Desde que SEAT entró en la órbita de Volkswagen, siempre se habló de un talante deportivo que nunca acabó por adoptar del todo. Ofreció versiones deportivas que se ganaron el respeto de todos los aficionados, tuvo algunos diseños que han quedado en la memoria de todos los aficionados y presentó algunos prototipos que hacían presagiar lo mejor, pro nunca se llegó hasta el final; faltó algo…
Lo que faltó, básicamente, fue un modelo realmente deportivo, un coche como el SEAT CUPRA GT puesto en circulación, o al menos, haber contado con algún coupé en la gama. Habría sido genial haber visto en producción algún modelo que recuperara el espíritu de aquellos coupé que puso en circulación, cuando fabricaba modelos de FIAT bajo licencia. ¿Quién no se acuerda del SEAT “Bocanegra”? ¿Y del SEAT 124 Sport? No está de más tampoco recordar el SEAT 128, un coche realmente infravalorado, y por supuesto, no podemos olvidar el SEAT 850 Coupé y su hermano, el SEAT 850 Sport Coupé.
El SEAT 850 Coupé llegó al mercado en 1967, cuando el SEAT 600 dominaba las carreteras españolas sin oposición (y eso que llevaba 10 años en el mercado). Como cabe esperar, no era un modelo que se pudiera comprar cualquier “currito”, ni mucho menos, era un coche de alta standing, un modelo de cierto lujo que hizo soñar a muchos aficionados de la época. Era miembro de la familia del SEAT 850, el coche que estaba destinado a reemplazar al 600, pero que finalmente acabó conviviendo con el “Pelotilla”. El “Ocho y medio” contó con una gama bastante completa, ofreciendo versiones que no llegaron a ofrecerse en Italia, como el cuatro puertas con la batalla alargada.
Técnicamente, el SEAT 850 Coupé empleaba las soluciones más de moda en aquellos años. Era, como se suele decir, un todo atrás: motor, propulsión y caja de cambios situados en la parte trasera (el motor colgado por detrás del eje trasero). Como el nombre del modelo indica, no era un propulsor especialmente grande, tenía 843 centímetros cúbicos de modelo de dos puertas, pero contaba con más compresión, árboles de leva con más cruce, colectores de escape específicos y un carburador doble Weber, que le permitía rendir 47 CV a 6.200 revoluciones y un par de 60 Nm a 3.600 revoluciones. Para entonces, no estaba mal y se podía considerar deportivo, además, solo pesaba 700 kilos, lo que permitía anunciar una velocidad máxima de 140 km/h. En las pruebas de la época se destacaba la necesidad de exprimir el motor para lograr unas buenas prestaciones
Las suspensiones recurrían a un sistema puntero para la época. Delante empleaba un esquema de brazos independientes con ballesta transversal y barra estabilizadora, mientras que atrás montaba brazos oscilantes, muelles helicoidales y barra estabilizadora. La dirección, sin asistencia, era de tornillo sinfín y montaba frenos de disco en las ruedas delanteras.
El precio era muy alto para la época: 105.000 pesetas, una locura cuando un SEAT 600 apenas superaba las 65.000 pesetas. No hace falta hacer una conversión a Euros ni sumar inflación, para darse cuenta de la notable diferencia de tarifas entre uno y otro. Por su parte, el SEAT 850 de dos puertas costaba 80.000 pesetas. Resumiento, era caro, muy caro.
Llegado 1969, el SEAT 850 Coupé abandonó la línea de montaje y su lugar lo ocupó el SEAT 850 Sport Coupé, que era algo más potente, más rápido y, obviamente, más caro.
Como curiosidad, puedes descargarte el catálogo del SEAT 850 Coupé en PDF pinchando aquí.
Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. También he escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS