El A2 original fue uno de esos coches que llegaron demasiado pronto para su época: ligero, eficiente, con una carrocería monovolumen de aluminio que no parecía de este mundo a finales de los noventa, y que el mercado nunca terminó de entender del todo. Audi lo rescata ahora como eléctrico, con el nombre oficial ya confirmado y presentación prevista para este otoño. Veinte años después, la idea tiene bastante más sentido.
Un nombre con historia y una plataforma muy conocida
El A2 E-tron llegará este año para ocupar el hueco que dejarán el A1 y el Q2 cuando se descontinúen, así que Audi mata dos pájaros de un tiro y reemplaza sus dos modelos de acceso con uno solo que recupera un nombre con peso propio en la historia de la marca. La producción será en Ingolstadt, la ciudad natal de Audi, y el precio de salida apunta a menos de 30.000 euros, que para un Audi eléctrico nuevo es una cifra que no se había visto hasta ahora.
La base mecánica es la plataforma MEB del Grupo Volkswagen, la misma que usa el ID.3, así que el parentesco técnico con el compacto eléctrico de Wolfsburg será evidente. Eso no es ningún problema porque el MEB es una plataforma madura y bien resuelta, pero sí explica que Audi haya puesto tanto énfasis en el diseño y en la eficiencia aerodinámica para diferenciarlo de lo que ya existe dentro del grupo.
La silueta es donde está la gracia del asunto, porque las imágenes de mulas de prueba apuntan a una carrocería con influencias de crossover y elementos de monovolumen que reproduce bastante fielmente el perfil del A2 original. Según Audi, esa forma no es solo un guiño nostálgico sino una decisión técnica: la misma búsqueda de eficiencia aerodinámica que llevó al A2 de 1999 a tener esa carrocería tan peculiar es la que ha dado forma al eléctrico de 2026.
El consejero delegado Gernot Döllner lo resume como un coche compacto por fuera y espacioso por dentro, posicionado en lo que Audi llama el segmento A, que equivale al espacio que ocupa el A3 y el Q3. La promesa es que sea el punto de entrada más accesible a la gama eléctrica de la marca, y que ese acceso no implique renunciar a nada importante en el día a día.
¿Qué tiene que demostrar Audi?
El A2 original fue un experimento adelantado a su tiempo que no cuajó en ventas pero que dejó una huella técnica importante en la historia de la marca. Audi lo reconoce explícitamente y describe el uso del nombre como un guiño deliberado al predecesor, con la intención de continuar su misión original: hacer un coche de entrada que no pida disculpas por serlo, sino que justifique su existencia con argumentos reales de eficiencia y habitabilidad.
La estrategia tiene lógica dentro del contexto actual del mercado eléctrico, donde las marcas premium llevan años luchando con el problema de que sus eléctricos cuestan bastante más que sus equivalentes de combustión y alejan a compradores que antes entraban a la marca por la puerta de un A1 o un A3. Un eléctrico por debajo de 30.000 euros con el escudo de los cuatro aros cambia ese planteamiento de raíz.
El detalle de fabricarlo en Ingolstadt también es relevante porque Audi lleva tiempo ajustando su producción europea y concentrar el A2 en su sede histórica es una señal de que la marca le da al coche más importancia estratégica de la que podría parecer a primera vista. No es un proyecto subcontratado ni una variante de algo que ya existe, sino un modelo propio con nombre propio y fábrica propia.
La presentación oficial llega este otoño, así que los precios y especificaciones definitivas todavía no están sobre la mesa. Lo que sí está claro es que Audi necesita este coche para que su ofensiva eléctrica llegue a más gente, y que el A2 original, pese a sus escasas ventas, tiene la clase de reputación entre entendidos que convierte su regreso en algo más que un simple lanzamiento de gama baja.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.