Viví el GTI 50 Fest en Montmeló y acabé reventado

Viví el GTI 50 Fest en Montmeló y acabé reventado

Si te perdiste el 50 cumpleaños del Golf GTI, te lo contamos


Tiempo de lectura: 13 min.

El GTI 50 Fest reunió en Montmeló la mayor concentración de Golf GTI de la historia de España, así que no había excusa que valiera para quedarse en casa. Volkswagen celebraba el medio siglo de unas siglas que nacieron en 1976 y que convirtieron el compacto deportivo en una religión. Me pillé la entrada buena y aparqué el Corolla en el Circuit de Barcelona-Catalunya dispuesto a empaparme de todo, nunca mejor dicho con el calor que hacía aquel día.

Lo primero fue el ritual de entrada, ese momento en que recoges la credencial y la pulsera y sientes que ya formas parte de algo más que un golpe de calor colectivo. Me colgaron las acreditaciones, me dieron mi sitio en el mapa del recinto y, antes de dar dos pasos, el termómetro ya me había recordado que junio en Montmeló no perdona. Una Pepsi Max bien fría fue lo primero que cayó, por pura supervivencia. Soy más de Cocacola, pero esa Pepsi, en ese recinto, me supo mejor que muchas. Sería por los coches.

El día daba para mucho, y lo aproveché de la mañana a la noche, así que lo que sigue es la crónica sin adornos de una jornada redonda para cualquier amante del motor. Hubo coches imposibles, nostalgia a paladas, sol a mansalva y hasta una tarta que merece capítulo aparte.

Pocas veces un evento de marca consigue que te olvides de que es un evento de marca, y este lo logró desde el primer minuto. Vamos por partes, que la cosa tiene tela y conviene contarla con calma.

GTI 50 FEST 50 años del Vokswagen Golf GTI (1) El welcome pack y las experiencias de marca

Mi primera parada fue a por el welcome pack, y reconozco que llegué sin grandes expectativas y salí encantado. La gorra y la camiseta que repartían molaban mil, con un diseño cuidado y nada de la cutrez habitual del merchandising de evento, de esos que acaban de trapo en el garaje. Me las puse casi al instante, la gorra sobre todo, porque a esas alturas el sol ya pegaba como para freír un huevo en el capó de cualquier GTI. Los detalles como ese marcan la diferencia entre un sarao cualquiera y uno hecho con cariño, y se notaba que Volkswagen había puesto mimo hasta en lo más pequeño, que es justo lo que esperas de una marca que celebra medio siglo de su criatura más querida.

Me lancé con el uniforme puesto a las GTI Experience, que era donde la marca había montado el grueso de las actividades dinámicas y estáticas. Volkswagen había planteado el festival como una inmersión total en su universo, y se notaba el despliegue, con zonas para tocar, sentarse y fotografiar coches que normalmente solo ves en pantalla. La sensación era la de un parque temático del GTI, con todo girando alrededor de esas tres letras que llevan medio siglo significando lo mismo.

Los simuladores fueron otra de las paradas obligadas, y allí me reencontré con mi yo de recreativas pegado a un volante de plástico. Había puestos para que cualquiera se midiera al cronómetro virtual del trazado, y la cola valía la pena por la sonrisa tonta que se te queda al rodar en digital por el mismo circuito que pisabas en la vida real. Volkswagen sabe que la cultura GTI bebe tanto del asfalto como de la consola, y lo dejó claro montando esa pasarela entre lo físico y lo virtual. Para mucha gente de mi quinta, el primer contacto con un GTI no fue en un concesionario sino en una pantalla, y reconocer ese vínculo entre el videojuego y la pasión real fue un acierto que se agradece.

El verdadero héroe anónimo de la jornada fueron las fuentes de agua del circuito, sin exagerar ni un pelo. Me salvaron la vida más de una vez con el sol cayendo a plomo y la humedad apretando, y vi a mucha gente peregrinar hacia ellas con la misma cara de alivio que debía de tener yo (incluso tenían casi tanta cola como las actividades del evento). Un evento de verano se mide también por estas cosas, y aquí el circuito cumplió, porque hidratarse era casi tan importante como ver coches.

GTI 50 FEST 50 años del Vokswagen Golf GTI (17) Bestialidades sobre ruedas y desfile de leyendas

Llegamos a los coches que me dejaron con la boca abierta, que es a lo que uno va a estas cosas. La estrella absoluta para mí fue el Golf GTI W12-650, un concept de 2007 que es básicamente un Golf al que Volkswagen le metió un motor W12 de seis litros y doble turbo en posición central, con 650 caballos enviados al eje trasero. Una auténtica barbaridad que normalmente luce pintura blanca, pero que para esta ocasión habían vinilado de un rojo Tornado espectacular que lo hacía aún más agresivo.

Saber lo que esconde ese bicho lo hace todavía más fascinante, porque es puro despiece de la casa madre. El motor W12 procede del universo Phaeton y Bentley, los frenos delanteros vienen de un Audi RS4, el eje trasero sale de un Lamborghini Gallardo, y todo eso embutido en la carrocería de un Golf ensanchada a base de bien. Un Frankenstein glorioso de cuando Volkswagen no tenía miedo a hacer locuras solo por el placer de hacerlas, y verlo en persona impone muchísimo. La propia marca lo presentó en su día como un Golf capaz de ejercer de coche de seguridad en las 24 Horas de Le Mans, y al tenerlo delante, con su trompa agresiva y esas tomas de aire en el techo para alimentar al monstruo central, te crees perfectamente esa fanfarronada.

No menos alucinantes fueron los Golf GTI Vision Gran Turismo, los dos prototipos que nacieron del videojuego y acabaron siendo reales, uno descapotable y otro con techo. El descapotable es el GTI Roadster, presentado en 2014 para el Gran Turismo de PlayStation, con un V6 biturbo y tracción total que mueve sus más de quinientos caballos, mientras que su hermano con techo, el Design Vision GTI de 2013, comparte mecánica y filosofía. Verlos juntos en el paddock, salidos de la pantalla de mi infancia tardía, fue de esos momentos que justifican el viaje.

El plato fuerte colectivo llegó con el desfile de generaciones por la recta principal del circuito. Volkswagen sacó a rodar unidades de las ocho generaciones del Golf GTI, desde el original de 1976 hasta los más modernos, en una procesión que puso los pelos de punta a los miles de asistentes. Ver medio siglo de un mismo coche desfilando en fila, escuchando el cambio de sonido de motor entre épocas, fue la mejor manera posible de entender por qué estas tres letras significan tanto para tanta gente. Hubo además una gran foto de familia en la recta antes del desfile, con los coches alineados como en una postal imposible, y reconozco que se me escapó la sonrisa boba del aficionado al ver tanta historia junta sobre el mismo asfalto.

GTI 50 FEST 50 años del Vokswagen Golf GTI (13) Nostalgia, calor y reencuentros en el paddock

El museo del GTI fue, para mí, la parte más emotiva y a la vez la más traicionera de toda la jornada. Volkswagen preparó un recorrido por las ocho generaciones del Golf rodeado de objetos cotidianos de cada época, o sea, los detalles culturales que te transportan al momento en que cada modelo salió a la calle. Caminar por allí era viajar en el tiempo, con la banda sonora y los cacharros de cada década puestos en su sitio para rematar la inmersión. La idea es brillante, porque un coche nunca se entiende solo, sino dentro del mundo que lo rodeaba, y ver el primer GTI junto a los objetos de finales de los setenta te ayuda a captar por qué supuso una pequeña revolución en su momento.

Entonces fue cuando llegó el golpe bajo, el momento en que la nostalgia se me transformó en algo parecido a la mala leche. Vi expuestas en vitrina, como si fueran reliquias arqueológicas, una Game Boy de mi infancia y una PlayStation, presentadas con todo el cariño del mundo como antiguallas de museo. Oye, que esas máquinas las he tenido yo en las manos hace cuatro días, o eso me parece a mí, así que verlas tras un cristal con cartelito de pieza histórica fue como recibir una citación oficial al club de los viejunos. ¿Me estáis llamando viejo a la cara o qué?

La música temática acompañó todo el recorrido y le dio al festival un alma que pocos eventos consiguen, porque sonaba la banda sonora de cada época del Golf según la generación que tocara. Pasabas del ambiente ochentero al noventero y al de los dos mil sin solución de continuidad, y esa cuidada ambientación sonora hacía que el paseo entre coches fuera mucho más que mirar chapa, una experiencia casi cinematográfica que envolvía cada zona del recinto.

Lo mejor del día, entre tanto coche y tanto recuerdo, fueron los reencuentros, porque me crucé con varios amigos del mundo del motor que no esperaba ver allí, y con otros que era seguro estarían. Estos saraos tienen eso de bueno, que reúnen en un mismo sitio a la tribu entera, y entre la gorra nueva, el calor compartido y los coches imposibles surgían las conversaciones solas. Hacía muchísimo sol, repito, un sol de justicia que obligaba a buscar sombra cada poco, pero ni eso quitaba las ganas de quedarse charlando de motores hasta que el cuerpo aguantara.

GTI 50 FEST 50 años del Vokswagen Golf GTI (38) Historias de propietarios de las que te ponen el nudo en la garganta

Uno de los momentos más chulos fueron las historias GTI. Historias de propietarios que Volkswagen fue desgranando a lo largo de la jornada. Sobre el escenario y por los altavoces se contaron relatos de gente que ha hecho del GTI parte de su vida, que es lo que confirma que este coche es mucho más que un compacto rápido, es un hilo que cose familias, recuerdos y obsesiones a lo largo de décadas. Escuchar esas vivencias en directo, rodeado de los propios coches, le daba al festival una hondura que ningún folleto consigue transmitir.

Hubo de todo, y todo conmovía a su manera. Había Familias enteras en las que cada miembro tiene su propio GTI, aficionados que se enamoraron de una generación concreta y no pararon hasta dar con la unidad exacta, gente que restauró su coche tras un incendio y lo devolvió a la vida pieza a pieza. Cada historia era distinta, pero todas compartían esa misma chispa de devoción irracional que solo entienden los que han querido a un coche de verdad, más allá de la simple herramienta de moverse.

La que más me llegó fue la de quienes tuvieron que vender su GTI por necesidad en algún momento duro de la vida y, años después, lograron recomprar su propia unidad, el mismo coche con su mismo bastidor. Hay algo profundamente humano en esa terquedad sentimental, en negarse a aceptar que un coche es solo un objeto reemplazable, y en el ambiente del festival esas historias resonaban con una fuerza especial. Más de uno a mi alrededor se emocionó, y reconozco que yo también tragué saliva porque tengo un coche en mente que pienso recuperar pronto.

Lo bonito de todo esto es que conecta directamente con lo que el GTI ha significado siempre, una manera democrática de acceder a la emoción del automóvil. No hablamos de superdeportivos inalcanzables, sino de un coche asequible que mucha gente normal pudo permitirse y al que acabó queriendo como a un miembro más de la familia. Esa cercanía es precisamente la que llenó Montmeló de gente con los ojos brillantes, y la que explica por qué un simple compacto lleva medio siglo generando esta clase de lealtad.

GTI 50 FEST 50 años del Vokswagen Golf GTI (4) La prueba en pista y la tarta más bonita del mundo

Lo que más esperaba de toda la jornada era la prueba en pista del Golf GTI, y no me decepcionó lo más mínimo (salvo porque no me tocó la edición 50 aniversario del Golf GTI), fue brutal y enormemente entretenida. Subirse a un GTI y soltarlo por el trazado de Montmeló, con sus rectas y sus curvas de verdad, es una experiencia que te recuerda por qué este coche se ganó su fama a pulso, porque el equilibrio entre lo manejable y lo divertido sigue siendo su gran seña de identidad medio siglo después. Los monitores del Volkswagen Driving Experience iban delante marcando trazadas, y aunque uno no va a batir récords en unas vueltas de cortesía, la sensación de pilotar en serio sobre un circuito de Fórmula 1 no tiene precio, con el coche pegándose al asfalto y respondiendo a cada orden con esa nobleza que ha hecho leyenda a las tres letras.

Ahora viene la parte que me deja en mi sitio, y la cuento porque toca ser sincero. El chaval que cogió el coche justo después de mí era muchísimo mejor al volante que yo, y lo demostró sin piedad nada más salir de boxes. No pasa nada, me consuelo pensando que yo llegué con 4 horas de sueño y 3 de conducción. Mejor quedar de lento que quedarse contra un muro.

La guinda, nunca mejor dicho, la puso una tarta que era una pequeña obra de arte y que merece su propio párrafo. El pastelón estaba montado entero sobre la carrocería de un Golf GTI clásico, con el dulce extendiéndose por encima de la chapa como si el coche fuera la bandeja, una idea tan loca como golosa. Cortar y comerse algo así, en un evento dedicado a celebrar este coche, fue el broche perfecto a una jornada que ya venía siendo redonda de por sí, y oye, después de horas de sol, agua de fuente y kilómetros andando por el paddock, un trozo de tarta sienta mejor que cualquier homenaje institucional, que para algo estábamos de celebración. Me lo comí despacio, saboreando tanto el dulce como la escena, consciente de que pocas veces uno se zampa una porción de algo montado sobre un coche de leyenda.

Hice balance de lo vivido entre bocado y bocado, mientras el sol por fin empezaba a aflojar, y me di cuenta de lo bien que Volkswagen ha entendido siempre a su propia gente (salvo por los dichosos ID.). El GTI 50 Fest no fue un acto publicitario más, sino una celebración de comunidad, de esas que reúnen a generaciones enteras alrededor de un coche que es mucho más que un coche. Yo, que había llegado en un sensato Corolla, me marchaba con la cabeza llena de W12, de desfiles y de tarta, que no está nada mal para un sábado de calor infernal. Pocos eventos consiguen mandarte a casa con esa mezcla de cansancio físico y plenitud emocional, y este lo logró con holgura.

GTI 50 FEST 50 años del Vokswagen Golf GTI (126)

 

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Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.
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