El Audi Allroad 4.2 V8 era un coche de lo más especial. No solo tenía un motor de prestaciones respetables bajo el capó, también hacía gala de un comportamiento por caminos que pocos se esperaban al ver su aburguesado aspecto. No en balde, combinaba el poderío de su V8 con un sistema de tracción total y suspensiones de altura regulable.
A finales de los 90, los SUV empezaban a dejarse ver por las carreteras, así como la idea de convertirlo todo en un vehículo apto para circular por fuera del asfalto. Volvo vio potencial y puso en circulación el V70 XC, básicamente una ranchera “de toda la vida” con suspensiones algo más altas, elementos de plástico oscuro en la carrocería y tracción total. Una combinación de elementos que ya había sido experimentada por Subaru con el Outback, aquella primera generación basada en el Legacy y puesta en circulación en 1994.
Es curioso ver cómo una idea que funciona no gana popularidad hasta que la ofrece alguien con cierta imagen en el mercado. Subaru fue la primera, luego Volvo –ninguna de las dos está falta de peso entre el público– y finalmente, Audi se aprovechó de su posición y explotó la idea mejor que nadie. O quizá deberíamos decir que aprovechó para “gentrificar” y sacar rédito de una idea inventada por otros.
Así, en 1999, el Audi Allroad era la propuesta de la firma alemana en ese especial segmento de mercado, la cual contó con más aceptación que las opciones de Subaru y Volvo. También es justo reconocer que la marca de los cuatro aros tomó como base el Audi A6 Avant C5, un coche que destacó especialmente por su calidad general y un diseño –obra del equipo de Satoshi Wada– que ha envejecido con una dignidad envidiable. El Allroad no era más que una vuelta de tuerca sobre el mismo coche que, para colmo, también presumía de una versión equipada con un motor V8.
En aquellos años, Audi quería destacar a toda costa como fabricante de alta gama y, como es sabido, una marca que se considera premium está obligada a ofrecer versiones prestacionales y, por supuesto, al menos un propulsor V8. Con eso en mente, Audi puso mecánicas de ocho cilindros en muchos coches, sobre todo en el segmento E –los sedanes ejecutivos como el A6– y en el más lujoso de todos, el segmento F –representado por el Audi A8–.
Perteneciente al segmento E, el Audi Allroad tenía que montar, indiscutiblemente, un motor V8 para obtener el caché necesario. Además, BMW había puesto en circulación el X5 y Mercedes llevaba años con el ML; la antigua Auto Union necesitaba algo con capacidades fuera del asfalto y con poderío bajo el capó. Ese poderío se obtenía del corazón del Audi S6: un ocho cilindros con 4.172 centímetros cúbicos y carrera larga –84,5 milímetros de diámetro por 93 milímetros de carrera–, culata de cinco válvulas por cilindro y un rendimiento de 300 CV a 6.200 revoluciones y 380 Nm de par a 2.700 revoluciones.
Si hacemos caso a la prensa de la época, como la revista Auto Verde 4×4 –número 178–, el Audi Allroad 4.2 V8 era un coche llamativamente capaz. El secreto era su suspensión neumática, que permitía elevar la carrocería hasta los 208 milímetros, una altura que le ponía al nivel de algunos SUV especialmente dotados. No obstante, su batalla de casi 2,8 metros era un impedimento en campo abierto, ya que resultaba muy fácil arrastrar la panza en las crestas.
El caso es que no era un todoterreno puro, sino un familiar con aspiraciones camperas que podía pasar por sitios complicados gracias a su tracción total y a los sistemas de asistencia electrónica. Sin embargo, no convenía aventurarse demasiado. Por un lado, el motor V8 solo se combinaba con el cambio automático Tiptronic de cinco relaciones, lo que impedía montar la reductora –Low Range– que sí tenían las versiones V6 manuales. Por otro, detalles como su rueda de repuesto de emergencia –que venía deshinchada y obligaba a usar un compresor que se sobrecalentaba– recordaban que su hábitat natural no era el desierto, sino la carretera.
Finalmente, hay que mencionar los consumos, especialmente altos incluso para un motor de su tipo. La citada prueba registró cifras de nada menos que 21,4 litros en ciudad, con una media ponderada de 17,9 litros a los 100 kilómetros. Es cierto que el Audi Allroad 4.2 V8 costaba la friolera de 67.820 euros en 2004, una cifra astronómica que lo convertía en un coche solo para gente con una cuenta corriente muy saneada, pero esos consumos no tenían justificación. De hecho, su depósito, con unos buenos 70 litros, se quedaba corto y no permitía ni siquiera llegar a los 600 kilómetros de autonomía.


Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".