléctricos, donde la prioridad es la densidad de potencia y la refrigeración antes que los kilómetros de alcance. Eso permitiría mantener el peso en cifras razonables sin renunciar al empuje eléctrico, aunque los propietarios tendrían que asumir que su Black Series no va a cubrir 400 kilómetros con una carga.

También está la cuestión del sonido, porque el rugido del V8 AMG es una seña de identidad tan potente como las propias prestaciones y un Black Series silencioso perdería una parte importante de su personalidad. Mercedes podría optar por algún sistema de sonido artificial al estilo del que prepara Ferrari para el sucesor eléctrico del LaFerrari, pero eso casaría bastante mal con la filosofía de un coche que siempre ha ido de autenticidad y rendimiento sin trampas.

La vía híbrida permitiría tenerlo todo

La opción que quizá resulte más convincente sería un híbrido enchufable de altas prestaciones, porque AMG ya tiene experiencia con la tecnología E Performance, que combina motores de combustión con unidades eléctricas en el eje trasero. El resultado en coches como el GT 63 S E Performance es demoledor, con más de 800 CV combinados y par eléctrico que rellena los huecos del turbo, así que un Black Series con esta base tendría lo mejor de ambos mundos sin renunciar al sonido ni a la autonomía de un motor de combustión.

El precedente más cercano es el propio AMG ONE, que mezcla un motor 1.6 V6 turbo de F1 con cuatro motores eléctricos para sumar más de 1.000 CV, y aunque un Black Series híbrido no necesitaría llegar tan lejos, podría aprovechar esa arquitectura para superar los 800 CV manteniendo el peso por debajo de los 1.700 kilos con una estructura de carbono. La carga aerodinámica activa que debutó en el GT Black Series evolucionaría con seguridad, porque esa tecnología ya demostró que un coche con motor delantero podía generar niveles de apoyo propios de un GT3 de carreras.

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El híbrido resolvería además el problema de la consistencia en circuito, porque las baterías actuales de los coches eléctricos de altas prestaciones sufren con el uso intensivo en pista (se sobrecalientan, la potencia cae y las sesiones se acortan), mientras que un híbrido mantiene el rendimiento estable vuelta tras vuelta porque el motor de combustión lleva el peso principal y el eléctrico actúa como refuerzo puntual. Para un coche que nació pensando en Nürburgring, esa consistencia vale más que cualquier cifra de potencia máxima.

La gran duda es si AMG se atrevería a prescindir del V8 biturbo en favor de un seis cilindros más ligero con mayor apoyo eléctrico, porque el seis en línea de 3.0 litros de AMG ya rinde más de 400 CV en versiones de serie y con hibridación agresiva podría superar los 800 CV combinados con menos peso y mejor distribución de masas. Perder dos cilindros en un Black Series sería un golpe emocional difícil de digerir para los puristas, aunque la ganancia en eficiencia del conjunto podría justificarlo si los tiempos en Nürburgring respaldan la decisión.

Lo que no puede cambiar

Sea cual sea el tren motriz, hay reglas del Black Series que son innegociables si AMG quiere mantener la coherencia de casi dos décadas de historia. Solo coches de dos puertas, porque nunca ha habido un Black Series de cuatro y sería una traición al concepto, además de una reducción de peso agresiva, ya que la saga siempre ha tratado de quitar kilos con la misma obsesión con la que añadía caballos. La suspensión de competición ajustable, la aerodinámica funcional (no decorativa) y un interior despojado de lujos que no aporten nada al rendimiento completan una receta que no admite atajos.

La producción limitada es otro pilar fundamental, y aunque el AMG GT Black Series fue el más numeroso con unas 1.700 unidades, eso sigue siendo una gota en el océano comparado con la producción normal de Mercedes. AMG tendrá que equilibrar la exclusividad con la rentabilidad del proyecto, sobre todo si la inversión en tecnología eléctrica o híbrida dispara los costes de desarrollo, pero la experiencia dice que la demanda de Black Series siempre ha superado la oferta.

AMG Black Series eR febrero 2026 (2) El precio es la otra incógnita, porque el GT Black Series partía de unos 360.000 euros en Europa y los ejemplares de segunda mano ya se mueven por encima de los 400.000, así que un séptimo Black Series con tecnología híbrida avanzada o eléctrica podría superar fácilmente los 500.000 euros y entrar en territorio de hipercoches puros. Pero si los Black Series anteriores han demostrado algo, es que la revalorización compensa, porque el SLS ha triplicado su precio original en apenas una década y los compradores de este tipo de coches saben que no están tirando el dinero.

Lo fascinante del mercado de los Black Series es que cada generación se ha revalorizado por motivos distintos: el SLK por su extrema rareza, el SL 65 por su V12 biturbo irrepetible, el SLS por la combinación de puertas de gaviota y V8 atmosférico, y el AMG GT por su récord de Nürburgring. El séptimo tendrá que encontrar su propia razón para pasar a la historia, y ser el primer Black Series electrificado podría ser precisamente eso.

El séptimo capítulo está a punto de escribirse

AMG tiene por delante el reto más difícil de toda la historia del Black Series, porque no se trata solo de hacer un coche más rápido que el anterior, sino de redefinir lo que significa “radical” cuando el V8 atmosférico ya es historia y la electrificación avanza a un ritmo que nadie preveía hace cinco años. El concepto AMG GT eléctrico sería la apuesta más valiente, pero el híbrido de altas prestaciones parece la opción más equilibrada entre rendimiento puro, consistencia en circuito y respeto a la herencia sonora de la marca.

Lo que está claro es que Scheibe y su equipo saben que no pueden conformarse con un restyling agresivo y unos caballos extra, porque los seis Black Series anteriores fueron cada uno más ambicioso que el anterior y el séptimo tiene la obligación de dar un salto que justifique el regreso tras cinco años de silencio. La saga que empezó con un “modesto” SLK de 400 CV y un techo de fibra de carbono fabricado por una empresa de esquís merece un capítulo a la altura, y AMG lo sabe, así que por eso se está tomando su tiempo para resurgir.

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Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.

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