Mazda llevará el 787B a Le Mans Classic 2026 para celebrar treinta y cinco años de su victoria histórica. Lo interesante esta vez no es el coche, que ya conoce todo el mundo, sino quién se sube a él.
Del dos al cinco de julio, el Mazda 787B volverá a rodar por el Circuito de la Sarthe dentro de Le Mans Classic 2026. Se cumplen tres décadas y media desde que se convirtió en el único coche con motor rotativo que ha ganado las 24 Horas de Le Mans en la general, además del primer vehículo de un fabricante japonés en lograrlo. La historia de aquella victoria de 1991 se ha contado tantas veces que ya forma parte del imaginario colectivo del automovilismo: todo el mundo la conoce, todo el mundo la cita, y pocas piezas nuevas quedan por añadir.
El guardián de la tradición a los mandos
Realmente, el interés de esta vuelta no reside en el coche ni en la cifra del aniversario, sino en quién se sienta al volante. Mazda confirma que el 787B realizará una demostración individual pilotada por Yojiro Terada, estrechamente vinculado a la historia de la prueba, y por Pierre Fillon, presidente del Automóvil Club del Oeste —organismo que organiza la carrera—. Fillon reconoce haber soñado siempre con ponerse al volante de este modelo icónico. Que sea precisamente el máximo responsable de la institución quien cumpla ese deseo con el coche que rompió el monopolio europeo y americano en la categoría reina, posee un tinte casi simbólico: el guardián de la tradición rindiendo homenaje a quien una vez la desafió con éxito.
Aquel sonido, una mezcla entre un zumbido eléctrico y un grito metálico a 9.000 vueltas, es el responsable de que miles de aficionados se queden clavados en la grada cada vez que el 787B aparece en pista. No es solo ruido, es la firma sonora de una época donde la ingeniería japonesa decidió que, si no podían vencer a los europeos siguiendo sus reglas, inventarían las suyas propias.
Más allá del pasado: el futuro del rotativo
Este gesto permite a Mazda mirar hacia el futuro. El desarrollo del motor rotativo, que arrancó en 1967 con el Cosmo Sport, cumplirá sesenta años en 2027. La marca japonesa insiste en que esta demostración busca despertar expectación sobre el porvenir de esa tecnología, no solo celebrar su pasado. El sonido del rotativo a fondo de revoluciones en La Sarthe sigue siendo, treinta y cinco años después, uno de los timbres más reconocibles del automovilismo de resistencia.
De Le Mans a la eficiencia moderna
Resulta irónico analizar el matiz técnico cuando escuchamos rugir al 787B en 2026. A menudo se piensa en el motor Wankel como una reliquia, un diseño condenado por su consumo y sus emisiones. Sin embargo, Mazda ha mantenido la fe en esta arquitectura cuando casi nadie más lo hacía. Ahí está el Mazda MX-30 R-EV, donde el propulsor rotativo ha regresado a las calles no como pieza de museo, sino como motor de combustión diseñado para actuar como generador en un sistema híbrido en serie. Resulta fascinante comprobar cómo una tecnología que conquistó las 24 Horas de Le Mans a base de potencia pura, ha encontrado su nicho en la eficiencia moderna: trabajando a un régimen constante, óptimo, para alimentar el sistema eléctrico. El 787B, con sus cuatro rotores y su sonido de sierra eléctrica, ejerce de abuelo glorioso de esa pequeña unidad del MX-30; una evolución que demuestra que el concepto original de Felix Wankel tenía mucho más recorrido del que sus detractores jamás quisieron admitir.
Poco más hace falta para entender la pieza. El 787B seguirá siendo, durante este fin de semana de julio, una leyenda que se explica sola. Pero esta vez, el rugido no lo emitirá un piloto a sueldo, sino la persona que protege el legado de la prueba más importante del mundo. Es un tributo circular: la tecnología que desafió a los gigantes europeos, ahora es abrazada por ellos. Y mientras el 787B llene La Sarthe con ese timbre inconfundible de los cuatro rotores, no estaremos viendo a un jubilado de las carreras, sino a un superviviente que nos recuerda que, en el automovilismo, la terquedad técnica es la única forma de alcanzar la inmortalidad.
Para los que nunca han estado cerca de uno, el Wankel es, en esencia, el ‘dos tiempos’ de los coches: una explosión constante, sin las oscilaciones de los pistones subiendo y bajando, que resulta en esa firma sonora de sierra eléctrica que parece no tener techo de revoluciones


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".