El Mercedes S500 era la culminación del sueño de mucha gente. Era una de las versiones más potentes y lujosas que se podían encontrar en el catálogo de la firma alemana, gracias a su propulsor V8 atmosférico y a un equipamiento que, cuando llegó al mercado, era abrumador.
Se dice que Mercedes inventó el automóvil. Es una afirmación bastante común y, aunque no está falta de razón, hay que matizar. En realidad, el automóvil, más o menos como lo conocemos, lo inventaron dos señores: Karl Benz y Gottlieb Daimler, uno inventó el automóvil con motor de combustión interna y el otro inventó el automóvil de cuatro ruedas. Luego sus empresas se fusionaron y crearon la Daimler-Benz, que fue como se llamó empresarialmente, durante décadas, lo que nosotros conocemos como Mercedes.
Una herencia de calidad y personalidad de hierro
Mercedes es una de las compañías automovilísticas más antiguas del mundo –existieron otras antes que fabricaban coches eléctricos– y tiene una fama bien merecida, pues durante toda su historia, han representado la máxima expresión del automóvil: calidad, innovación, técnica, prestaciones, lujo… Mercedes ha tenido una personalidad de hierro, aunque a comienzos del Siglo XXI tuvo que empezar a cambiar ligeramente, para poder llegar a donde antes no llegaba; cuestión de mercado y necesidades empresariales obligaban.
Ese inicio de cambios se notó claramente en un coche que, por lo general, es el estandarte de la firma, su modelo más grande y representativo: el Mercedes Clase S. La Sonderklasse –clase especial en alemán– es, desde su puesta en circulación en 1972 con el W116, un compendio de todo lo que sabe hacer la marca, pero también ha sido un coche con una imagen muy concreta que dejaba la deportividad guardada en un cajón. Un modelo imponente por formas, tamaño y personalidad.
Comparado con su antecesor, el W140, el Mercedes W220 parecía ligero y muy estilizado, aunque en realidad medía más de cinco metros y pesaba casi 1.900 kilos
La revolución visual del W220
Sin embargo, a finales de los 90, Mercedes mostró al público la generación W220, el Mercedes Clase S “del nuevo siglo”. Era un coche muy estilizado, incluso ligero visualmente, con un frontal de formas suaves, unos paneles de carrocería casi lisos y una imagen lateral alargada y algo baja, al estilo de los Jaguar XJ, que contrastaban enormemente con su antecesor, el W140, un coche que fue criticado por su pesadez visual y por su enorme tamaño.
El Mercedes Clase S W220 no era un coche pequeño, pero su diseño aligeraba muchísimo su figura y dejaba claro que Mercedes había tomado un nuevo camino en cuanto a diseño. No obstante, lo que no cambió fue todo lo que se escondía bajo los paneles de chapa, pues el W220 fue, sin lugar a dudas, uno de los coches más avanzados y sorprendentes de su época, con una carga tecnológica nunca vista, aunque también muy tradicional en otros apartados.
Técnica clásica para un estandarte tecnológico
Desde el primer momento, desde 1998, estuvo disponible el Mercedes S500, una versión que podríamos denominar como clásica, pues se colocaba como lo más excelso en el catálogo –con chasis corto y sin contar las versiones AMG que llegaron más tarde– animado por un motor V8 gasolina atmosférico. Contaba con un equipamiento sencillamente de locos –ABS, frenada de emergencia, ocho airbags, climatizador, limitador de velocidad variable, sensor de lluvia, suspensión neumática, control de estabilidad, volante con ajuste eléctrico, tapicería de cuero, madera de raíz de nogal…– pero con un motor técnicamente muy tradicional.
Sus ocho cilindros en V desplazaban 4.966 centímetros cúbicos –con una relación diámetro/carrera de 97 por 84 milímetros, típica de un motor de carrera corta–, tenía gestión electrónica con inyección secuencial, admisión variable, tres válvulas por cilindro, un árbol de levas por bancada y distribución variable. Rendía 306 CV a 5.600 revoluciones y un par de nada menos que 46,94 mkg entre 2.700 y 4.200 revoluciones. Una cifra de potencia muy respetable para un turismo de lujo en 1998, y un par que garantizaba una elasticidad extraordinaria en uso real — exactamente lo que se espera de un coche de estas características.
El precio de la excelencia a finales de los 90
De todas formas, el Mercedes S500 era, como su imagen dejaba claro, un coche de lujo, uno para viajar rápido pero de la forma más cómoda posible. Por eso montaba suspensión neumática y unos asientos de cuero que parecían butacones. Sus datos de prestaciones eran más que buenos, con un 0 a 100 kilómetros por hora en 6,74 segundos, podía recorrer 1.000 metros con salida parada en 26,53 segundos y llegar al limitador de velocidad, situado en los 250 kilómetros por hora, en poco tiempo.
Mercedes pedía por un S500 nada menos que 14.950.000 pesetas, un auténtico dineral a finales de los 90. Pero, ¿cuándo ha sido barato un Mercedes?


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS