El Mercedes E320 se posicionaba, en 1997, como una de las opciones intermedias en la gama aunque, todo sea dicho, era tremendamente caro: 8.450.000 pesetas, unos 50.785 euros de aquella época –hoy, con la inflación, serían más de 90.000 euros–. No obstante, aunque caro, presumía de un nuevo motor V6 atmosférico, una calidad general excepcional y unas cualidades dinámicas como solo hacía Mercedes en los años 90.
La década de los 90 vivió un momento de transiciones. Por un lado, los motores gasolina, que había dominado las calles durante más de 50 años, dejaban su lugar a la tecnología turbodiésel. Al mismo tiempo, los coupés vivían el que sería su último suspiro y uno de sus mayores momentos de esplendor, aparecía la cuarta generación del Volkswagen Golf, la primera entrega del Ford Focus y se lanzaba uno de los mejores BMW de la historia, el E39, la cuarta generación del BMW Serie 5. Si esto fuera poco, Mercedes reemplazaba al W124, uno de los coches más valorados de la firma,
Fueron años con cambios importantes, no cabe duda. Hubo tantos cambios, que hasta se rompieron algunos moldes, como el estreno de un motor V6 gasolina por parte de Mercedes. Salvo en competición, la firma alemana no había tenido motores de seis cilindros en V, esa disposición se guardaba para los motores de ocho cilindros y para la estrella de la corona, el doce cilindros. La llegada del V6 fue vista con cierta sorpresa por la prensa y no se tardó en ver pruebas en infinidad de revistas, no en balde, el motor se estrenó sobre la base del Clase E W210, un modelo que destacó por su equilibrio general y por ser un digno sucesor del W124.
No había diferencias estéticas entre el Clase E V6 y el equipado con el seis cilindros en línea, los cambios se notaban al conducir
Dicho motor V6, de diseño totalmente nuevo, tenía 3.199 centímetros cúbicos, 18 válvulas –tres válvulas por cilindro–, inyección multipunto y un solo árbol de levas por culata. La potencia anunciada era de 224 CV a 5.600 revoluciones y 315 Nm de par entre 3.000 y 4.800 revoluciones. Según Mercedes, el cambio del seis en línea al V6 se debía a un objetivo prioritario: reducir emisiones hasta quedar por debajo de lo que exigían las futuras normas europeas y para ello, se optó por la culata de tres válvulas por cilindro –según informó la marca, se perdía menos calor que con una de cuatro y el catalizador hacía su trabajo en menor tiempo– y se montaba un sistema de encendido con dos bujías por cilindro. También era la primera vez que Mercedes usaba esa disposición de bujías.
El motor se combinaba con un cambio automático de cinco relaciones, cuya última marcha tenía un desarrollo larguísimo: 47,9 kilómetros/hora por 1.000 revoluciones. Obviamente, un desarrollo tan largo tenía un motivo: reducir consumos en carretera. Las cifras que prometía la marca eran de 7,5 litros en carretera, un dato que no estaba mal para un coche de casi 1.600 kilos con motor de 3,2 litros. Además, también se permitía el lujo de ser rápido. El 0 a 100 kilómetros/hora lo completaba en menos de ocho segundos, el 0 a 1.000 metros se hacía en 28,6 segundos, el 80 a 120 kilómetros/hora en 5,5 segundos y la velocidad máxima era de 238 kilómetros/hora.
Por supuesto, como buen Mercedes de los 90, el E320 presumía de unos andares de auténtica referencia: estabilidad elevada, un confort que era referencia, unas cualidades ruteras de excepción y una calidad general muy por encima de la media. Cosas que justifican, en parte, los más de ocho millones de pesetas que costaba. No obstante, como curiosidad, decir que, aunque rozaba los 8,5 millones de pesetas, la tapicería no era de piel, no tenía ordenador de viaje, tampoco regulación eléctrica de los asientos ni regulación del volante en altura.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS