Ha circulado por estas tierras. ¿Alguien lo ha vuelto a ver? Un targa a la madrileña, porque antes de su última venta de público conocimiento pasó un buen tiempo en la capital. Ocho años en España duró la estadía de este Ferrari 328 GTS modelo 1988. Obtenido en 2017, con el coche en el país desde hacía dos años atrás tras su reimportación desde Alemania, su anterior propietario atendió sus necesidades de inmediato a su adquisición. Un servicio de algo más de 7.000 euros a cargo de la filial oficial de Madrid, unos 500 euros más por una radio estéreo y de nuevo a la calle.
Luego, su paso por RM Sotheby’s, que le bajó el martillo a una oferta final de casi 110.000 euros en una subasta parisina que data de principios del 2023. No, nada de cavallinos accesibles mediante anuncios en sitios de ocasión. Este targa, el nivel de conservación y el estado de fábrica de este targa buscaban coleccionistas.
El Rosso Corsa en representación de lo que se ve desde afuera, un odómetro realmente bajo de 38.243 km en representación de lo que se ve de adentro –no sorprendería que, tres años después, se mantuviera en la línea de los 40.000–, pero ante todo lo que no se ve hasta que levantas el capó: su motor V8 3.2, conectado a su caja manual de cinco velocidades, ambos originales.
El Ferrari 328 GTS 1988 español como excusa para recordar
Transportación a los años ochenta, cuando los de Maranello aún profesaban el concepto de diseño fundado en filosas líneas de carrocería. Y aunque a excepción de la zona del techo desmontable no registraba diferencias aparentes con la versión coupé –el 328 GTB–, sí marcaba notable distancia respecto de su predecesor, el Ferrari 308. No, no hablo del aumento de cilindrada. Hablo de rasgos puntuales como esas 12 ranuras por paso de rueda al nivel del capó. Lo que sí conservó del Quattrovalvole fue la calandra horizontal entre ambos faros escamoteables.
La disposición de calandras sobre el capó del 308 tenía ese no sé qué. Tal vez por ser la misma que el GTO. Ese reparto de ranuras a los pasos aportaban carácter. Los coches evolucionan y el 328 no fue la excepción. Al menos, mantuvo la cordura, no como el Mondial que, por su parte, le fue fiel al diseño de la sección en cuestión a lo largo de su saga, incluyendo el 3.2 lanzado en aquel mismo 1985. Como sea, no se puede interpretar a este cambio en el morro del 328 como algo fortuito: al frente, el coche seguía siendo ese filoso Ferrari de los ochenta, pero sin antes limarse hasta dar con una forma algo más redondeada.
En algún lugar de Europa –¿de España, a juzgar por su permiso de circulación?–, alguien comprueba una y otra vez la ergonomía de este Ferrari 328 GTS 1988 cada vez que toma posición, una de las fortalezas de este modelo asociadas al confort de conducción deportiva. Y aunque a este targa siempre le ha sentado bien la combinación de acabados azul y blanco para el exterior y el habitáculo, respectivamente, seré en esta ocasión un fundamentalista y rezaré porque este ejemplar permanezca en su sólido cuero negro.




Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.