Entro al catálogo del fabricante alemán –ya sea al destinado al mercado alemán o bien al disponible en España–, reviso la gama cien por ciento eléctrica, focalizo en el modelo tope de gama y solo encuentro la versión insignia acompañada por la familiar. Entonces me pregunto qué ha sido de la tercera faceta existente –un existente entrecomillado–, sino que me es inevitable recordarla, sobre todo aquí, donde perseguimos el alto rendimiento.
No lo pregunto porque el Volkswagen ID.X Performance nunca fue más allá de su propósito experimental, de su condición de concept car, lo que la marca se aseguró de dejarlo claro desde el primer momento. Un prototipo olvidado y eso que apenas pasaron dos años de su revelación, consumada a orillas del Lago Mayor de la ciudad suiza de Locarno. Este contexto de cuatro puertas eléctricos con poder de fuego comprobado en circuitos me da el pie, si bien, lógico, la diferencia con referentes como el Xiaomi SU7 Ultra y el Porsche Taycan Turbo GT es abismal.
Berlinas prestacionales sin una sola gota de gasolina, un común denominador que se bifurca cuando ponemos las potencias sobre la balanza. Lejos de los caballos de cuatro cifras que identifican a los citados se ubica el concepto ID.X Performance, cuya mecánica, no obstante, no merece ser subestimada. Es la configuración motriz la que marca la primera diferencia respecto de las opciones estándar, pero también mejora la capacidad del acabado de serie de alto rendimiento.
Nada tiene que ver este concepto de circunstancial exposición con la tracción trasera de los ID.7 básicos, aunque sí se emparenta con el ID.7 GTX debido a su tracción a las cuatro ruedas. Eso sí: sin desprestigiar el sistema de motor dual que al GTX le permite registrar un 0 a 100 km/h en 5,4 segundos sirviéndose de una máxima de 340 CV, los más de 200 caballos de diferencia –558 CV para el prototipo– son resultado de una configuración de tracción total que le evita pérdidas de potencia significativas e incluso es capaz de suministrarla a corto plazo a modo de sobrealimentación.
Pero, ante todo, el Volkswagen ID.X Performance ha sido, repito, un coche de efímera exhibición. Como tal, su aspecto tanto exterior como de las puertas para adentro adquiere igual o hasta superior consideración. Se destaca el paquete aerodinámico de fibra de carbono, tanto en los bajos delantero, frontal y trasero como en lo que aporta el alerón que le pone fin a la luneta, pero más sus llantas de aleación de 20 pulgadas con neumáticos que también son deportivos.
El carbono se expande al habitáculo, a los asientos de tipo bucket, para ser exacto, pero el hecho de que Volkswagen haya aumentado 80 milímetros la alineación hacia adentro de las ruedas y que haya rebajado seis centímetros la suspensión en relación con el ID.7 de calle, es lo que me lleva a lamentar no haber podido comprobar su desempeño en pista por no tratarse de una versión de producción, por tratarse, sí, de un prototipo olvidado.


1


Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.COMENTARIOS