Abarth es una la marca que siempre ha sido sinónimo de escapes gloriosos y de motores altamente modificables, y se está replanteando volver a la gasolina después de cargarse los 595 y 695 de combustión en agosto de 2024 y pasarse a los eléctricos.
El plan les ha dado garrampa, y las ventas se han hundido como una vaca en el atlántico. En Reino Unido no han vendido más de 273 coches en lo que va de 2025 frente a los 954 el año anterior, y los foros y clubes Abarth están que trinan porque quieren poder tocar, ajustar y escuchar rugir un motor de verdad, no jugar con un generador de sonido falso.
El jefe de Abarth Europa, Gaetano Thorel, ya anda diciendo que el cliente de Abarth compra un coche para meterle mano y para sentir que tiene algo que decir sobre el motor y el escape. Con los eléctricos eso no es posible, y la reacción ha sido brutal. Así que, aunque oficialmente no hay comunicado de prensa, todos los indicios apuntan a que la marca podría romper su empeño por hacer solo eléctricos y rescatar la esencia de sus hot hatches.
Ahora bien, la cuestión técnica no es moco de pavo, y el plan es usar la nueva Fiat 500 Hybrid como base, un coche que llegará a Reino Unido a principios de 2026 y que combinará motor 1.0 atmosférico con un pequeño eléctrico. Pero ese motorcito de 64 CV no da para hacer un auténtico Abarth: es lineal, sin chispa, y tarda 16,2 segundos en hacer el 0-100 km/h. En otras palabras, tan divertido como la declaración de la renta.
Thorel admite que están intentando encontrar la solución, pero que hay problemas de espacio, refrigeración y retorno de inversión, porque la plataforma es eléctrica por diseño y no cabe un motor grande sin meterse en líos serios. La esperanza está en un híbrido de gasolina que respete normas de emisiones y devuelva algo de diversión a la marca. Vamos, lo mismo que con el Dodge Charger (también Stellantis) pero en escala mini.
El eléctrico ha sido un desastre
La apuesta eléctrica de Abarth ha sido un puñetazo en la cara de las ventas, y se nota porque los 500e y 600e se vendieron fatal y los entusiastas no tragaron con los generadores de sonido falsos. Las matriculaciones de Abarth cayeron en Europa casi un 80% en la primera mitad de 2025 respecto al año anterior.
Pero el problema no es solamente de potencia, está también en el alma del coche. Un Abarth que no te permite ajustes, que no te deja jugar con el escape ni retocar la centralita, no es Abarth, y los clubes, foros y redes sociales están llenos de críticas que adicen que “los EV son como un soufflé de rata asada en el menú infantil”, según los más bestias. ¿Brutal? Bastante, pero eso pasa cuando te empeñas en que puedes arrancarle el alma a una pelotilla de carreras y aumentar las ventas.
La comparación con otros EV premium no es tampoco alentadora cuando Porsche, Ford y Toyota han visto cómo sus coches eléctricos de alto rendimiento flojeaban y tenían que recortar producción, despedir gente, y finalmente regresar a toda prisa o al motor térmico o a la hibridación (la última, Lotus con el Eletre). Abarth se sumó a la moda EV sin entender que su base de fans compra emociones, no baterías y discursos populistas pronunciados por colegialas exaltadas.
En resumen: que la estrategia de “solo eléctricos” ha hecho que Abarth deje de ser relevante para los auténticos aficionados, y si no arreglan esto, la marca corre el riesgo de desaparecer en el limbo de los nichos olvidados.
¿Qué motor podría salvar la papeleta?
Si finalmente hay un 500 Abarth de gasolina, la base será la 500 Hybrid. Teóricamente, su plataforma puede recibir más potencia, claro, pero el motor 1.0 actual es un coñazo que aporta poca emoción y un rendimiento digno de paciente de geriatría. Lo peor es que el antiguo 1.4 turbo del 695 es demasiado grande para este chásis e imperdonablemente contaminante para los funcionarios al norte de Waterloo.
Hay otras opciones que podrían ser viables empleando otros motores compactos de Stellantis, como un 1.2 turbo, pero hay poco espacio y darían muchos problemas de refrigeración y de escape, y la alternativa de rehacer la plataforma del 695 o crear una nueva es carísima y conlleva un riesgo enorme para una marca de nicho.
Lo más probable es que Abarth opte por un híbrido de gasolina, que cumpla con las emisiones y devuelva algo de chispa al motor. Además podría aplicarse también a un futuro 600 o incluso a un hipotético hot Grande Panda. Eso sí, el riesgo de quedarse corto sigue ahí porque el coche tendría que ser divertido sin romper las reglas ecológicas. Una versión automotriz de aquel vecino de tripa cervecera que se compró unas Puma fosforitas. Que sí, que dan un toque deportivo, pero no es lo mismo.
Mientras tanto, los fans deberían ir buscando un 595 usado, porque lo que venga todavía tiene muchas incógnitas, y si Abarth no acierta con la gasolina, el recuerdo de los hot hatches ruidosos podría quedar enterrado bajo un manto de silencio eléctrico.
¿Que significa esto para Abarth?
La posible vuelta a la gasolina no es un capricho sino supervivencia. La marca se ha dado cuenta demasiado tarde de que la base de clientes de una marca deportiva no quiere coches silenciosos y limitados, y que, por sorprendente que parezca, quieren deportivos igual que el que entra a Burger King espera una hamburguesa y no una turra vegana. Así, La transición eléctrica les ha dejado sin alma y con ventas por los suelos.
Si Abarth logra un híbrido divertido, podría recuperar parte de su prestigio y vender más coches. Pero si fracasa, el riesgo es desaparecer como marca de culto que siempre fue.
En cualquier caso, esto demuestra que el mundo de los coches deportivos y eléctricos no siempre es tan fácil como tirar una campaña cara de marketing y cifras duras de caballaje. Abarth está aprendiendo a las malas que los aficionados tienen más peso que las modas ecológicas, y que sin gasolina, la chispa se les apaga.


Jose Manuel Miana
Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.