El Mercury Cougar XR7 era la versión más deportiva y dinámica del modelo, aunque en realidad su talante deportivo en realidad se cernía más a un planteamiento comercial que a una realidad tangente una vez al volante. El Cougar era un coupé del tipo “lujo personal”, como lo denominan en Estados Unidos, y la deportividad no era uno de sus principales argumentos.
Si viajamos hasta 1983, podremos ser testigos de la puesta en escena de un modelo que tuvo su mejor momento: el Mercury Cougar. Uno de esos coupés que no llegaron a Europa y de haber sido comercializado aquí, habría tenido cierta repercusión por exótico, pero no por prestaciones, calidades o comportamiento. Y ya no digamos en diseño; es un coche auténticamente estadounidense, con unas proporciones algo extrañas a ojos de un europeo, sobre todo en la forma en la que se colocaba la luneta trasera y se unía con el tercer volumen del maletero o en el diseño de la ventanilla lateral trasera.
El Mercury Cougar presentado en el 83, la sexta generación del modelo, se basaba en la plataforma del Mustang “Fox body”, aunque en realidad era un coche que podía considerarse un equivalente al Ford Thunderbird. Además, según la prensa yankee, el Cougar fue uno de los modelos del Grupo Ford que basaron su diseño en un “uso intenso de aerodinámica” y se empleó diseño asistido por ordenador –CAD–, un detalle que se mejoró un poco más en 1987 tras el restyling.
Con casi cinco metros de largo, 160 CV son pocos, más aún para un coche de aspiraciones lujosas, pero en Estados Unidos fue un éxito de ventas en 1988
Fue entonces cuando el modelo ganó algo más de interés que nunca y cuando las ventas se dispararon, pues Ford anunció que en 1989 habría un nuevo Cougar y, como ya se sabe, los concesionarios poner en marcha grandes descuentos para las unidades disponibles en stock. Pero no fue ese el motivo de ese mayor interés, sino otro bien distinto: llegó un nuevo motor V8 a la versión XR7.
El Mercury Cougar XR7 era la opción más prestacional de la gama. Su talante era, hasta cierto punto, dinámico, pero no deportivo. Su configuración era claramente distinta, se enfocaba más al confort que a la deportividad y se notó, incluso, en el motor. Entre 1984 y 1987, bajo el capó del Cougar XR7 estaba el bloque de 2,3 litros turbo del Ford Thunderbird Turbo Coupé, pero con otra configuración menos prestacional. En el Thunderbird rendia 193 CV, pero en el Cougar con 155 CV si se optaba por el cambio manual de cinco marchas y 145 CV si, por el contrario, se escogía el cambio automático de tres relaciones.
Para 1987, sin embargo, se pasó a montar un V8 5.0 Windsor, que, todo sea dicho, tampoco aumentó especialmente la potencia anunciada. El Mercury Cougar XR7 V8 prometía 160 CV, que se enviaban a las ruedas traseras mediante un cambio automático de tres relaciones con sobremarcha. Es decir, el talante deportivo no existía ni con el motor de ocho cilindros, pero el par aumentó hasta los 340 Nm y el tacto general de conducción mejoró y se adaptó más a los gustos de los usuarios norteamericanos. Es decir, todo bien.
Con una velocidad de 200 kilómetros/hora no se podía considerar un coche veloz, pero la potencia y la transmisión no daban para más. A eso hay que sumarle que el coche alcanzaba los 4,90 metros de largo y rozaba por poco los 1.600 kilos. No era un coche pequeño, lo que provocaba que los consumos rondaran entre los 13 y los 15 litros cada 100 kilómetros. Aun así, fue uno de los coupés “de lujo personal” más vendidos de Estados Unidos en 1988.


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Javi Martín
Si me preguntas de donde viene mi afición por el motor, no sabría responder. Siempre ha estado ahí, aunque soy el único de la familia al que le gusta este mundillo. He escrito un libro para la editorial Larousse sobre la historia del SEAT 600 titulado "El 600. Un sueño sobre cuatro ruedas".COMENTARIOS