Caterham Seven HWM Edition: Resistencia analógica con aroma a Goodwood
En un mundo obsesionado con los tiempos por vuelta, las pantallas de infinitas pulgadas y la insonorización que nos aísla de la realidad, existen pequeñas islas de resistencia analógica. El Caterham Seven HWM Edition es una de ellas, pero con un matiz que lo eleva: no es solo un coche rápido, es una carta de amor a la era dorada del automovilismo británico, firmada conjuntamente por Caterham y HWM –Hersham & Walton Motors–, el concesionario Aston Martin más antiguo del mundo y un nombre que resonaba con fuerza en los paddocks de los años 50.
Aluminio, cuero rojo y una pizca de nostalgia
A primera vista, el HWM Edition te transporta directamente a una parrilla de salida en Goodwood. La carrocería combina el aluminio pulido con el icónico verde HWM en el morro y los guardabarros, un esquema que rinde homenaje a los bólidos de carreras de la marca de hace siete décadas. El detalle del número “1” en la rejilla frontal y las llantas clásicas no son meros adornos; son una declaración de intenciones.
Pero es al abrir la pequeña puerta –si es que se le puede llamar así– cuando el viaje en el tiempo se completa. El habitáculo es un festival de cuero rojo con costuras de diamante, una madera noble que recubre el salpicadero y una instrumentación Smiths que parece sacada de un caza de la RAF. Aquí no hay lugar para el plástico barato ni para las distracciones modernas.
La receta perfecta: 560 kg y un motor con alma
Bajo el capó de aluminio late el conocido Ford Duratec 2.0 de 210 CV. En cualquier otro coche, esta cifra sería discreta, pero en un Seven que apenas detiene la báscula en los 560 kg, es la llave a un universo de sensaciones viscerales. Basado en el chasis del Seven 420, este HWM Edition clava el 0-100 km/h en 3,8 segundos, pero los números son lo de menos.
Lo que realmente importa es el tacto. La dirección es telepática, el cambio manual de relaciones cerradas exige decisión y el pedal de freno te pide que seas tú quien module la presión, sin intermediarios. Es esa conexión hombre-máquina que tanto defendemos los que preferimos un domingo de curvas a una tarde de Netflix.
El valor de lo escaso
Como solía ocurrir con las piezas que descubríamos en las páginas de la mejor Petrolicious, este Caterham no se compra con la cabeza, sino con el corazón y un profundo respeto por la historia. Es un coche que se pilota con guantes de cuero y gafas de aviador, sintiendo el calor del motor filtrándose por el túnel de transmisión y el viento azotando el casco.
No es solo un coche para ir de A a B; es una herramienta para recordar por qué nos apasiona este mundillo. En una época de transiciones eléctricas y SUV uniformes, que sigan existiendo juguetes así, que celebran el pasado con tanta clase, es algo que deberíamos celebrar con cada gota de gasolina que nos quede.




Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS