TVR, Charge Holdings y el Griffith: una promesa que huele a humo

TVR, Charge Holdings y el Griffith: una promesa que huele a humo

¿Qué debes exigir exigir antes de dejar tus 5.000 libras?


Tiempo de lectura: 6 min.

TVR lleva prometiendo la vuelta del Griffith desde 2017. Nos lo presentaron en Goodwood como el regreso épico de una marca mítica y desde entonces han llovido anuncios, planes y fechas que saltan como me saltan a los ojos los dichosos faros LED. La última es la compra por parte de Charge Holdings y la afirmación de que van a producir otra vez el Griffith. Suena bien. Demasiado bien, quizá.

Ese “vamos a producir” es el corazón del asunto, porque, ¿hay dinero real, fábricas, gente con experiencia y proveedores firmes detrás? ¿O todo se queda en notas de prensa y fotos bonitas? Aquí te explico por qué dudo sinceramente que vayamos a ver una “Launch Edition” siquiera.

El largo rosario de promesas de TVR

La historia comenzó con el prototipo en 2017 y la promesa de ver las primeras unidades a finales de 2018. ¿Tu las has visto? Yo tampoco, porque desde entonces las fechas han ido tirando hacia delante. Primero que si 2019, luego que si el 2020, y así hasta ahora, que prometen que si eso nos dicen algo en 2026. Ocho años y cero coches entregados es un dato que no admite eufemismos: no son retrasos puntuales, es un patrón que sucede cuando un fulano promete sin estar a la altura. Como ejemplo fuera del automóvil, el Titanic 2, que lleva prometido 20 años.

Si existe algo peor que las fechas cambiantes son las consecuencias administrativas, porque TVR pactó con la Welsh Government la localización de su fábrica en Ebbw Vale y, con el tiempo, el asunto se desmoronó. El gobierno galés acabó vendiendo el edificio y registró pérdidas públicas en la operación. Eso no es una anécdota cuando significa la pérdida de un emplazamiento industrial comprometido, y sin fábrica no hay producción posible.

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Eso sí, mientras tanto, los anuncios siguieron y la compañía siguió aceptando depósitos de clientes por las “Launch Editions”. Esos depósitos no son simbólicos cuando hablamos de 5.000 libras por cabeza y de cientos de compradores esperando. Cuando una empresa admite reservas sin demostrar que puede fabricar el producto, convierte la confianza en un juego peligroso que puede terminar peor que la Tucker Corporation.

La nostalgia y las promesas venden muy bien, pero no pagan los utillajes ni las certificaciones, y recuperar una marca histórica exige hechos comprobables como un calendario, contratos con proveedores, instalaciones y, sobre todo, dinero claro y verificable.

Charge Holdings: ¿quién está detrás de la sonrisa de vendedor de coches usados?

Charge Holdings es la nueva entidad al timón de TVR, y la compañía tiene una vida muy reciente con una traza más breve que un día de invierno. Paul Abercrombie y otros nombres aparecen en unos registros que muestran movimiento societario en plazos muy cortos, y los cambios tan rápidos en las personas al mando siempre suscitan preguntas sobre la procedencia real de los fondos.

Ante todo está el historial de Charge Cars, la empresa operativa del grupo. Esa compañía ya prometió un restomod eléctrico del Mustang ’67 que se promocionó a bombo y platillo y que terminó en follones legales en 2024 sin entregar un solo coche. Luego hubo para colmo un rescate vago por “inversores privados”. Creo yo que repetir el mismo equipo que fracasó antes con otro proyecto debería encenderte todas las alarmas. A mí me dice que huele a Nueva Rumasa.

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La transparencia brilla por su ausencia. Las notas de prensa hablan de “consorcio de inversores” sin nombres ni cifras, y las cuentas públicas del conglomerado no muestran inyecciones de capital verificables. En el mundo del automóvil, la transparencia es la reina porque fabricar cuesta millones y no admite buenas palabras como forma de pago.

Si la operación se sostiene, habrá que ver antes nombres de fondos, avales bancarios y cuentas para así garantizar certificaciones y utillajes. Mientras no aparezcan, la compra suena a cambio de logo y poco más.

Instalaciones y capacidad productiva: la fábrica no se monta con notas de prensa

Charge y TVR han mencionado a Silverstone, a centros técnicos y la adquisición de empresas como LAB364. Todo muy bonito y que da la impresión de que algo se está moviendo. Lo que pasa es que pintar carrocerías, tener un taller o un centro de diseño no es lo mismo que poseer una planta industrial capaz de homologar y ensamblar coches día tras día.

Una planta necesita prensas, líneas, utillajes, bancadas, proveedores homologados y personal con experiencia. Requiere certificaciones de seguridad y pruebas de choque que cuestan dinero y tiempo. No se improvisa en unos meses con un anuncio y una foto en redes, y hasta ahora no hay evidencia pública de una fábrica operativa donde vayan a producir unidades del Griffith.

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Ebbw Vale fue la apuesta inicial y se esfumó, y si Charge no presenta contratos de alquiler o compra de instalaciones con plazos firmes y permisos de producción, la probabilidad de que esto quede en titular y luego en silencio es alta. La prensa vende expectación, la ingeniería exige infraestructura.

Además, el calendario regulatorio aprieta, porque con la política de reducción de ventas de vehículos térmicos en 2030 y los cambios en normas de emisiones, cualquier proyecto que vaya lento se enfrenta a costes extra de homologación y adaptación tecnológica. Producir rápido para cumplir calendarios puede llevar a atajos peligrosos en un coche de estas características.

Clientes, depósitos y lo que deberías exigir antes de fiarte

Hay clientes que llevan años esperando y que han dejado depósitos a cambio de recibir su coche nuevo. Eso no es anecdótico y significa riesgo real de perder dinero si la compañía vuelve a tropezar, por eso es tan importante llegar con exigencias claras y no negociar con promesas. Si en algún momento decides meter tu dinero en un proyecto similar, te interesa saber lo siguiente.

Lo primero que hace el inversor avispado es una prueba de fondos. O sea, pedir nombres de inversores, escrow o cuentas bloqueadas donde se guarde el dinero de las reservas, etc.. Si el dinero no está en una cuenta bajo custodia independiente, tu depósito está en la cuerda floja porque podrían, literalmente, gastárselo en una juerga en México.

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Lo segundo es un contrato claro como el agua y con penalizaciones. Quiero ver hitos públicos: fecha de certificación, inicio de preproducción, primeras 50 unidades, y cláusulas de devolución automática si se incumplen. Lo de “Detalles en 2026” no es un calendario; es dar largas.

Lo tercero es que puedan demostrar la ubicación donde se fabricará el coche. El contrato de alquiler o compra de planta, los permisos de uso industrial y los contratos con proveedores clave son la prueba material de que no estamos ante otra campaña de humo con fotos bonitas. Y nunca está de más una visita presencial a la fábrica.

Por último, documentación contable. Si Charge Holdings no presenta unas cuentas auditadas y unos planes de inversión sólidos, quiere decir que no hay músculo financiero visible. Y sin músculo, no hay coche.

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Sobre mí

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.

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