Pocos superdeportivos de hace 30 años cotizan tan a la alza como el McLaren F1. “Desde entonces, su estrella ha seguido en ascenso, multiplicándose su valor por 20 en los años transcurridos”, explicó RM Sotheby’s, al momento de reseñar el ejemplar que fuera el más caro de la tanda de serie, sobre cómo su etiqueta fue escalando desde un principio. El destino estaba escrito: ya en 1992, el superdeportivo británico sabía lo que significaba ser el coche de producción más caro jamás vendido.
Hoy, como los casos de unidades que a menudo aparecen a subasta certifican, los mejores McLaren F1 rondan los 20 millones de dólares y este ejemplar, el décimo cuarto chasis de los 64 fabricados para la carretera, se anuncia con una cotización superior a los 21 millones. Las razones de tan estratosféricas cifras van de lo general a lo particular. Una ingeniería puesta al servicio del objetivo de construir el coche más Fórmula 1 de calle, el que en la actualidad sigue siendo el modelo atmosférico más veloz del mundo –tras registrar 391 km/h en 1998–, el que, con 627 CV, sigue siendo el coche de producción más potente sin asistencias electrónicas.
Y así podemos continuar enumerando: la consagración de la versión de carreras en Le Mans 1995, atributos asociados a los materiales y al interior, como el monocasco de fibra de carbono y otros que hoy no dejan de llamar la atención –a saber: el revestimiento interior de oro para la cubierta y el compartimento del BMW V12 central-trasero y la configuración de tres asientos, con el del conductor en el eje y los de acompañantes no en una segunda fila, sino ligeramente rezagados–… Luego, cada cual con sus méritos, y el McLaren F1 014, modelo 1994, por supuesto que tiene lo suyo.
Las reputaciones preceden. Los comienzos de este F1 todavía resuenan y en el historial sigue pesando la primera entrega. No se puede omitir la carga simbólica de haber pertenecido a la colección de la familia real de Brunéi, en su momento la más cuantiosa del planeta –desconozco ahora, les soy sincero–. Con un exterior en Amarillo Titanio brillante y una tapicería de cuero negro y Alcántara, allí desembarcó desde fábrica. No obstante, lo mejor vino después.
Si al alto valor de un coche se lo juzga por el grado de originalidad de piezas y especificaciones, a este McLaren F1 1994 se lo debe identificar por la reconstrucción integral a la que fue sometido en 2006 en la propia sede de McLaren, en Woking. Allí, su propietario de turno le mandó a instalar un paquete de alta carga aerodinámica compuesto por un alerón fijo, en reemplazo del activo con que la marca británica lo había fabricado, y un paragolpes y un divisor delantero heredado del GTR. El habitáculo fue parte de esta segunda vida, ya que recibió más fibra de carbono a la vista y un nuevo asiento de competición para el conductor.
Digamos que el chasis 014 esconde más de lo que muestra, porque su acabado actual en Ibis White dejó en el pasado no solo la mencionada pintura original, sino también una firma de Michael Schumacher sobre el umbral que databa de marzo del ’96, apenas días después del debut del piloto alemán con la escudería Ferrari. Casi de inmediato a su renovación, este McLaren F1 1994 recuperó lo perdido. No la firma de quien ya se había consagrado heptacampeón, sino de quien lo sería en el futuro. Tras su primera temporada con el equipo británico, Lewis Hamilton estampó sobre la parte izquierda del maletero la rúbrica que hoy conserva… y revaloriza.


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Mauro Blanco
Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.