Coche del día: Fiat Panda Diesel (141)

Coche del día: Fiat Panda Diesel (141)

46 kilos extra sobre el morro y revisiones cada 5.000 kilómetros: así era el experimento de gasóleo sobre la base del Panda de los 80


Tiempo de lectura: 7 min.

Habéis leído bien: hubo un Fiat Panda equipado con un motor diésel porque a alguien en la firma italiana se le ocurrió rizar el rizo y tuvo la genial idea de instalarle a este pequeño utilitario una mecánica de bajo consumo. En España lo más parecido que tuvimos en el mercado fue la versión diésel de la SEAT Terra, pero equipada con un motor de origen Volkswagen.

Fabricado durante 23 años desde 1980 para ofrecer un medio de transporte económico, práctico, robusto, funcional y fácilmente industrializable, el Panda pronto se convirtió en un éxito de ventas, a pesar de vestir una carrocería llena de superficies planas y exenta de formas curvas. En 1986 se sometió a un restyling con el que los técnicos italianos mejoraron las lagunas mecánicas y de equipamiento pendientes desde su aparición.

Exteriormente se eliminaría la banda lateral estriada que unía visualmente los paragolpes de resina de poliéster, los cuales en esta ocasión se volverían más evolventes y redondeados. Desaparecería la ventanilla delantera partida, se mejoraría la unión entre los paneles de la carrocería y se modificaría el paso de rueda trasero con el objetivo de poder albergar más fácilmente una rueda de medida 155/65-13”. Finalmente incorporaría una parrilla inclinada a juego con las nuevas ópticas delanteras, mientras que las traseras aumentarían de tamaño, albergando tanto la luz antiniebla trasera como la de marcha atrás.

Nuevos propulsores, arquitectura del bastidor y el eje Omega

Los propulsores elegidos para motorizar a esta nueva serie serían los de gasolina de la familia Fire en sus cilindradas de 750 cc (34 CV) y 1000 cc (45 y 50 CV) más uno diésel derivado del utilizado en el Uno y anteriormente en el 127. Estos sustituirían al bicilíndrico de gasolina refrigerado por aire de 652 cc (30 CV) y al eterno tetracilíndrico de 903 cc (45 CV).

Tanto el nuevo Fiat Panda como el Lancia Y10 compartirían bastidor autoportante para poder desechar el antiguo eje rígido y sus ballestas semielípticas de insano comportamiento, en favor de un nuevo eje rígido con forma de letra griega Omega, anclado centralmente a la estructura monocasco y guiado por dos brazos oblicuos. Esta vez incorporaría unos muelles helicoidales de comportamiento más progresivo y unos amortiguadores hidráulicos instalados de forma inclinada para controlar mejor las reacciones laterales del tren posterior. El tren delantero seguía confiando en el sistema de tipo McPherson guiado inferiormente por brazos transversales que a su vez eran comandados por un tirante oblicuo. El equipo de frenos, de funcionamiento satisfactorio y con cierta tendencia al bloqueo cuando el coche iba «vacío», seguía combinando los discos macizos delanteros con los tambores traseros, accionados hidráulicamente sin ningún tipo de servoasistencia.

Con el nuevo restyling, el Panda pudo ser equipado con una motorización diésel de baja cilindrada que potenciara su concepción como vehículo económico, aprovechándose de las ventajas fiscales que conllevaba usar un propulsor inferior a los 1.350 centímetros cúbicos. Derivado de uno de gasolina, este tetracilíndrico de 1.301 centímetros cúbicos, de funcionamiento ruidoso, estaba construido en fundición (bloque) y en aluminio (culata). Las ocho válvulas alineadas e inclinadas con respecto a los cilindros se movían gracias a un solo árbol de levas accionado por una correa dentada que también se dedicaba a hacer girar la bomba de inyección rotativa Bosch. De comportamiento suave y falto de vivacidad a bajas revoluciones, proporcionaba una potencia de 37 caballos a 4.000 revoluciones por minuto y un par máximo de 71 Nm a 2.500 vueltas. Con estas cifras y acoplado a una caja de cambios de cinco velocidades de largas relaciones, hacía que las ruedas delanteras propulsaran al coche hasta una velocidad máxima cercana a los 130 kilómetros por hora y necesitase unos 22,5 segundos para llegar a los 100 km/h desde parado. Su gasto de combustible, sin ser extraordinario, se mantenía en unos límites razonables, dejando el consumo medio alrededor de los 6 litros cada 100 kilómetros y necesitando unos 4,7 litros a los 100 km cuando se circulaba a una velocidad constante de 90 km/h.

FIAT Panda 1 3D interior

Lanzado tras el restyling de 1986 para aprovechar las ventajas fiscales italianas en motores de menos de 1.350 cc, el Fiat Panda Diésel equipaba un bloque tetracilíndrico de 1.301 cc y 37 CV de origen Fiat Uno que, a pesar de sus 130 km/h de punta, no logró calar en el mercado debido a sus 46 kg extra sobre el eje delantero, sus vibraciones y unos mantenimientos obligatorios cada 5.000 kilómetros

El duelo en casa: Diésel 1.3 vs. Motor FIRE 750

Resulta imposible no hacer la comparación con respecto al Panda equipado con el nuevo (en su día) motor Fire de cuatro cilindros, 769 centímetros cúbicos de cilindrada, 34 caballos de potencia a 5.250 rpm y 57 Nm de par a 3.000 rpm. A diferencia del diésel, este motor de funcionamiento suave y no tan ruidoso se mostraba más vivo y capaz desde bajas revoluciones, dotándolo de cierta elasticidad. Además de ser hasta un 23 % más barato de adquirir, este coche tenía unas prestaciones parecidas a las del diésel, con una velocidad máxima de 123 kilómetros por hora y un tiempo destinado para realizar el 0 a 100 km/h de 23 segundos. Con respecto al consumo medio, este Panda se conformaba con 6 litros cada 100 km y llegaba a beberse 5,3 litros cada 100 km cuando circulaba a una velocidad constante de 90 km/h. Hoy en día la elección de cualquiera de estas versiones sería complicada por el actual precio de los combustibles, pero por aquel entonces el litro de gasóleo costaba en Italia casi la mitad que el de gasolina.

El interior de la versión diésel se vio ligeramente renovado, al corresponder esta a la versión más básica, en donde por ejemplo ciertos elementos como el volante, los paneles de las puertas o los asientos estaban tomados de la serie anterior. En estos últimos se podían acomodar cuatro personas adultas de forma holgada y alguno más en trayectos urbanos, aunque resultaban un poco incómodos a la hora de afrontar largos viajes por carretera. Su practicidad era de sobra conocida a la hora de llevar cargas de gran volumen cuando se plegaba el asiento trasero para ampliar los 240 litros del maletero hasta los casi 1.000 litros. Tanto los pedales como el volante seguían estando desalineados con respecto al asiento del conductor, que ni tan siquiera contaba con la capacidad de reclinarse. El único vestigio de que esta versión correspondía a la nueva serie era un cuadro de instrumentos de mayor tamaño que incluía un velocímetro, un reloj del nivel de combustible y varios indicadores luminosos entre los que se encontraba el correspondiente a las bujías de precalentamiento, la de baja presión de aceite o incluso uno de gran tamaño destinado a avisar de la alta temperatura del refrigerante del motor. A su lado estaban los mandos del sistema de climatización, varios interruptores que no disponían de iluminación y una doble salida de aire regulable. Su básico equipamiento solamente se podía completar con unos asientos reclinables equipados con reposacabezas y un limpialuneta trasero.

Comportamiento dinámico y balance comercial

El comportamiento del Fiat Panda diésel en curva se vio penalizado por el mayor peso sostenido por el eje delantero, que producía un marcado subviraje en curva que se incrementaba en carreteras mojadas o superficies deslizantes. El peso extra de unos 46 kilos con respecto a la versión de 750 cc influía negativamente en la precisión direccional y en las maniobras en parado. A pesar de todo lo comentado, el renovado eje trasero mejoró el confort de marcha, la estabilidad y el guiado del coche en todo momento.

Aquel Panda diésel tuvo una acogida no demasiado entusiasta por aquellos que necesitaban un vehículo de corte económico, debido entre otras cosas a su mayor precio de adquisición, al ruido y las vibraciones provenientes del motor y a un mantenimiento periódico que se reducía de los 10.000 a los 5.000 kilómetros. En cambio fue su hermano con el fiable motor Fire de 750 cc, más ligero y con un andar más fino, por el que se decantaba la gente, sobre todo cuando se destinaba principalmente a desplazamientos por la urbe.

COMPARTE
Sobre mí

Javier Gutierrez

Suscribir
Notificar de
guest

0 Comentarios
el más nuevo
el más antiguo


NUESTRO EQUIPO

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

Redaccion

Jesus Alonso

Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

Javier Gutierrez

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.