Es tiempo de clásicos, de que los fabricantes franceses jueguen de local. Ante todo, tiempo de modelos del pasado. De manera tal que se justifica el Alpine A110 R Ultime. Aunque no hay límites de condición en los Rétromobile de París y no hay novedad en su presencia. El epicentro de los coches retro se permite recibir vehículos vigentes. Es parte de las estrategias comerciales de las marcas. Unir el ayer con el presente es algo inevitable en las exposiciones.
Pero se justifica por la realidad pura y dura del A110, que va camino a despedir su segunda generación, a convertirse en deportivo del pasado y a girar hacia algo más trascendental. Una vez fuera el aún vigente, cuyos pedidos cierran en marzo y cuya producción acaba en junio del 2026, su era de la combustión interna habrá puesto punto final y habrá allanado el camino hacia la tercera, que será cien por ciento eléctrica.
A la luz de los hechos, digamos que el renacer del cautivador coupé, después de 40 años exactos habiendo estado retirado tras el cese de 1977, no se dio en el mejor momento. Con la electrificación atacando a la industria, en ocasiones indiscriminadamente, la prosperidad del cuatro cilindros turbo central en su modo más noble se interrumpirá antes de alcanzar la década. El R Ultime pronto a exhibirse en la capital se mostrará, con sus 345 CV y su mote de más extremo y más de circuito A110, una forma de empezar a decir au revoir.
Una manera de empezar a sumarse a la larga lista de los que ya no se fabrican. Y entonces el condimento exótico lo aportarán los dos clásicos que completan este tridente ofensivo destinado a ser un centro de atención entre tanto stands de generalistas. Tomemos al Alpine A110 1800S Grupo E 4 fabricado en 1975 para competir en rallye –fue segundo en el Tour de Córcega de ese mismo año– como una asistencia obligatoria.
Hay en Alpine una clara intención de resumir sus históricas facetas en estos tres coches elegidos para el evento. Un Alpine de calle, un Alpine de calle diseñado como deportivo de carreras y un Alpine solo para cruzar banderas a cuadros. Este último es el 1800S. El 7, la estampa del reducto institución del rallye en el que fue escolta del Lancia Stratos HF, el tricolor blanco, amarillo y negro oficial con que los equipos de Renualt Alpine corrían en, quizás, su época más dorada en el deporte de motor –pregúntenle, si no, al ganador de Le Mans de 1978–… Una verdadera cápsula del tiempo.
Supondrán, dados estos exponentes, que la unidad restante, un Alpine A110 1600 SX de serie, quedará opacada por tratarse de un coche de carretera. Supondrán mal, en ese caso. No solo este ejemplar modelo 1977 pertenece a la versión de despedida de la primera generación, sino que sigue en manos de su propietario original. ¡Medio siglo bajo el mismo techo! Vaya acto de amor y lealtad entre hombre y máquina. Suspensión independiente y frenos de disco en las cuatro ruedas, una relación peso-potencia de 8,3 km/CV para nada despreciable… Una pieza de ingeniería que, además, atraerá desde su Vert Normand, exterior por el cual se lo conoce como Berliverte, apodo cortesía de los aficionados, en referencia a su acabado verde y al concepto Berlinette con que se engloban aquellos primeros A110.




Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS