Jeep Stradale Modena: caro, hortera y orgulloso de serlo

Jeep Stradale Modena: caro, hortera y orgulloso de serlo

Ni Jeep ni Ferrari


Tiempo de lectura: 6 min.

Hoy me he encontrado una de esas cosas que te dan ganas de dejar el internet un rato. Imagina que alguien engancha un Jeep y le encasqueta las palabras “Modena” y “Stradale” para darle caché o yo que sé. Pues eso es la empresa Stradale Modena, que hace cosas muy llamativas y las hace bien hechas técnicamente, pero lo que vende es más espectáculo que esencia.

No niego la mano de obra ni las piezas, porque oye, si te gustan los coches como objetos y disfrutas del hecho de ver que algo se ha trabajado con cariño, puedes encontrarle el mérito, pero de ahí a llamar a esto “arte” o “modenés” hay un trecho más largo que la lista de clientes de Ferrari: este un Jeep con más maquillaje que sentido común, y probablemente encontrará más clientes en Dubaí que en el centro histórico de Módena.

El nombre, la trampa y la reputación prestada

Llamar a un proyecto “Stradale Modena” suena a herencia fina filipina, casi como si llevara aceite de carreras en las venas. El problema es que el nombre vende algo que no es real, el pedigree italiano unido a la tradición de circuito. En realidad lo que tenemos es un preparador que aprovecha el mito de Módena para justificar sus precios y aditamentos estéticos, y eso, para quien conoce el territorio, le suena como que alguien diga que su calimocho es igual de bueno que el Champán porque se lo preparó en la región. No está mal emplear términos reconocidos, ojo, pero hacerlo por puro marketing es una cutrez peor que el terciopelo púrpura en el salpicadero.

No es una cuestión de despreciar la personalización, porque el trabajo parece impecable, pero es que la etiqueta “Modena” despierta unas expectativas que no se cumplen cuando el coche, al final, es un Wrangler transformado por el exceso. La reputación se presta, pero no se hereda así como así, y aprovecharse del eco de nombres prestigiosos sin aportar el mismo espíritu es un atajo que a muchos nos sienta mal.

Stradale Modena (1)

Todo el respeto a quien transforma Jeeps para añadir lujo, pero si el objetivo fuera mejorar el coche, habría menos aspereza. Aquí el objetivo es otra cosa: que te miren al pasar, que la gente haga fotos y que el comprador pueda presumir de que le costó más que un Lamborghini. Eso funciona en ciertos ecosistemas propensos a aparecer en la MTV, pero no en la cuna de la verdadera artesanía automovilística.

Al final la pregunta es: ¿prefieres un coche con historia o un juguete caro con nombre bonito? Si vas con la segunda respuesta, este producto es tu disfraz preferido, pero si te inclinas por la primera, da para pensar.

Carrocería y aderezos: más brillo que dignidad

Visualmente es una sobredosis deliberada de faldones, pasos de rueda tan anchos que parecen prótesis, entradas de aire que no sabes si respiran o si están  para decorar y un alerón de poster de revista. Todo está hecho con buen gusto mecánico en cuanto a ejecución, pero el gusto estético es discutible. Es como tatuarse todo el cuerpo con logotipos de marcas caras, porque el trabajo técnico puede estar perfecto, pero estéticamente causarás rechazo en quien entiende.

La estética recuerda a los coches que se hacen para ferias y para pistas de fotos, no para carreteras con curvas buenas. Los muchos detalles en negro brillo y fibra son signos de ostentación, no de refinamiento. Un capó con una toma de aire gigante y unas salidas de escape apiladas quedan espectaculares en un showroom, pero nada más.

Stradale Modena (6)

Hasta las ruedas y las gomas parecen pensadas para que la foto salga agresiva y no para mejorar la dinámica del vehículo. Lo de montar llantas de 35 o 37 pulgadas queda muy bien en imagenes, pero aporta una postura de macho cutre más que una mejora evidente de comportamiento. Parece a todas luces un proyecto pensado para presumir y no para disfrutar la carretera.

No niego que a quien le guste la estética “mega” le vaya a encantar, pero en términos de coherencia entre forma y función, aquí hay un desfase evidente porque se ha priorizado la foto frente a la verdad de conducción.

Motor y chasis: potencia desubicada y fuera de lugar

Meter un Hellcat de 707 CV en un Wrangler suena a chiste hasta que lo ves en ficha técnica. La idea de tener V8 y estruendo resulta excitante, pero la realidad técnica exige más que una culata reforzada porque hace falta chasis que lo soporte, unas suspensiones que controlen el desmadre y una geometría pensada para ese empuje. Stradale Modena refuerza y adapta, pero sigue siendo un Wrangler que tiende a irse a paseo en curvas cerradas.

La gente que busca este tipo de conversiones quiere espectáculo y se lo dan, pero la experiencia de conducción no mejora proporcionalmente al número de caballos. El motor Hellcat empuja como una locomotora, y el sonido, claro, pone la piel de gallina, pero el resultado ya no es ni un coche de off-road ni un coche de circuito.

Stradale Modena (7)

Eso sí, la puesta a punto de frenos y suspensión no es para aparentar, porque han reforzado todo lo que podían y se nota.

En definitiva, la potencia está y la ejecución técnica es competente, pero la cosa suena a despilfarro. ¿Para qué quieres un V8 salvaje si la plataforma base no está pensada para transformarlo en un verdadero deportivo?

Precio, mercado y veredicto: directo a Dubai

El precio se dispara como un cohete cuando marcas casillas y añades el Hellcat. Al final, puedes terminar pagando cifras que dejan atrás a deportivos serios y placas de matrícula con más prestigio. Este Jeep tiene sentido en aquellos mercados donde la ostentación vence a la elegancia, pero en las plazas con gusto clásico, apenas sobrevivirá como anécdota.

No es que no encuentre compradores, porque los va a tener, y abundantes donde el símbolo importa más que la coherencia. Hay gente que compra barcos por la bandera que ondean y coches por ir chapados en oro. Stradale Modena ha entendido a su cliente y le sirve exactamente lo que pide: un juguete caro y muy visible, y ya está.

Stradale Modena (4)

Si me preguntas si esto tiene alma italiana de Módena te responderé que no: tiene más bien un DNI de centro comercial internacional y aspiraciones de alfombra roja en aeropuertos. Si me preguntas si está bien hecho, digo que sí, y con cierta admiración por el oficio. El problema no es la mano, es la intención que se vende.

Así que el veredicto es: si quieres respeto por la tradición y coherencia entre forma y función, pasa de esto. Si lo que buscas es llamar la atención y presumir ante quienes no entienden, adelante; comprarás un producto que hará exactamente lo que promete: llamar la atención como una limusina Hummer.

COMPARTE
Sobre mí

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.

COMENTARIOS

avatar
2000
  Suscribir  
Notificar de


NUESTRO EQUIPO

Pablo Mayo

Ingeniero de profesión, la mayor pasión de mi vida son los coches desde que era un chaval. El olor a aceite, gasolina, neumático...hace que todos mis sentidos despierten. Ahora embarcado en esta nueva aventura, espero que llegue a buen puerto con vuestra ayuda. Gracias por estar ahí.

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

Redaccion

Jesus Alonso

Soy un apasionado de los coches desde que era muy pequeño, colecciono miniaturas, catálogos, revistas y otros artículos relacionados, y ahora, además, disfruto escribiendo sobre lo que más me gusta aquí, en Espíritu RACER.

Javier Gutierrez

Jose Manuel Miana

Ando loco con los coches desde que era pequeño, y desde entonces acumulo datos en la cabeza. ¿Sabías que el naufragio del Andrea Doria guarda dentro el único prototipo del Chrysler Norseman? Ese tipo de cosas me pasan por la cabeza. Aparte de eso, lo típico: Estudié mecánica y trabajé unos años en talleres especializados en deportivos prémium.