Coche del día: Mercedes CL500 (C216)

Coche del día: Mercedes CL500 (C216)

De cuando el estatus se medía en cilindros y no en pulgadas de pantalla


Tiempo de lectura: 4 min.

El Mercedes CL500 es uno de esos coches que permiten entender por qué la compañía alemana tiene tanta fama. Solo había que verlo: era un coupé de tamaño imponente, su carga tecnológica dejaba sin palabras, sus prestaciones estaban a un nivel altísimo y su precio, como cabe esperar, estaba lejos de cualquier mortal: 120.000 euros. Pero ojo, porque hablamos de un coche de 2006; era una cifra astronómica en aquellos momentos.

Se habían cumplido los primeros seis años del siglo 21 y el mercado del automóvil vivía una realidad muy distinta a la actual, una era en la que el estatus no se medía por la altura de la carrocería o el tamaño de una pantalla central, sino por el número de cilindros y la elegancia de la silueta. Los grandes coupés de lujo eran los verdaderos estandartes de las marcas, esos “buques insignia” que servían para demostrar quién mandaba en la carretera. Mercedes-Benz, tras unos años noventa algo convulsos en cuanto a fiabilidad electrónica, necesitaba reafirmar su posición de liderazgo frente a una competencia que apretaba con fuerza, especialmente desde las filas de BMW y su tecnológico Serie 6, o la distinción británica que empezaba a democratizar Bentley.

Bajo este escenario de poderío técnico, la firma de la estrella decidió que era el momento de jubilar al exitoso C215 para dar paso a una nueva generación que elevaba la apuesta en todos los sentidos. Así llegaba al mercado el Mercedes CL C216, una mole de ingeniería que aprovechaba toda la arquitectura técnica de la Clase S para envolverla en un diseño mucho más atlético y visualmente imponente. No era simplemente una variante de dos puertas de la berlina de representación por excelencia; era la forma que tenía Mercedes de decir que el lujo extremo podía ser personal, emocionante y, sobre todo, tecnológicamente imbatible.

Una declaración de intenciones en diseño

Cuando se vieron las primeras imágenes, no faltaron aquellos que destacaron el cambio de mentalidad en la marca. El nuevo CL recuperaba esa pesadez visual del C140, al igual que su planteamiento de coupé ejecutivo, menos estilizado que el modelo al que reemplazaba, pero más musculoso, con caderas más marcadas y una fuerte presencia de la calandra con el logo de la marca de gran tamaño en el medio. El Mercedes CL era una declaración muy potente frente al resto: aquí quien manda somos nosotros. No debemos olvidar que, salvo Bentley, nadie tenía un coche de similares características y los británicos se movían en círculos más elitistas que los alemanes.

Mercedes CL500 C216 (2)

No podemos convertir la noche en día, pero nos estamos acercando mucho. Con este eslogan presentaba Mercedes su sistema de visión nocturna en 2006. Era, en esencia, tecnología militar aplicada a un coupé de lujo

Aun así, el coupé alemán bien podía incomodar al británico, sobre todo con determinadas versiones como el CL500. La variante con motor V8 atmosférico —luego llegaría, con el restyling, un motor turbo en su lugar— era la versión “de acceso”, la opción menos potente y barata del catálogo. El precio inicial del Mercedes CL500 en el año 2006 era de 120.000 euros —que, ajustado a la inflación, equivaldrían a unos 181.560 euros de 2026—, mientras que todas las demás versiones del coupé alemán eran más caras: el CL63 AMG, por ejemplo, rozaba los 182.000 euros y el CL65 AMG superaba los 200.000 euros.

V8 atmosférico: Corazón de aleación

Bajo su gran capó se escondía un V8 atmosférico, un propulsor de 5.461 centímetros cúbicos construido íntegramente en aleación, con culatas de cuatro válvulas por cilindro y dos árboles de levas, que rendía 388 caballos a 6.000 revoluciones y 54,1 mkg entre 2.800 y 4.800 revoluciones. El cambio era automático por convertidor de par con siete relaciones —la séptima se estiraba hasta los 65,48 kilómetros por hora a 1.000 revoluciones— que enviaba la potencia al eje trasero.

No se buscaban prestaciones de coche deportivo puro, pero eso no quería decir que se prescindiera de la velocidad. La máxima estaba limitada a 250 kilómetros por hora y podía completar el sprint hasta los 100 kilómetros por hora en solo 5,4 segundos. Se ponía a 160 kilómetros por hora, desde parado, en 13,68 segundos y podía completar el 0 a 1.000 metros en 25,42 segundos. Todo ello arrastrando un peso de 1.995 kilos.

El consumo, como cabría esperar, era elevado. Según datos oficiales, la media era de 12,1 litros, que se disparaban hasta los 18 litros en circulación urbana. La revista Autopista registró, curiosamente, 15,5 litros en urbano, mientras que la media era casi clavada con 12,3 litros. Quien se lo podía permitir se ponía a los mandos de un coupé inalcanzable. Pocos coches eran capaces de combinar un comportamiento dinámico de primer nivel con un confort absoluto; el truco estaba en la suspensión ABC (sistema adaptativo neumático de control electrónico), capaz de mantener la carrocería totalmente quieta mientras filtraba todas las irregularidades del asfalto.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.