Coche del día: Opel Vectra 2000 16v y 2000 16v 4×4

Coche del día: Opel Vectra 2000 16v y 2000 16v 4×4

Bajo el capó escondía el mismo 2.0 16 válvulas del Kadett GSi y del Calibra 2.0 16v


Tiempo de lectura: 4 min.

El Opel Insignia ha sido el último sedán de Opel –en realidad era una berlina con portón trasero– y tras una primera generación con bastante éxito, abandonó el mercado con más pena que gloria. Como otros sedanes, el Insigina ha tenido un final triste, marcado por la popularidad de los SUV y por un cambio de percepción de los usuarios que, curiosamente, podría cambiar de nuevo con los coches eléctricos y regresar, otra vez, a la carrocería de tres cuerpos.

Un vistazo atrás en el tiempo y el contraste es enorme. Antes, la variedad en el catálogo de las marcas era mucho más amplia e incluso los sedanes y las berlinas de los fabricantes generalistas, tenían versiones deportivas. A día de hoy, eso ya pasó a mejor vida y el último en ofrecer algo así es el Peugeot 508, que todavía mantiene su versión PSE híbrida de 360 CV, pero en el pasado, Opel, además del Vectra OPC y del Insignia OPC, contó con otras versiones bastante interesantes. Una de ellas es el Opel Vectra Turbo 4×4, que tomaba prestado el conjunto motor-transmisión del Opel Calibra Turbo 4×4, pero también se podía tener una versión no tan potente y algo más lógica, dentro de la lógica de una versión deportiva en un sedán de tres cuerpos.

Nos referimos al Opel Vectra 2000 16v, una variante que apareció en el mercado en 1989 y que representaba en aquel momento una de las opciones más interesantes del segmento. Era un rival directo del Peugeot 405 Mi16, aunque no tuvo tanto tirón entre el público y lucía una imagen algo más conservadora. De hecho, Opel siempre fue una marca muy conservadora hasta su introducción en Stellantis, incluso el Opel Kadett se puede considerar conservador, aunque en su momento llamó la atención por su aerodinámica.

Ese apartado, la aerodinámica, también se aplicó en el Opel Vectra y por supuesto, en el Opel Vectra 2000 16v. La carrocería, como es costumbre en versiones más prestacionales, contaba con un tratamiento específico, aunque recatado y sin excentricidades: nueva calandra, paragolpes, llantas compartidas con el Opel Calibra –15 pulgadas y con neumáticos 205/55–, típico detalle rojo recorriendo la carrocería, logotipo trasero específico… no había grandes alardes, pero se notaba que había algo diferente en el coche. Sin embargo, el habitáculo no era mucho más anodino, diferenciado apenas por unos asientos más deportivos y un volante de tres radios.

Lo bueno estaba bajo el capó, donde se montó el mismo propulsor del Opel Kadett GSi. Esto quiere decir que había un cuatro cilindros de dos litros atmosférico con culata multiválvula, capaz de rendir 150 CV a 6.000 revoluciones y 198 Nm de par a 4.800 revoluciones, acoplado a un cambio manual de cinco relaciones. Motor, por cierto, que bajo el código C20XE, también se podía encontrar en el Opel Calibra 2.0 16v. Por su puesto, era tracción delantera y podía completar el 0 a 100 km/h en 8,5 segundos y alcanzar los 218 km/h.

Era ligeramente más lento que el Mi16, y según parece, por las pruebas de la época, también era un coche con una puesta a punto menos depurada y no resultaba tan deportivo como el modelo alemán. Se podía decir que era un coche para autobahn más que para curvear. No obstante, como si se trata de un enfrentamiento directo con el francés, el Opel Vectra 2000 16v también contó con una variante con tracción a las cuatro ruedas que, como cabría esperar, era algo más lenta por su mayor peso –alrededor de 100 kilos más, 1.175 kilos para el tracción delantera y 1.265 kilos el 4×4–. El 0 a 100 km/h lo completaba en 9,5 segundos y la velocidad máxima se limitaba a los 205 km/h.

Llegado 1992, el Opel Vectra se renueva y el 2000 16v es reemplazado por el Opel Vectra GT, que básicamente era el mismo coche, pero para la ocasión, se podía solicitar con carrocería berlina de cinco puertas, algo que no ocurrió con el Vectra 2000 16v.

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Sobre mí

Javi Martín

Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. Mi padre trabajó como delineante en una empresa metalúrgica con mucha producción de piezas de automóviles, pero nunca hubo una pasión como la que puedo tener yo. También he escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".

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