Después de la Segunda Guerra Mundial muchas empresas alemanas dedicadas a la producción bélica tuvieron que diversificar su producción para no cerrar sus puertas, debido a las sanciones impuestas por los aliados. Este fue el caso de Messerschmitt, que gracias al diseño del ingeniero Fritz Fend, dedicado a desarrollar vehículos para veteranos de guerra discapacitados, comercializó un pequeño y accesible coche de 3 ruedas para solventar las necesidades de movilidad de la población.
Con una estética que recordaba a los aviones biplaza de la gran contienda por el diseño de su cabina, se presentaba en 1953 el KR 175, como una alternativa situada entre un automóvil y una motocicleta con sidecar. En 1955, el KR 200 presentaría varias novedades que mejorarían su capacidad de carga y el comportamiento en carretera de su antecesor.
Su chasis estaba compuesto por un entramado de tubos revestido de chapa de acero que daba forma a su aerodinámico diseño. La suspensión delantera contaba con un sistema semiindependiente de brazos oscilantes equipado con amortiguadores, que disponía en las articulaciones unos muelles de goma que trabajaban a torsión. Estos también estaban montados en el basculante trasero además del obligado amortiguador.
En lo referente al sistema de frenos, estos estaban equipados con frenos de tipo tambor accionados mediante cable.
Su motor de estructura motociclista de la marca Fichtel & Sachs era un pequeño monocilíndrico de 2 tiempos y 191 cc, refrigerado por aire forzado y alimentado por un carburador Bing. Producía unos 10 CV a 5.250 rpm que transmitía a la rueda trasera a través de un embrague multidisco, una caja de cambios de 4 velocidades y una cadena de rodillos (en baño de aceite) encerrada en unos cárteres realizados en aleación ligera que hacían la función de basculante.
Disponía de un arranque eléctrico que posibilitaba que el motor funcionase en sentido contrario al normal para poder disponer de marcha atrás. De esta forma, cada vez que se tenía que maniobrar en un aparcamiento, se tenía que apagar el motor para poder arrancarlo en el sentido adecuado, disponiendo de cualquier forma de 4 velocidades hacia adelante o hacia atrás.
Su consumo se establecía sobre los 3 litros de una mezcla de gasolina y aceite del 4% que se almacenaba en un depósito de 12 litros (2,5 de reserva) situado bajo la cubierta abatible trasera. Dada la limitada potencia disponible de su pequeño propulsor, sus prestaciones eran respetables y se veían favorecidas por su bajo peso y por las formas exteriores de su carrocería, hasta el punto de poder conseguir que el velocímetro señalase los 100 km/h de velocidad máxima, aunque lo aconsejable fuese mantener una velocidad de crucero de 85 km/h.
Aunque también había una opción descapotable, la más vendida correspondía a la que poseía un techo realizado en metacrilato fijado a una cubierta abatible lateralmente que daba acceso al sencillo interior de la cabina. En ella se encontraban dos básicos asientos en disposición tándem con el delantero deslizable hacia atrás para favorecer la entrada del piloto. El asiento trasero presentaba la peculiaridad de que su parte inferior estaba dividida asimétricamente para poder acoger a una persona adulta y a un niño o a una persona adulta y una maleta de gran tamaño.
El puesto de conducción no tenía volante sino un manillar curvado hacia abajo, pero el resto de mandos como el acelerador, el freno y el embrague eran de corte automovilístico. Dado que la caja de cambios era de concepción motociclista, esta se conectaba a una palanca de accionamiento manual que facilitaba el cambio de cada marcha mediante un movimiento secuencial.
El cuadro de instrumentos contaba con un velocímetro que incluía el odómetro y un reloj horario acompañado de varios interruptores encargados del encendido de las luces, de los intermitentes, del limpiaparabrisas y del arranque. Su único equipamiento dedicado a mejorar la vida a bordo era un sistema de calefacción compuesto por una canalización proveniente del vano motor.
Su conducción era muy parecida a la de un kart por su contenido peso de 230 kg, su directa dirección y una suspensión de cortos recorridos que hacía que el KR 200 se comportase de manera ágil en trazados sinuosos donde el deslizamiento de la rueda posterior solo se producía en caso de forzar la situación o en superficies deslizantes. Si se produjese este efecto, la gran distancia entre ejes ayudaba al absoluto control del vehículo, pero en realidad este suceso era poco probable, sobre todo cuando había una persona ocupando el asiento del acompañante.
El mejor entorno para explotar las virtudes del Messerschmitt era el entorno urbano, donde sus limitadas dimensiones y el vivo comportamiento de su motor de 2 tiempos favorecían la forma en que se desenvolvía dentro del tráfico, además de ser una gran ventaja a la hora de buscar aparcamiento. Su mayor limitación dinámica provenía de unos neumáticos de 8″ que transmitían al interior cualquier deformación de la carretera.
Con una producción cercana a las 20.000 unidades fabricadas entre 1953 y 1964, el KR 200 y sus variantes supusieron un concepto de movilidad nunca visto hasta entonces y que se popularizó entre otras cosas por las necesidades de movilidad de la población y por el surgimiento de más propuestas de este tipo de microcoches. Entre estos se encontraban el conocido Isetta de BMW o el Vespa 400 de Piaggio.


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Javier Gutierrez
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