Aunque en España estuvo presente desde su segunda generación, fue a partir de 1996 con la tercera, cuando atraería el interés del gran público. Este tipo de vehículos empezaban a tener grandes bazas a su favor como eran sus cualidades todoterreno, su aquilatado precio y una capacidad de carga que se podía destinar tanto para el trabajo duro como para el ocio.
De las opciones disponibles dentro de la gama L200 la versión GLS se caracterizaba por tener un equipamiento interior al nivel de cualquier berlina media. Exteriormente se reconocería por su calandra cromada, que cambiaría de tamaño a partir de 2002, por la pintura bitono de su carrocería, por sus grandes pasos de rueda equipados con aletines y por calzar unos neumáticos de gran anchura que aunque potenciaban la estética de la pickup influían negativamente en su conducción.
Chasis y comportamiento dinámico
El bastidor de la L200 lo componía una estructura de largueros y travesaños en donde se fijaba la suspensión delantera independiente de paralelogramo deformable, compuesta por barras de torsión longitudinales, amortiguadores y barra estabilizadora. El eje rígido trasero mantenía su hegemonía sobre el eje delantero, en lo respectivo al comportamiento dinámico del vehículo, al montar unos rígidos elementos de absorción compuestos por ballestas semielípticas y amortiguadores. Aun así era de las que mejor absorbía las irregularidades presentes en caminos o carreteras.
El equipo de frenos servoasistido y ayudado por ABS se le veía un poco justos en lo respectivo a su potencia, siendo sus discos delanteros autoventilados y tambores traseros revisados en el restyling del 2002, presentando una mejora evidente en su potencia y en su resistencia a la fatiga.
Motorización y rendimiento inicial
La L200 montaba un motor diésel tetracilíndrico de 2.477 centímetros cúbicos, asistido mediante un turbocompresor refrigerado por agua y un intercooler refrigerado por aire. Tenía un árbol de levas en cabeza accionado por correa dentada, encargado de la apertura y del cierre de las ocho válvulas ubicadas en la culata. La alimentación se realizaba indirectamente mediante una bomba mecánica y su potencia se quedaba en unos 99 CV a 4.000 rpm y su par motor máximo en 245 Nm a 2.000 rpm.
De comportamiento elástico aunque de respuesta poco ágil a bajas vueltas, su régimen óptimo de trabajo con el que se obtenían las mayores prestaciones, se situaba entre las 2.000 y las 3.500 rpm. No se puede decir que este propulsor quedase en entredicho a la hora de mover los 1.735 kilogramos de esta pickup, puesto que junto con una caja de cambio de desarrollos bien estudiados, era capaz de realizar el 0 a 100 kilómetros por hora en unos 15,5 segundos y de llegar a alcanzar una velocidad máxima de 140 kilómetros por hora. Su consumo se quedaba alrededor de los 11,5 litros.
Evolución técnica: el motor de 115 CV
Dado que la competencia en el segmento de pickup empezaba a incrementarse, montando motores con potencias por encima de los 100 CV, en 2002 Mitsubishi introdujo varias mejoras estéticas y de equipamiento. El motor 4D56 también recibió modificaciones, como por ejemplo el turbo de geometría variable o el sistema de inyección, que aunque seguía siendo de tipo indirecta, esta vez su gestión se realizaba de forma electrónica.
Como consecuencia la potencia se incrementó hasta los 115 CV a 4.000 rpm y el par motor disminuyó hasta los 240 Nm a 2.000 rpm, pero en cambio se mejoró su comportamiento en toda la banda de utilización del motor, cuyo empuje ya se hacía patente desde las 1.600 rpm. Como es obvio las prestaciones mejoraron, consiguiéndose una velocidad máxima de 150 kilómetros por hora y unos llamativos 14 segundos en realizar el 0 a 100 kilómetros por hora. En lo respectivo al consumo también se vio mejorado, llegando a consumir de media unos 10,5 litros cada 100 kilómetros que aumentaba su autonomía hasta quedar por encima de los 700 kilómetros.
Habitáculo, confort y habitabilidad
El habitáculo de la L200 presentaba un alto nivel de acabados, con una calidad de materiales y de equipamiento potenciada por tratarse de la versión GLS y dejando como único elemento opcional el aire acondicionado. Sus casi cinco metros de largo no solo proporcionaban una amplia caja de carga sino también una cabina con unas plazas traseras capaces de acoger holgadamente a tres personas adultas. El único inconveniente de estas, era el reducido tamaño de las puertas que dificultaban negativamente su acceso.
El restyling del 2002 traería una mejora en las tapicerías y en la ergonomía de los asientos que mejoraba en gran medida el agarre lateral del cuerpo de piloto y copiloto. Además el equipamiento de serie se amplió hasta incluir los airbags de las plazas delanteras y un climatizador automático.
Análisis de conducción y aptitudes todoterreno
Su comportamiento en carretera estaba condicionado por un eje rígido trasero dotado de ballestas y que chocaba con el carácter más progresivo y con mayor capacidad de absorción de la suspensión delantera. Esto producía que en asfalto irregular y en curva se notase la preponderancia del tren posterior sobre el delantero, produciéndose el consabido sobreviraje. Este efecto que se mitigaba cuando se utilizaba parte de la gran capacidad de carga de la L200 (1.000 kilogramos), mejoraba también en lo correspondiente a su motricidad. También influía negativamente el efecto que producía la deriva de los anchos neumáticos que montaba la versión GLS sobre la precisión direccional de esta pickup, hecho que se manifiesta en curva y en el paso por zonas degradadas.
Este tipo de vehículos se veían limitados fuera de la carretera por: la gran distancia entre ejes que comprometía el ángulo ventral, su gran voladizo trasero que influía negativamente en el ángulo de salida y también por unos recorridos de rueda libre un poco justos de (36 centímetros delante y 40 centímetros detrás) que también complicaban el franqueo de obstáculos. En contrapartida poseía unas posibilidades todoterreno que se veían potenciadas por el diferencial trasero de deslizamiento limitado y por una caja tránsfer encargada de conectar el eje delantero y de proporcionar una buena reducción a las cinco relaciones de la caja de cambio.
La Mitsubishi L200 fue una de las pickup más vendidas del mercado, siendo una opción muy válida y asequible dentro de los vehículos todoterreno. En 2002 el mercado contaba con numerosas propuestas, pero con un precio muy similar a los 21.600 euros que valía, solo había una pickup que la estaba desbancando en la listas de ventas: la Nissan Navara.


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Javier Gutierrez
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