Cuando las subastas se convierten en malas noticias

Cuando las subastas se convierten en malas noticias

El caso del Mercedes-Benz 300 SL de Juan Manuel Fangio


Tiempo de lectura: 5 min.

¿Cuántas veces nos encontramos con títulos genéricos que informan la subasta de algún coche que no es cualquier coche y que, como tal, se anuncia como una oportunidad inmejorable para coleccionistas buscadores de reliquias de museo? ¿Cuántas veces aplicamos el recurso sin darnos cuenta que en el fondo no es más que un mal hábito del oficio? Cuando esto ocurre, cuando interpelamos señalando que ese vehículo de museo puede ser tuyo, la subasta no merece ser vista con buenos ojos.

Amistad, respeto, admiración… Las bases del vínculo que ha existido entre Ayrton Senna y Juan Manuel Fangio. Hoy, los campeones mundiales comparten vivir en el recuerdo de la generación que los vio correr y en las nuevas que heredaron de aquella sus nombres sagrados. Luego está la herencia simbólica y material: la de sus coches. No solo los que conocieron la acción en pista y se conservan cual patrimonio cultural de la humanidad. Los maestros del volante tuvieron sus ejemplares de uso personal que hoy se encuentran en las manos de algún mejor postor.

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El Mercedes-Benz 300 SL Roadster 1958 de Fangio tras su puesta a subasta en 2021. Foto: RM Sotheby’s

El coche personal de Fangio más célebre

Balcarce, Argentina. Eventualmente, la Fundación Fangio preservó clásicos con historia. Algunos no pertenecieron al cinco veces campeón de Fórmula 1, como el Cadillac Limousine Serie 75 que, no obstante, envejece con el peso de haber sido utilizado por Juan Domingo Perón durante su primera presidencia. Otros, como el Mercedes-Benz 300 SL Roadster 1958, sí llevan grabadas las huellas de un Fangio que, como si el coche en sí no fuera suficiente, acababa de consagrarse como el piloto dominante de los años cincuenta.

Hablamos de, tal vez, su coche personal más célebre. La reputación le precede a este convertible por cómo el Chueco lo obtuvo en su momento. Obsequiado por Daimler-Benz A.G. como gesto de agradecimiento por la experiencia acumulada en ingeniería durante las dos temporadas con títulos incluídos para Mercedes, ¿qué mejor que las palabras del propio Fangio para dar con los orígenes de este especial vínculo entre hombre y máquina?

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Fangio al volante de su Mercedes 300 SL Roadster. Lo condujo en Europa hasta 1960. Foto: RM Sotheby’s

El origen de la posesión, en la voz de Fangio

“Todo comenzó con una cierta molestia. En uno de los viajes que hice a Europa, en 1958, fui invitado a visitar Montecarlo. La gente de Lancia, para la que yo había corrido en 1954 y ganado la Panamericana, dispuso que un auto de la empresa con chofer me fuese a buscar al aeropuerto de Niza y se pusiera a mi disposición. Anduve por Montecarlo y, cuando terminé con mis obligaciones allí, partí para Alemania con el Lancia. Cuando llegué se sorprendieron de que anduviese con ese coche y no con un Mercedes Benz. Les expliqué que cuando llegué a Niza me encontré con que habían puesto ese coche a mi disposición:

—Sí, pero nosotros también podríamos haberlo hecho— dijeron.

—Sí, pero no lo hicieron,— les dije.

Entonces, ese mismo año, estando yo en Europa, me invitaron a asistir al salón del Automóvil de Londres, a la presentación del ‘roadster’ 300 SL en su versión ‘hard-top’. Hasta entonces se había vendido (desde el lanzamiento de ese modelo, a fines de 1956) como descapotable. Mientras estaba allí, llegó un telegrama de Alemania informándome que ese coche que estaba en exhibición era para mí. Fue el regalo de mis 47 años”.

El testimonio, publicado en el sitio oficial del Museo Fangio, inmortaliza al argentino y permite que se tome conciencia del Roadster azul metalizado que ya no encuentras cuando visitas el lugar ubicado en el corazón de su ciudad natal. Al ser de los particulares y no los de competición, el Museo de Balcarce no pudo conservarlo cuando los hijos de Fangio reconocidos por las vías judiciales tomaron posesión para luego, en 2021, ponerlo en venta por subasta.

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El Mercedes 300 SL Roadster en el Museo Fangio. Foto: Museo Fangio

Hay subastas y subastas. Todos los coches cuentan historias. Luego están los míticos, los de museo. Reliquias a las que un pueblo debería tener acceso para preservar la memoria colectiva. Clasificar por ejemplares de carrera y ejemplares de uso personal atenta, a veces, contra el conocimiento. En la vida y obra de una leyenda del deporte de motor, la historia ya está escrita en los automóviles de circuito, pero a través de deportivos como el Mercedes-Benz 300 SL Roadster 1958 también se cuenta… A menos que su ausencia lo impida.

Cuando nos topamos con la subasta de un ejemplar de estas magnitudes, por costumbre adoptamos la noticia sin cuestionamientos. Solo abrimos la puerta y nos adentramos en el presente del coche, en su estado actual, en las curiosidades que casi nunca faltan, en cuánto dinero se pide y, sí, también en su historia. Como mucho, suponemos que el coleccionista cumplirá con la responsabilidad de exhibirlo en sociedad, pero siempre asimilando la venta al mejor postor. ¿Y si empezamos a digerir los anuncios de subastas de estos coches como malas noticias?

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Sobre mí

Mauro Blanco

Veo arte en los coches y en sus diseños una potencia que va más allá de las cifras. Ex conductor de Renault 12 rojo modelo 1995 de épicos e imprevisibles episodios, al que recuerdo por la hostilidad de su volante, pero, sobre todo, por nunca haberme dejado en el camino.

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