BYD podría haber presentado el Denza Z Spider en otro salón tecnológico rodeado de pantallas gigantes, cifras de carga y ejecutivos hablando de ecosistemas. En lugar de eso lo ha plantado este fin de semana sobre el césped de Chantilly Arts & Elegance, uno de esos concursos donde el coche comparte escenario con carroceros históricos, alta costura y vehículos que llevan décadas convirtiendo metal en objeto de deseo.
La elección resulta bastante más interesante que los 1.604 CV anunciados para el concepto. Denza debe demostrar en Europa que no es simplemente otra división de BYD capaz de fabricar coches eléctricos cada vez más potentes, porque competir en la parte alta del mercado exige vender una historia, una estética y una sensación de exclusividad que no encajan con el rollito tech que habitualmente se vincula a los coches eléctricos.
Tres motores y mucha tecnología no bastan para fabricar un coche deseable
El Z emplea una arquitectura eléctrica de tres motores y una suspensión activa capaz de modificar radicalmente el comportamiento del vehículo, además de aprovechar buena parte del arsenal técnico que BYD ha desarrollado alrededor de sus marcas superiores. La potencia combinada supera ampliamente los 1.500 CV, de modo que prestaciones no deberían ser precisamente el cuello de botella del proyecto.
Sin embargo, Denza ya nos enseñó con el Z9GT que tener una ingeniería espectacular no garantiza que todo el conjunto resulte apetecible. Aquel coche sorprendía por capacidad de maniobra, tecnología y precio, pero su habitáculo podía provocar sobredosis de pantalla a cualquiera que todavía recuerde para qué servía un botón.
El Z Spider ataca precisamente el terreno emocional recurriendo a una carrocería abierta, proporciones de superdeportivo y una presentación deliberadamente alejada del lenguaje habitual del producto tecnológico que sirven para decirle al público europeo que Denza quiere formar parte del olimpo donde ya viven Ferrari, McLaren o Aston Martin.
Chantilly permite además colocar el coche delante de una audiencia muy distinta a la de un salón chino. Allí no basta con explicar cuántos TOPS procesa una centralita. El coche tiene que gustar visualmente al lado de piezas históricas cuya reputación no necesita otra actualización de software.
China ya ha demostrado que puede fabricar pura velocidad, ahora toca fabricar prestigio
BYD ya dispone del Yangwang U9 Xtreme, que ya ha dejado bastante claro que un hiperdeportivo chino puede jugar con cifras capaces de hacer sudar a Bugatti. El siguiente paso es bastante menos sencillo porque el prestigio no se homologa y tampoco se compra únicamente mediante potencia.
Denza tiene además otra misión, y es que su futura expansión europea tiene que situarse por encima de BYD sin convertirse simplemente en el BYD caro, un problema que Toyota resolvió con Lexus después de años y que Genesis sigue trabajando una década después de separarse comercialmente de Hyundai.
Por eso resulta coherente que la marca busque concursos de elegancia, diseño y espacios donde pueda construir contexto cultural alrededor de sus coches. Puede parecer puro marketing, pero una parte enorme del lujo siempre lo ha sido. Bentley no vende únicamente cilindros, cuero y aluminio, sino todo aquello que el comprador cree que significan esas cosas juntas.
El Denza Z Spider todavía es un concepto y no vamos a anunciar alegremente 1.604 CV matriculables en España para mañana por la mañana. Pero no es la clave. La clave es que BYD, ahora que ya ha demostrado que sabe fabricar coches competitivos, se ha propuesto lograr que Europa desee uno antes incluso de preguntar cuánto corre.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.