Coche del día: Chrysler Sebring Cabrio 2.0 CRD Limited

Coche del día: Chrysler Sebring Cabrio 2.0 CRD Limited

Motor Volkswagen, techo duro y la obsesión por el diésel... ¿en un descapotable incomprendido?


Tiempo de lectura: 6 min.

El Chrysler Sebring Cabrio 2.0 CRD es una muestra de cómo la firma norteamericana intentó adaptarse al mercado europeo en el que fue, quizá, uno de sus momentos más caprichosos. En aquella época, en Europa se querían motores diésel hasta en la sopa y, para colmo, los descapotables debían cumplir con la moda del techo metálico retráctil en lugar de la clásica lona. Chrysler se las tuvo que apañar para poder ofrecer ambas soluciones en el mismo coche, intentando cuadrar un círculo que resultó ser más complejo de lo esperado.

Las marcas norteamericanas han intentado en varias ocasiones traer sus productos a Europa. Y siempre, o casi siempre, se ha hecho de la misma manera: importar coches ya a la venta en Estados Unidos, apenas adaptados al mercado local. La única que hizo bien las cosas desde el principio fue Ford, al abrir una división específica para Europa, encargada de diseñar y desarrollar coches específicos para el Viejo Continente. Chevrolet, mucho tiempo después, también les copió la fórmula y, como cabría esperar, se encontraron con una buena aceptación al entender mejor los gustos del cliente europeo.

Chrysler, entre los fabricantes yankees, es una marca que lo ha intentado varias veces con resultados dispares. Por un lado, los Chrysler Vision dejaron a muchos usuarios con la boca abierta por su diseño futurista, pero no lograron las ventas esperadas. Luego, con los Chrysler Stratus –que se vendían en Estados Unidos como Dodge– lograron algo más de aceptación, una inercia que se diluyó con la puesta en escena de la primera generación del Sebring, pues su personalidad era algo más “yankee” y sus precios, sensiblemente más altos.

Un diseño americano para un mercado saturado

La segunda generación del Sebring que vimos aquí (realmente la tercera global, pues a Europa llegó la segunda en sustitución del Stratus) llegó en el año 2007 y lucía un diseño mucho más americano. De hecho, tanto el diseño como la personalidad y el tamaño eran muy del gusto de Estados Unidos y se alineaban poco con los estándares estéticos europeos de la época. No obstante, no cejaron en su empeño y el mejor ejemplo fue la versión descapotable, que adoptó dos de las tendencias que marcaron el segmento de los cabrios y las ventas en aquellos años.

El Chrysler Sebring Cabrio se ofreció con motor turbodiésel junto con un techo duro retráctil, una solución que se había vuelto casi obligatoria después de que el Mercedes SLK lo pusiera de moda. Tras el éxito de Mercedes, hubo una importante cantidad de descapotables con techo metálico plegable en el mercado europeo, desde compactos hasta berlinas. La cuestión es que Chrysler no tenía tecnología diésel propia competitiva para este segmento y tuvo que comprarla a un tercero: Volkswagen.

Chrysler Sebring Cabrio 2 0 CRD (2)

Así se puso en circulación el Chrysler Sebring Cabrio 2.0 CRD, una versión que prometía ser un pilar importante en las cuentas del descapotable yankee, pero que, finalmente, no encontró el éxito que buscaba. No en balde, tenía que enfrentarse a rivales de la talla del Volvo C70 2.0D (136 CV), el Saab 9-3 Cabrio 1.9 TiD (150 CV) o el Audi A4 Cabrio 2.0 TDI (140 CV), todos ellos con un refinamiento y una imagen de marca muy consolidada.

El corazón del Audi A4 bajo piel de Chrysler

Curiosamente, el Sebring descapotable compartía propulsor con el Audi A4 2.0 TDI: el bloque de cuatro cilindros y 1.968 centímetros cúbicos (de carrera larga, con 81 milímetros de diámetro y 95,5 milímetros de carrera). Este motor incorporaba todavía el sistema de “bomba-inyector”, con turbo de geometría variable e intercooler. Rendía 140 CV a 4.000 revoluciones y un par motor de 31,6 mkg a 1.750 vueltas.

Esta potencia se enviaba a las ruedas delanteras mediante un cambio manual de seis relaciones con los desarrollos bastante bien ajustados para el mercado europeo. Para los amantes de los datos técnicos, la cuarta era de 32,14 km/h, la quinta de 41,06 km/h y la sexta de 46,63 km/h a 1.000 revoluciones. Era una combinación interesante sobre el papel: el diseño tenía cierta personalidad, el motor era una de las referencias de su categoría en cuanto a empuje, no estaba mal equipado y el precio con respecto a sus rivales era muy competitivo: 37.580 euros de 2007.

El problema del peso y la practicidad

Lo tenía todo para triunfar, pero la física es terca. Era un coche enorme, con una longitud de 4,93 metros y una anchura de 1,84 metros. Obviamente, su tamaño y el complejo mecanismo del techo metálico eran enemigos del peso. Según datos oficiales, el coche rondaba los 1.875 kilos. Este dato, como cabría esperar, afectaba negativamente a sus prestaciones y a los consumos, sin ofrecer nada realmente superior a sus rivales europeos.

El Chrysler Sebring Cabrio era un coche interesante, pero no estaba a la altura de sus principales rivales; la marquitis de la época hizo el resto

Es cierto que su habitáculo era muy grande, pero no tanto como para resultar realmente decisivo en el uso diario. Al mismo tiempo, el maletero se quedaba en 356 litros con el techo puesto, pero si se descapotaba, la capacidad se reducía drásticamente hasta los 193 litros. Si lo comparamos con un rival directo como el Saab 9-3 Cabrio, este ofrecía 352 litros y, al usar un techo de lona, cuando se plegaba limitaba la capacidad hasta los 235 litros, siendo un coche con una longitud mucho menor y más manejable.

Aun así, el Sebring presumía de una velocidad máxima de 195 km/h, un 0 a 400 metros en 18,3 segundos y de un 0 a 1.000 metros en 33,2 segundos. El paso de 80 a 120 km/h en sexta se completaba en 12,4 segundos y los consumos reales rondaban los ocho litros según los registros de la época de publicaciones como Motor 16, una cifra algo elevada comparada con los TDI europeos pero lógica dado su tonelaje.

Acabados y sensaciones dinámicas

El Chrysler Sebring Cabrio 2.0 CRD era un esfuerzo honesto por adaptarse, y el acabado Limited venía realmente bien equipado: tapicería de piel, llantas de 18 pulgadas, asientos calefactados, climatizador, control de crucero… Pero estos lujos se acompañaban de detalles que no eran aceptables en un coche de su precio y pretensiones en el mercado europeo. Los acabados generales, con plásticos duros y ajustes mejorables, estaban por debajo de la media del segmento.

Dinámicamente, al circular con el techo quitado, aparecían vibraciones parásitas en el volante y en el habitáculo que denotaban una rigidez torsional justa. Además, tenía mucha tendencia a subvirar en curva y los frenos eran propensos a la fatiga si se les exigía mínimamente. Fue un coche que intentó ser europeo con una base demasiado americana, un híbrido que nos recuerda hoy una época en la que las marcas estaban dispuestas a todo, incluso a montar un motor TDI alemán en un crucero de autopista nacido en Michigan.

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Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".
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Christian
Christian
1 minuto atrás

Excelente nota, a dia de hoy poseo un Chrysler Sebring 2.0 crd (berlina) que he comprado nuevo en el concesionario Mercedes de mi ciudad (donde se vendía en aquel momento) y si bien tiene ya casi 20 años no puedo estar más contento con el, aun a día de hoy todavía recibo elogios por su diseño, el equipamiento interior con pantalla táctil, DVD y Disco duro de 20gb para subir canciones y fotos no lo traía ninguna marca, el interior quizás tenga algunos plásticos duros pero aguantan formidablemente el paso del tiempo (los yankees hacen los coches para que aguanten los 50 grados del sur y al mismo tiempo los -50 del norte) eso lo he leído en una oportunidad y es cierto, además tampoco hablemos de la calidad y acabados de los coches de hoy en día, 20 años después, y hablo de coches premium. Lo dicho, casi 20 años después y aun sigo muy contento con el y funciona a la perfección. Un saludo!


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Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

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Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

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Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.