Hablar del Lancia Stratos es hablar de rallyes y de la silueta en cuña más icónica de los setenta. Pero hubo un Stratos que decidió que el barro no era suficiente y quiso conquistar el asfalto de los circuitos bajo el reglamento del Grupo 5. El resultado fue el Stratos Turbo, una bestia que parecía diseñada por un científico loco y que, aunque se hizo mundialmente famosa con los colores de Alitalia, representó un desafío técnico que fue mucho más allá de una simple decoración publicitaria.
La esencia del Stratos original, con su corta distancia entre ejes y su motor central de origen Ferrari, ya era nerviosa de por sí. Al añadirle la “magia” de la sobrealimentación, Lancia creó un coche que no solo era rápido, sino directamente aterrador para quien se atrevía a exprimirlo al límite en trazados como los del Giro d’Italia o las 24 Horas de Le Mans.
El desafío térmico: un motor Ferrari bajo presión
El corazón de este “rayo” seguía siendo el bloque V6 de 2,4 litros procedente del Ferrari Dino, pero con un cambio radical en su ADN. Los ingenieros de Lancia instalaron un turbocompresor KKK que elevó la potencia desde los 190 CV del modelo de calle hasta unos brutales 480-500 CV, dependiendo del soplado.
El gran problema era el calor. Meter un motor turbo con semejante caballería en un vano motor tan pequeño y cerrado fue una pesadilla de ingeniería. Para solucionarlo, el Stratos Grupo 5 mutó estéticamente: el frontal se afiló hasta el extremo y la zaga creció con un alerón sobredimensionado y pasos de rueda ensanchados que escondían radiadores adicionales. Ya fuera con la mítica “L” tricolor o con el rojo y blanco de Marlboro, el coche era pura supervivencia mecánica visualizada en fibra de vidrio.
Más allá de la decoración de Munari
Aunque la unidad de Sandro Munari en el Giro d’Italia de 1977 es la que todos recordamos, el Stratos Turbo fue un laboratorio rodante. Las unidades oficiales y las gestionadas por equipos privados demostraron que, cuando la mecánica aguantaba, el coche era imbatible. Sin embargo, su batalla tan corta hacía que la entrada del turbo fuera crítica; si el par motor llegaba de golpe en pleno apoyo, el coche quería girar sobre su propio eje. Era un coche que exigía manos de cirujano y el valor de un piloto de combate.
Conclusión: Un monumento al exceso
Hoy, el Lancia Stratos Turbo Grupo 5 es recordado como el canto de cisne de una época en la que el reglamento permitía locuras maravillosas. No fue el coche más laureado en circuitos debido a una fiabilidad siempre al límite, pero sí el más espectacular. Representa ese momento en el que Lancia no tenía miedo a nada, ni siquiera a intentar que su icono de los rallyes dominara el mundo del asfalto a base de soplidos de turbo y llamaradas por el escape.


1
Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS