Hatchback y cimbronazos de alto rendimiento, la ventaja madre que tiene a favor para su futuro regreso. A la par, la esencia de esta saga, que no se caracteriza precisamente por mandarte a dormir. ¡Si hasta los eléctricos de la familia –sí, estoy pensando ahora mismo en el IONIQ 5 N– prometen pasarla bien al maniobrar sin concesiones, más allá de unas prestaciones de supercar! Si el pequeño, con su propulsión limpia de emisiones y hoy solitario en la gama N de los mercados europeos, puede cargarse la responsabilidad de darle continuidad al show, el Hyundai i30 N no se debe permitir quedar afuera.
Tarde o temprano, el cinco puertas, uno de los dos hot-hatch con diseño y dimensiones al punto justo –el i20 N, el otro–, volverá. Y tal parece que será más temprano que tarde, a juzgar por los trascendidos recientes de parte de –sí, han adivinado– los colegas de Autocar. Anuncios en potencial, con un panorama posible y especificaciones, lógico, que a estas horas se siguen cocinando o bien ya todo está inventado y solo falta que los coreanos le retiren el velo.
Su discontinuidad en el continente, que data de inicios del 2024, puede interrumpirse dentro de un año, si es que la marca retoma la comercialización del i30 N en Europa, según prevé, a finales del 2026 o ya en el 2027. Pero el título de la jornada no enfatiza en el cuándo, sino en el cómo: el gato asiático –vaya ronroneo el de su 2.0– será, en un alto porcentaje, domesticado a base de electrificación. Un futuro cercano híbrido le estaría esperando, la receta para acatar las normativas actualizadas, mientras el cuatro cilindros contiene su desplazamiento para no espantar clientes por culpa de los impuestos.
Me he quedado en el sonido. Me he quedado en el sonido y los obstáculos burocráticos deben mantenerse a raya. Los surcoreanos, cuando hablan del i30 N, insisten con el rugido. Lo quieren programar en la más maravillosa música que corre por la mente, pero la clave es el ronroneo. Es lógico que sobresalga el berrinche, pero la fuerza nace de la calma que precede. Eso es el motor 2.0 de este Hyundai, amenazante ya desde punto muerto cuando el pedal se mira y no se toca. Los 280 caballos –tomémoslos solo como referencia dado que es la potencia en que se ha quedado– serían una consecuencia al final del camino.
Quién sabe cuál será el motor de combustión. Los candidatos se reducen a uno nuevo en desarrollo o bien al 1.5, si es que la marca toma el esquema mild-hybrid de 48 voltios del Hyundai i30 básico y le mete mano para darle el rendimiento que un N necesita. Lo veo potable y entonces la pregunta es la siguiente: ¿corre peligro ese ronroneo al que el fabricante nos ha malacostumbrado? No subestimemos, lejos de eso, pero la marca debe procurar no alterar las emociones sensoriales consagradas. Negociar por un microhíbrido sería lo recomendable, pues mejor no imaginar un híbrido no enchufable con la injerencia del eléctrico en el arranque.
La esperanza es lo último que se pierde. Después de todo, será un N y estará obligado a que su complejo sistema de escape –variable y con niveles de sonidos a gusto y detonaciones heredadas del rallye, recordemos– haga lo suyo.


Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS