Coche del día: Peugeot Hoggar Concept

Coche del día: Peugeot Hoggar Concept

Nacido en una época en la que los motores diésel era el futuro


Tiempo de lectura: 4 min.

Hubo un tiempo en el que los motores diésel se postularon como los salvadores del medio ambiente, como la solución idónea contra la contaminación y como la mejor forma de ahorrar para los usuarios. De hecho, la tecnología diésel se llegó a emplear en competición, con victorias en Le Mans y en el Mundial de Turismos.

En aquellos años locos, con una evolución notable de los motores diésel y una popularización enorme entre los usuarios, los fabricantes dejaban volar la imaginación y crearon algunos prototipos muy llamativos, animados por motores diésel. Coches como el Peugeot Hoggar Concept, uno de esos prototipos olvidados, presentado en 2003 y con unas características que hoy no dejan indiferente a nadie. Y por el hecho de montar un motor diésel, si no por todo el coche en general y por las soluciones empleadas.

Desde el primer vistazo, ya se supo, sin lugar a dudas, que el Peugeot Hoggar nunca pasaría a producción, hubiera sido una enorme sorpresa que la marca se hubiera decidido a sacarlo incluso en edición especial y super limitada. El Peugeot Hoggar era un buggy espectacular, sin voladizos, con unas enormes ruedas casi al descubierto y dos amortiguadores por rueda. La carrocería, super compacta, apenas cubría el habitáculo, como si fuera un Ariel Atom pero a lo bestia, pero con unas formas y unos volúmenes muy equilibrados y atractivos.

Con una imagen espectacular, era evidente que nunca llegaría a producción, pero en aquellos años la imaginación de los diseñadores era sensacional

Por entonces, Peugeot estaba experimentó con nuevo lenguaje de diseño, que también se vio en los Peugeot RC Concept, que acabó llegando a producción en coches como el Peugeot 407, por ejemplo. Una línea que resulta incluso más atractiva que la usaba actualmente, pero como se suele decir, para los gustos, los colores.

El Peugeot Hoggar estaba diseñado como un vehículo para el ocio, para disfrutar al aire libre conduciendo casi al descubierto. No tenía techo, ni puertas y parte del chasis estaba a la vista. Todas las luces estaban compuestas por diodos LED y montaba la rueda de repuesto en la parte trasera, justo detrás del habitáculo. Habitáculo, por cierto, cubierto de cuero y elementos de metal pulido con un aspecto que todavía hoy resulta algo futurista, aunque muy en línea con lo que tenemos en cualquier modelo de alta gama. La pantalla del salpicadero, por ejemplo, permitía ver diferentes datos como la velocidad, la localización GPS, la distancia total recorrida, la temperatura del agua y del aceite, la inclinación mediante inclinómetro e imágenes de lo que ocurre delante del coche gracias a una cámara colocada en el frontal.

Sin embargo, lo más interesante de este concept car no se veía a simple vista. El chasis, por ejemplo, estaba fabricado con fibra de carbono y dos arcos fabricados con acero inoxidable, mientras que las suspensiones eran de paralelogramo deformable en los dos ejes con los mencionados amortiguadores dobles por rueda. No era muy grande, más bien lo contrario. Medía 3,96 metros de largo, dos metros de ancho y 1,49 metros de alto, con una batalla de 2,75 metros, pero las llantas eran de 21 pulgadas, un tamaño que en aquellos años era descomunal y que hoy resulta relativamente fácil encontrar en algunos modelos.

peugeot hoggar concept (2)

Los motores diésel estaba sufriendo en aquellos años una evolución muy rápida y su popularidad en el mercado era enorme, no es extraño que Peugeot eligiera esa tecnología para su prototipo

Por otro lado, y como decíamos al inicio, estaba animado por un motor diésel, pero uno sobre cada eje. Es decir, tenía dos propulsores HDI con 2.168 centímetros cúbicos y capaces de rendir 181 CV cada uno, por lo que tenía, en total, 362 CV. Cada motor tenía igualmente un catalizador y un filtro de partículas (el famoso FAP) para limitar las emisiones, y cada motor contaba con su propio sistema de escape, que salían a cada lado de la trasera (por el lado izquierdo se expulsaban los gases del motor delantero y por el derecho, los del trasero). El combustible se almacenaba en dos depósitos, cada uno con 80 litros.

La potencia llegaba a las ruedas mediante una caja de cambios automática con manejo secuencial, tanto por mandos en el volante como mediante el propio selector del cambio, colocado en la posición habitual entre los asientos.

Era un vehículo totalmente funcional, no un simple show car y no se debe confundir con el Peugeot Hoggar que la marca comercializó en Sudamérica entre 2010 y 2014 y que consistía, básicamente, en una versión pick-up del Peugeot 207.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. Actualmente estoy escribiendo un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600, que se publicará en 2022.

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

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Todo vehículo tiene al menos dos vidas. Así, normalmente pensamos en aquella donde disfrutamos de sus cualidades. Aquella en la que nos hace felices o nos sirve fielmente para un simple propósito práctico. Sin embargo, antes ha habido toda una fase de diseño en la que la ingeniería y la planificación financiera se han conjugado para hacerlo posible. Como redactor, es ésta la fase que analizo. Porque sólo podemos disfrutar completamente de algo comprendiendo de dónde proviene.

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No conozco sensación mejor que la de un volante en las manos. Disfruto también con ellas sobre el teclado, escribiendo ahora para vosotros algo parecido a aquello que yo buscaba en los quioscos cuando era un guaje.

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En la época en la que pasaba el día dibujando coches, alguien me preguntó: ¿pero a ti te gusta más la mecánica o la carrocería de los coches? Esa misma semana leí el Manual del Automóvil de Arias Paz. Tenía 14 años, esa simple pregunta es la razón por la que estoy aquí, desde entonces no he parado de aprender sobre lo que se convirtió en mi pasión.