Coche del día: Ford Escort RS2000 MKI (1973)

Coche del día: Ford Escort RS2000 MKI (1973)

La democratización del rendimiento: cuando el departamento de vehículos avanzados puso un 2.0 bajo el capó del Escort


Tiempo de lectura: 5 min.

Llegado para sustituir al Ford Anglia, el Escort no solo tendría que suplir las necesidades que cubría un coche utilitario sino también ser el perfecto sustituto del Ford Cortina. Desarrollado al mismo tiempo que el Ford Capri, ambos compartieron ciertos detalles estilísticos como el frontal en forma de hueso de perro o incluso elementos como los grupos ópticos posteriores. La producción del modelo de 2 puertas empezaría en 1967 y para su comercialización se tuvo en cuenta el mercado europeo y no solo al del Reino Unido, llegando la versión de 4 puertas en 1968 para de esta forma ampliar el número de potenciales clientes.

Las versiones deportivas llegarían el año comentado anteriormente con el 1300 GT, teniendo como objetivo hacerle la vida imposible a los Mini. Las propuestas destinadas a competición tampoco tardarían en salir, encarnándose estas en el conocido Twin Cam equipado con una culata Lotus, el RS 1600 y finalmente el RS 2000. El conocido como Mexico era más una versión deportiva conmemorativa de la carrera Londres – Mexico donde el Escort quedó clasificado 1º, 3º, 5º, 6º y 8º, que una versión de competición.

RS2000: El toque del departamento de vehículos avanzados

El RS2000 aparecería en 1973 y sería construido por el departamento de vehículos avanzados de Ford (Ford Advanced Vehicles), encargado de desarrollar en su día el GT40, aportando una carrocería reforzada de pasos de rueda ensanchados. A esta se le instalaría un motor Pinto de 2 litros, más económico de producir, de menor rendimiento pero de comportamiento más aprovechable y versátil que el motor de doble árbol de levas “tocado” por Cosworth del RS 1600.

Con un bastidor autoportante al que se acoplaba una suspensión independiente delantera compuesta por columnas MacPherson guiadas inferiormente por brazos transversales comandados por brazos oblicuos y todo ello complementado por una barra estabilizadora. La suspensión trasera se componía de un eje rígido conectado al chasis mediante ballestas semielípticas y un par de tirantes de reacción y sobre el que trabajaban unos amortiguadores hidráulicos de doble efecto. El equipo de frenos estaba compuesto por discos delanteros macizos de 244 mm de diámetro y tambores traseros.

El corazón de la bestia: El bloque Pinto 2.0

El motor Pinto de 4 cilindros y 1.993 cc, situado longitudinalmente en el bastidor, estaba construido completamente en fundición y a diferencia del resto de motores anteriormente montados en los Escort de competición, sustituía el típico ventilador movido por correa de goma por un electroventilador acoplado al radiador. Las dos válvulas de cada cámara de combustión situadas en la culata de flujo cruzado, estaban accionadas por un solo árbol de levas en cabeza movido por una correa dentada.

De su alimentación se encargaba un carburador Weber y la lubricación interna estaba más que asegurada por un cárter de competición dotado de deflectores internos. El propulsor producía una potencia de 100 CV a 5.750 rpm y un par máximo de 145 Nm a 3.750 rpm con una banda aprovechable situada a medio régimen. Sus prestaciones, un poco inferiores a las proporcionadas por el motor del RS1600, hacían que llegase a conseguir una velocidad máxima de 175 km/h junto con una aceleración de 0-100 km/h de unos 9 segundos. A cambio, proporcionaba un consumo de combustible inferior, mayor fiabilidad y unos requisitos de mantenimiento menores.

Vida a bordo y ergonomía deportiva

Su interior era más adecuado para 4 que para 5 personas, siempre que aquellas que ocupasen las plazas traseras fuesen de un tamaño inferior a las ocupantes de los asientos delanteros. Estos últimos eran de corte deportivo, de alto respaldo capaz de proporcionar un buen agarre lateral y además equipados con reposacabezas. Eran ideales para conseguir una posición de conducción adecuada y bien resuelta desde la que poder accionar todos los mandos, incluso los situados en la zona central del salpicadero, como por ejemplo la calefacción.

El cuadro de instrumentos estaba presidido por dos grandes esferas dedicadas al velocímetro y cuentarrevoluciones, acompañadas a su derecha por 4 pequeños relojes dedicados al voltímetro, al nivel del combustible, a la presión del aceite y la temperatura del motor. La visión de estos indicadores quedaba un poco entorpecida por el pequeño volante deportivo de 3 brazos recubierto de piel.

Dinámica: Nobleza, subviraje y reacciones temperamentales

Adoptando una conducción deportiva por carreteras sinuosas, el Ford Escort RS2000 estaba influenciado en gran medida por el mayor peso del motor de dos litros que recaía sobre el tren delantero, haciendo que la endurecida suspensión de este mismo eje junto con una precisa dirección de cremallera, fuera quienes gobernasen el coche provocando un ligero subviraje a la entrada de las curvas.

Este incremento del peso en la zona delantera también producía una falsa sensación de ligereza en el tren trasero proporcionando un suave y controlable sobreviraje a la salida de las curvas. En los trazados más rápidos, por lo general mantenía el comentado subviraje combinado con un comportamiento neutro que le otorgaba un alto nivel de aplomo a merced de la buena precisión de guiado del coche en carreteras en buen estado.

Todo se complicaba cuando llegaba al asfalto degradado y la incompatibilidad de este con el eje rígido trasero, provocaba ciertas reacciones temperamentales de la zaga en el momento en que se transmitía la potencia del motor al suelo. En asfalto liso el piloto no tenía problemas para obtener del RS2000 su quinta esencia a través de su precisa dirección, de su cambio de 4 marchas de adecuados desarrollos y funcionamiento rápido suave y preciso y de un embrague preparado para sufrir las exigencias de la conducción deportiva pero de accionamiento duro.

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Javier Gutierrez

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