Si pensabas que lo más peligroso que podías hacer en un bar era pedir la última ronda antes de que cerraran, prepárate para conocer la Hoss Fly, porque estamos hablando de un taburete de bar montado sobre un motor V8 Chevrolet de 5.7 litros. No es una broma, ni un render de algún iluminado en Instagram. Esta es una bestia mecánica real que tiene mejor relación peso-potencia que un Fórmula 1 y que te permite ir a por otra cerveza con 250 caballos masajeando tus partes nobles.
Detrás de esta locura están los mismos tíos que fabrican las Boss Hoss, unas motos con motor de coche que ya de por sí son un insulto a la lógica, y la Hoss Fly es su forma de decir que si tienes suficiente dinero y muy poco aprecio por tu integridad física, puedes convertir el mueble más mundano de tu casa en un vehículo capaz de remolcar una tonelada. Es el juguete definitivo para los que valoramos el talento mecánico puro por encima de las puntuaciones de la EuroNCAP.
Hierro americano y un asiento sobre el carburador
Montar en esta cosa es lo más parecido a cabalgar un misil de feria, aunque seguramente el misil sea más sensato. El chasis es básicamente una estructura de acero tubular que abraza un bloque Chevrolet 350 “crate engine” (o sea, de posventa) que escupe fuego por unos colectores cortos que para mayor mérito van sin silenciadores. El asiento es un taburete acolchado que va atornillado directamente sobre el filtro de aire y justo detrás de un volante de madera Grant GT que parece sacado de un deportivo de los 70.
La transmisión es hidrostática, lo que significa que solo tienes dos pedales: uno para ir hacia adelante y otro para la marcha atrás, y ya. No hay marchas que cambiar, solo una entrega de par que te garantiza que, si no tienes cuidado, vas a acabar estampado contra la pared del garaje más rápido de lo que tardas en decir “brutal”. Las llantas de aleación calzan unos neumáticos tipo “slick” de carreras, porque si vas a jugarte el tipo en un taburete, al menos que sea con agarre de competición.
Todo en este aparato es un despliegue de piezas de calidad que harían llorar de envidia a cualquier preparador de hot rods cuando lleva una admisión de aluminio Edelbrock, un carburador Holley de cuatro cuerpos y un radiador de aluminio pulido montado en la parte trasera con su propio ventilador eléctrico para que el motor no se derrita mientras tú te luces. Es una oda al exceso mecánico, una pieza rara porque sí.
Aunque su velocidad máxima está limitada a unos 40 km/h por el tipo de transmisión (y mejor, dada la batalla), la sensación de tener un V8 rugiendo entre tus piernas es algo que ningún SUV moderno podrá igualar jamás. Tiene una capacidad de remolque tal que podrías usarlo para mover un barco. A este bicho se le aplica la famosa frase de “Parque Jurásico”, esa que decía que hay que plantearse si es buena idea hacer algo solamente porque se pueda.
El club de los que tienen más motor que cerebro
Para tener una de estas en el garaje hay dos caminos: o comprar el kit y buscarte la vida con el motor, o comprarla ya montada como el modelo que acaba de salir a la venta en Silodrome. Jay Leno ya tiene una y dice ser el presidente del club de “los que tienen más dinero que cerebro”. No parece un mal club.
El depósito de combustible es de aluminio hilado y tiene capacidad para 19 litros, que dan de sobra para dar unas cuantas vueltas y dejar sordo a todo el vecindario, aunque en realidad es un vehículo diseñado para recintos cerrados, ferias y para dejar claro que las normas de seguridad son, a veces, sugerencias muy aburridas para la gente que tiene talento de verdad.
Lo mejor es que, a pesar de su apariencia de juguete, los componentes son de primera. El motor de arranque es un Power Master XS, los colectores llevan recubrimiento cerámico y las protecciones cromadas hacen que no te quemes las piernas mientras conduces. Es una pieza de ingeniería seria disfrazada de broma de borrachos a las 10 de la noche, y eso es precisamente lo que la hace tan especial. Esta cosa no es nada más que una celebración del motor V8 en su forma más pura y absurda.
Personalmente, me quito el sombrero ante los creadores de la Hoss Fly, porque el que alguien fabrique un taburete que suena como un coche de la NASCAR es un acto de resistencia poética, y si tuviera que elegir una forma de moverme por mi oficina imaginaria, no tengo dudas de que sería sobre este bloque de hierro americano, desafiando cada norma de prevención de riesgos laborales.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.COMENTARIOS