La Dolce Vita no ha muerto. No hasta que el Ferrari Roma Spider se haya despedido del catálogo. La versión coupé, para el lamento de quien escribe, ha pasado como una estrella fugaz y ahora es parte del pasado. Pero el convertible sigue aquí. Cuando toca hablar de un coche al que no le gusta viajar con techo encima, no nos dejamos llevar por los términos utilizados. Decimos descapotable y, quizás, se trata de un roadster que nació para vivir a toda hora sin nada encima. Hablamos de convertible y no desnaturalizamos el peso de la palabra.
Este Ferrari, lanzado al mercado en 2023, es de los que representan a la palabra con la responsabilidad debida. Por supuesto, con las ventajas de las tecnologías avanzadas que el fabricante de Maranello le proporciona. Es un coche para pocos y esos pocos ya estarán interiorizados sobre cómo funciona su sistema. Pero les tengo noticias: yo no escribo para unos pocos. Por eso hablo de admiradores y no de amantes. Los primeros pueden ser aquellos que nunca tuvieron un convertible, pero que alguna vez experimentaron y se fueron fascinados. Los segundos se limitan a quienes frecuentan este tipo de automóviles. Hay entre ambos una clara diferencia de posibilidades de acceso.
La ingeniería del cielo abierto: ligereza y espacio
El instructivo para la conducción a cielo abierto que propone el Roma Spider combina diversidad de factores. Ligereza, optimización de espacios no solo el destinado a la capota, dinámica del accionamiento eléctrico y tiempo. La elección de un techo de lona y no de uno duro desmontable responde al primero. Mejor viajar con uno menos pesado cuando no nos queda otra que cerrar la cabina. Pero también responde al segundo.
Transición al Ferrari Roma Spider: la otra carrera de tiempos
En el nombre de la versatilidad. Con la capota de lona y gracias a todo su sistema eléctrico, el Ferrari Roma Spider exprime capacidad en su maletero trasero. Dado que no necesita de tanto espacio en su compartimento, cuando viaja allí dentro el coche no lamenta una exagerada pérdida de volumen de carga. Si el techo va en su posición y el Ferrari en modo cerrado, el maletero garantiza sus 288 litros máximos. Si se conduce a cielo abierto, la cifra desciende a 255 litros.
¿Pero cómo pasar, entonces, del deportivo techado al deportivo en su esencia más pura y sincera? La secuencia comienza con la luneta posterior –que forma parte de la capota– levantándose. El segundo paso es la apertura de dicho compartimento, y es cuando el techo adopta una forma de Z mientras va plegándose, justo antes de archivarse y descansar hasta el siguiente llamado. La tapa del compartimento empieza a cerrarse y, una vez que vuelve a tomar contacto con el reposacabezas, termina la transición.
En deportivos convertibles se da esa otra carrera de tiempos. No la de circuito y récords, sino la de los que se requiere al momento de llevar a cabo la metamorfosis. En el Ferrari Roma Spider, la transición que se completa en 13,5 segundos, desde que comienza hasta que finaliza, siempre que se respete una velocidad máxima de 60 km/h. ¿Puedes nombrar convertibles que la establezcan más rápido?


Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.